Es político construir la paz
Charles E. Moore de Plough conversa con Stanley Hauerwas sobre construir la paz, el pacifismo y la esperanza en Cristo.
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INICIA PRUEBA GRATUITAEs político construir la paz
Charles E. Moore de Plough conversa con Stanley Hauerwas sobre construir la paz, el pacifismo y la esperanza en Cristo.
Plough: Stanley, eres especialista en ética cristiana: ¿Qué hace cristiana a la ética cristiana?
Stanley Hauerwas: Jesús.
Sí, Jesús. Pero ¿cuál Jesús?
El Jesús del Evangelio hace que la ética cristiana sea cristiana. Claro que parte de la dificultad de la ética cristiana actual radica en su intento de ser una ética para cualquiera, para todos. Eso no solo es un error, sino uno trágico. Jesús no defendió una “ética universal”; de haberlo hecho, no lo habrían crucificado. No, lo que determina nuestra forma de enfrentarnos el mundo no es una ética racional, sino una vida basada en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús.
Esto hace que la ética cristiana sea algo vergonzosa. ¿Acaso no dijo Pablo “porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”? (1 Cor. 1:18). Aquel que haya sido bautizado en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús tiene la posibilidad de vivir tal como Dios querría que viviera cualquier persona.
Entonces, hay diferencias entre una ética centrada en Jesús, para sus seguidores, y algún tipo de ética universal, accesible y aplicable a todos los demás.
La llamada ética universal no es más que la ética de alguien, disfrazada de ética para todos. Cuando eso pasa, “Jesús” termina siendo lo que Kierkegaard describió como nuestro “caballito de batalla”. Por eso no puedo defender el pacifismo, ni otros principios abstractos de no violencia. ¿El pacifismo de quién? ¿La no violencia de quién?
Sin embargo, tú crees que la no violencia no es solo una cualidad distintiva del discípulo o seguidor de Jesús, sino una cualidad esencial. Muchas personas que dicen seguir a Jesús no estarían de acuerdo. ¿Por qué es esencial la no violencia para definir quién es Jesús?
Porque Dios encarnado entró a nuestro mundo en un pesebre y murió en la cruz. Se negó a salvarnos por la fuerza. En cambio, redimió al mundo en la cruz y, al soportar tal sufrimiento, nos dio la oportunidad de ver cómo podemos vivir sin matar a quienes nos querrían matar. La crucifixión es el acto central que hace a la no violencia inteligible y tan poderosa.
Entonces, la crucifixión no es solo un acontecimiento salvífico.
Bueno, sí es un acontecimiento salvífico, en todo sentido. Lo que quiero decir es que no se trata solo de salvar a este mundo del pecado y la maldad. La salvación de Cristo nos ofrece la posibilidad de ser introducidos en una forma de vida completamente nueva, que de otra manera no sería posible. En él existe un nuevo tipo de humanidad, una vida en comunidad que solo es posible gracias a la cruz, la resurrección y la ascensión de Cristo. Cristo no transforma el mundo en más pacífico de por sí. La cruz misma es la paz del mundo, y nuestra tarea es vivirla y dar testimonio de ella.
¿Y qué hay de la cultura más amplia, y de nuestro mandato de limitar la violencia en el mundo? ¿No se supone que debemos ser sal y luz?
Cualquiera cuya forma de vida haga la violencia menos necesaria está del lado de los ángeles. Por lo tanto, no es que el llamado de Dios a la no violencia solo aplique a quienes profesamos la fe. Debemos asumir que el anhelo de paz se manifestará en personas “fuera del redil”, y de muchas maneras sorprendentes. Dios es Dios, y nosotros no. Es extraordinario lo que Dios puede hacer con personas que no conocen a nuestro Señor, pero que, sin embargo, a menudo viven con más fidelidad que nosotros.
Has sostenido constantemente que la no violencia no es una regla moral ni un mandamiento. Se basa en algo más profundo.
Bueno, no me importaría que la no violencia fuera un mandamiento estricto. Pero, en realidad, y lo que es más importante, es una invitación a un estilo de vida comprometido con decir la verdad. Y la verdad es una condición necesaria para vivir sin coacción. El camino de la no violencia es una tarea ardua y prolongada. Implica entrenarse en la virtud de la paciencia. Pero este es el mensaje de la cruz. La cruz nos libera de la necesidad de hacer que el mundo salga bien. Esto incomoda mucho a la mayoría de nosotros, pero así es como funciona el reino de Dios.
[.pull-quote] La cruz misma es la paz del mundo, y nuestra tarea es vivirla y dartestimonio de ella. [.pull-quote]
¿Estás diciendo que la verdad triunfa?
La verdad triunfa. Por lo tanto, no tenemos que imponerla, ni hacerla cumplir, ni siquiera ayudarla a avanzar. Por eso la paciencia es fundamental para la construcción de la paz. Dios es paciente, pues no quiere que nadie perezca. Debemos vivir a la luz de esta verdad, tanto con nosotros mismos como con los demás, y podemos estar seguros de que la verdad prevalecerá. Pero hay que recordar que la mayoría de nosotros no quiere saber la verdad. Preferimos siempre una mentira.
¿Por qué es eso?
Porque la verdad nos aterroriza. Nos obliga a enfrentarnos a la muerte y a los límites de lo que podemos lograr en esta vida, y eso es una lección difícil de aprender. En lugar de la verdad, nos apoyamos en mentiras, que invariablemente siembran las semillas de la violencia.
Parte de enfrentar la verdad en la propia vida consiste en reconocer cuán violento uno es y puede llegar a ser. No podemos escapar de ello, y si somos verdaderamente honestos con nosotros mismos y con los demás, no podemos racionalizarlo.
Ya no estamos seguros de cómo es la paz. Por eso detesto el lenguaje del pacifismo, porque se interpreta como la ausencia de algo. El pacifismo es un concepto demasiado pasivo. El reto de la veracidad consiste en aprender a hablar de lo que realmente es la paz y por qué está ausente en nuestro mundo.
Cuéntame más sobre esto. ¿Qué significa estar del lado de la paz y trabajar por ella?
Para imaginar la paz hay que pensar de manera concreta. Dorothy Day dando sopa a los pobres es una obra de paz. El cansancio en su rostro es paz. “Construir la paz” lo hace sonar como un evento siempre dramático. Pero la paz requiere la virtud cotidiana del valor, en un mundo marcado por la cobardía y el interés propio. La construcción de la paz requiere el esfuerzo de todo un pueblo, no solo de un individuo heroico. Dorothy Day dependía de Peter Maurin, y ambos dependían de un movimiento, de una comunidad. No debemos pensar en la paz como la excepción a la violencia; es al revés.
Has escrito mucho sobre la importancia de la narrativa para nuestra comprensión de la paz y de las virtudes que conducen a ella.
Es crucial poder replantearnos nuestras justificaciones de la violencia, aprender a ver alternativas que no sabíamos que existían. Esto no significa que no habrá algunos resultados negativos, o que lo que hicimos estuvo mal. Significa que podemos esperar, en un mundo de impaciencia, a que se desarrolle la historia de Dios. Su historia es lo que debe dar forma a quienes somos. Solo ella es la alternativa a la violencia que tanto nos tienta.
A menudo pensamos en la violencia como la privación brutal de la vida, pero esta adopta muchas formas. ¿De qué maneras acecha la violencia en nuestras vidas?
Hoy no hay frase más coercitiva en el idioma inglés que “te amo”. Es una receta para que una persona intente controlar a otra. La policía se enfrenta a las formas más violentas de comportamiento en medio de disputas familiares. Constantemente tienen que intervenir para evitar que un esposo y una esposa se maten entre sí, ¡y luego tienen que defenderse cuando ambos se vuelven contra el oficial! Un caso clásico de la necesidad de tener a alguien común a quien odiar. Sabes, soy del sur, y no hay forma de coacción más profunda que la cortesía sureña. Es un entrenamiento constante en comportamiento pasivo-agresivo disfrazado de: “Quiero hacer lo mejor para ti”. Así que la no violencia no es solo una alternativa a la guerra. Es una alternativa a todo lo que nos divide.

[.imgcaption] August Macke, San Jorge, 1912, óleo sobre tela [.imgcaption]
¿Dónde más ves que se manifiesta la violencia?
Al conducir, en la forma en que las personas se tratan en las calles. Creo que conducir es una de las formas de relacionarnos más interesantes, desde el punto de vista moral (y tal vez más reveladoras): tengo que confiar en que te detendrás en la señal de alto. Bueno, eso es pedir mucho. Mi esposa y yo estuvimos de vacaciones una vez en el oeste de Escocia, en la isla de Mull, y todas las carreteras eran de un solo carril. Si veías venir otro auto, había apartaderos y tenías que decidir qué auto se apartaría primero. Creo que eso generó un sentido de cooperación entre la gente de la isla que me gustaría llamar paz.
Esa es toda una metáfora, porque el conflicto suele consistir en dos personas que intentan ocupar el mismo espacio al mismo tiempo y tienen que lidiar con eso. Da la sensación de que cada vez somos menos capaces de compartir esos espacios de manera pacífica. ¿A qué se debe eso?
Es porque hay una soledad que se apodera de las personas, lo que significa que no estamos seguros de quiénes somos ni de quién es la otra persona. Esto nos lleva a sentir que siempre debemos protegernos. El aislamiento genera desconfianza, y la desconfianza fomenta la violencia.
Hace mucho tiempo advertiste sobre cómo la fragmentación y el aislamiento germinan violencia. Lo que acabas de decir me recuerda a eso. ¿Hay algo más que agrave nuestra sensación de falta de paz? Parece que la desinformación es un factor importante. Los niveles de odio, de ansiedad y de resentimiento ciertamente están alcanzando proporciones explosivas.
Como cristianos, no somos lo suficientemente sinceros unos con otros, y no reconocemos que algunas formas de cristianismo son idólatras. Cuando el cristianismo se identifica con los intereses estadounidenses o con un partido político, hay que denunciarlo por lo que es. Tenemos miedo de hacerlo porque pensamos que ser cristiano es mejor que no serlo. Pero el mal cristianismo es muy malo, y debemos ser más francos al respecto.
¿Y qué hay del llamado libre mercado? Si el nacionalismo es idólatra, sin duda el consumo ostentoso también lo es. ¿No podría el capitalismo contribuir a nuestra propensión a coaccionar a los demás?
Bueno, en nuestro sistema económico estás moralmente obligado a ser consumidor, porque si no lo eres dejas a la gente sin trabajo. Sin embargo, gran parte del trabajo que hacemos nos mantiene separados y nos obliga a ser menos que humanos, impidiéndonos alcanzar un verdadero sentido de comunidad y de bien común. No tengo ninguna fórmula secreta para navegar un mundo en el que estoy obligado a ser consumidor; no olvidemos que el dinero es un poder. Cuanto más intentas liberarte de la necesidad de tenerlo, más lo necesitas. Así es como pienso sobre los principados y potestades. El mero intento de controlarlos termina controlándote a ti. Por eso, debes ser llamado a salir de ellos hacia una forma de vida diferente.
Déjame cambiar un poco de tema. Muchos activistas sociales emplean técnicas de no violencia para lograr un cambio revolucionario o social. ¿Qué opinas al respecto?
Depende, porque la no violencia como estrategia a menudo se basa en una forma de coacción. Gandhi pensaba que estaba salvando a los británicos, y cuando, durante la famosa huelga de la sal, sus seguidores comenzaron a reaccionar violentamente ante la violencia británica, la suspendió. Recibió duras críticas por ello, ya que estaba a punto de ganar, pero se mantuvo firme, argumentando: “Solo estamos repitiendo la violencia de los británicos si nosotros mismos somos violentos”. Martin Luther King, a quien considero un milagro, tenía un enfoque similar. En Birmingham, la no violencia era no violencia porque la comunidad afroamericana había sido no violenta durante generaciones. Sin embargo, a medida que desarrollaba su campaña, la gente no estaba capacitada en la no violencia de la manera que él había imaginado originalmente. Y así, el movimiento se volvió más importante que el testimonio, los resultados sustituyeron a los medios. Esto le preocupaba mucho, e hizo todo lo posible por ofrecer una alternativa.
Los medios y los fines tenían que coincidir. Pero ¿qué tan realista es esto a largo plazo? ¿No tenemos la obligación de, al menos, tratar de contener el mal en el mundo?
La función policial del Estado debe existir. Pero nuestro verdadero deber, como reconciliadores de Cristo, consiste en encontrar formas de vivir en las que la policía no tenga que portar armas. Esa es una postura política.
Por lo tanto, la no violencia es política.
La política sana en sí misma puede ser una forma de no violencia, en la medida en que debo escuchar lo que mi oponente tiene que decir y no matarlo, aunque tal vez quiera hacerlo. La no violencia es más que una actitud. Exige un compromiso político de una manera bastante sorprendente.
Esa es una visión bastante optimista de la política. Es cierto que hoy en día la gente ya no se mata en duelos, al menos no todavía. Aun así, muchas personas se sienten amenazadas y están siendo masacradas políticamente.
¿Demasiado inocente? Pensemos en la universidad. A menudo no percibimos de qué manera la universidad es una forma de no violencia. Esto se debe a que una universidad se compromete a sacar a la luz los conflictos de la sociedad de manera que podamos resolverlos sin recurrir a las armas. Sí, las universidades son lugares polémicos, pero son donde aprendemos a convivir mejor con extraños y con quienes no estamos de acuerdo.
Pero ¿qué hay de la supresión cultural, la política de identidad y la deconstrucción radical, que hacen prácticamente imposible explorar la verdad alrededor de una mesa común?
Lo confieso: nuestras universidades están en serios problemas. En primer lugar, vivimos en una cultura en la que algunas personas dicen que no se puede leer Macbeth porque es antifeminista. Otras dicen que no se puede ver El mago de Oz porque no hay brujas buenas. ¿Cómo diablos se pueden enseñar los grandes textos de la civilización occidental y explorar lo que es bueno, verdadero y bello en una sociedad tan increíblemente mal educada? No estamos cumpliendo con la tarea que debemos realizar. La misión de la universidad es enseñar a las personas a ser elocuentes y a esperar elocuencia en los demás. Sin duda, los últimos cuatro años no han sido muy buenos en ese sentido.
[.pull-quote]La esperanza no es optimismo. Es la determinación de vivir de acuerdo con las promesas que hemos hecho, confiando en lo inesperado.[.pull-quote]
Permíteme volver a tu trabajo como especialista en ética cristiana. En repetidas ocasiones haces una distinción entre fidelidad y eficacia. ¿Podrías explicarlo con más detalle?
Hay una diferencia entre las dos, pero la fidelidad, al final, sí que es efectiva. Piensa en la revolución de 1989 en Europa del Este. Tomó años. No ocurrió de la nada. La realidad es que el movimiento por la libertad, por la liberación, siempre fue un movimiento de guerrilla. Simplemente la revolución pacífica necesitó años para tener éxito. ¿Y quién lo hizo posible? Entre otros, fueron los pastores reformados de Hungría, ni más ni menos. Y eso se debe a que la gente ya no podía seguir viviendo en la mentira. ¿Fueron efectivas las guerras mundiales? Se podría decir que la Segunda Guerra Mundial acabó con Hitler, pero la Primera Guerra Mundial lo hizo surgir.
Así que los efectos de la fidelidad tal vez solo tarden más en manifestarse.
Sí, la fidelidad dará fruto. Son los tiempos de Dios. Recuerda, a la crucifixión le siguió y le sigue la resurrección.
Pero sí tenemos un papel que desempeñar.
Claro. Una de las cosas más importantes por el mundo que podemos hacer como cristianos es llevar vidas interesantes. Desafortunadamente, nos hemos vuelto demasiado predecibles. Estamos demasiado apegados al statu quo. Necesitamos desesperadamente aprender qué significa llevar vidas interesantes, porque de lo contrario, nadie se sentirá atraído jamás hacia la iglesia, la nueva sociedad de Dios. Qué cosa tan extraordinaria se nos ha dado: vivir como personas de paz destinadas a la muerte y la resurrección, con la confianza de que hay un Dios que nos regaló un modo de vida que sería inimaginable si Jesús, el rey del reino pacífico de Dios, no hubiera sido concebido y no hubiera habitado entre nosotros.
Como mencionaste antes, la no violencia o la construcción de la paz es un compromiso comunitario. Exige una comunidad alternativa.
Correcto. Dicho de la manera más polémica posible, la primera tarea de la iglesia no es hacer que el mundo sea más justo, sino hacer que el mundo vea lo que es, porque el mundo no puede saber lo que es a menos que haya una comunidad que lo ayude a definirse a sí mismo. ¿Qué significa ser del mundo? El mundo del poder, la hostilidad, la desconfianza, el miedo, la codicia y la injusticia, agota la paciencia de Dios y nos aleja de adorarlo. La iglesia es, o debería ser, una alternativa a ese mundo, aunque a menudo la infidelidad de la iglesia puede ser peor que la negación, por parte del mundo, de que existe un Dios.
[.pull-quote] Como personas sin nada que perder, más nos vale seguir adelante y vivir de la manera que Jesús quiere que vivamos. [.pull-quote]
¿Estás diciendo que la iglesia, como alternativa, en última instancia juzga al mundo?
Todo esto suena a hipocresía, como si de alguna manera fuéramos mejores que el mundo. No. La creación original de Dios es una creación buena. Por eso estamos llamados a ser lo que ese mundo puede llegar a ser. La iglesia es una alternativa escatológica. Se le han otorgado dones que hacen que el reino pacífico de Dios sea genuinamente posible para el mundo.
Así que hay esperanza para el mundo, y no solo para la iglesia.
Rara vez pienso en esto. En mi opinión, la esperanza es la pareja que acababa de llegar a la Iglesia de la Sagrada Familia, a la que pertenezco, y quería casarse. Les pedimos que esperaran un año, para que pudiéramos determinar si podrían cumplir sus promesas, y lo hicieron. Y ahora están esperando un bebé. Eso es esperanza. La esperanza no es optimismo. Es la determinación de vivir de acuerdo con las promesas que hemos hecho, confiando en lo inesperado.
Pero muchos cristianos se lamentan por la pérdida de Dios en la sociedad y de nuestra herencia cristiana.
Bueno, en realidad creo que una de las cosas buenas que está pasando hoy en día es precisamente la pérdida, como cristianos, de nuestro estatus y poder sobre la sociedad en general. Esa pérdida nos hace libres. Como discípulos de Cristo, ya no tenemos nada que perder. Esa es una gran ventaja porque, como personas sin nada que perder, más nos vale seguir adelante y vivir de la manera que Jesús quiere que vivamos. No debemos tener el control, ni sentirnos tentados a usar los medios de control. Podemos, una vez más, como los primeros cristianos, ser conocidos como ese pueblo que no le dice tonterías al mundo. La desesperanza es un pecado, y tengo esperanza porque ser un pueblo de paz se trata, en última instancia, de la victoria de Dios en el mundo. No se trata de nosotros.
[.smalltext]Traducción de Micaela Amarilla Zeballos[.smalltext]