En julio de 1995, tras tres años de horrible guerra étnica entre bosnios, croatas y serbios en la antigua Yugoslavia, se intensificaron los crímenes de guerra contra los musulmanes bosnios de Srebrenica, una ciudad del este de Bosnia. Las fuerzas de paz de las Naciones Unidas abandonaron una zona segura a las fuerzas serbobosnias, que, en un solo día, mataron a más de ocho mil hombres y niños, y violaron y expulsaron a miles de mujeres y niñas en el mayor genocidio en Europa desde el Holocausto.

Tras el genocidio, un grupo de madres se unió para intentar encontrar los restos de sus familiares. Desde entonces, la Asociación de Madres de Srebrenica se ha convertido en una formidable organización que sigue comprometida con romper el ciclo de genocidios que les quitó las vidas a sus familiares y amigos, y que aún hoy siguen teniendo presente. Han luchado por establecer un cementerio, han ayudado en abrir un centro conmemorativo, han recopilado pruebas para enjuiciar a los responsables, han conseguido que se establezca un día internacional de conmemoración y han construido una casa (en el terreno donde se produjo el genocidio) que utilizan como base de operaciones y casa de huéspedes.

En 2024, la artista británica Hannah Rose Thomas y yo viajamos para alojarnos con las Madres de Srebrenica, como parte de un proyecto de mi organización, Bellwether International, para proporcionar sanación del trauma y honrar a estas madres que han reconstruido su comunidad después del genocidio. Después de tres días compartiendo el pan con ellas, recogiendo hierbas silvestres para el té y compartiendo momentos de tranquilidad, nos permitieron entrevistarlas y fotografiarlas para comenzar el proceso de pintar sus retratos.

Es difícil pasar por alto los recuerdos del genocidio de Srebrenica. Los nombres de las calles honran a los criminales de guerra. Se pueden ver banderas serbias en casi todos los edificios. Sin embargo, en medio de la inquietud, la tensión y la negación absoluta del genocidio, las Madres de Srebrenica han convertido sus vidas en un baluarte contra el miedo y el odio que conducen al genocidio y al olvido.

De vuelta en Inglaterra, fue increíble ver a Hannah empezar a pintar sus retratos. ¿Cómo se capturan con un pincel historias y experiencias como estas, con todo su dolor, su resistencia, su esperanza, su energía y su desesperación? En palabras de Hannah: “Los laboriosos métodos renacentistas de pintura al óleo y al temple al huevo que utilizo son, para mí, una forma de oración, y pueden llevar semanas. Es un privilegio extraordinario que se me confíe pintar el retrato de alguien; espero que mis pinturas reflejen algo de la luz que irradian estas mujeres extraordinarias”.

Estos retratos se presentaron en el Centro Conmemorativo de Srebrenica como parte de los actos conmemorativos del trigésimo aniversario del genocidio, celebrados en julio de 2025.


Todo el arte de Hannah Rose Thomas, patrocinada por Bellwether International. Fotografías de Lauren Knuckey.

Bida

“No todas las madres encuentran los huesos”.

El hijo y la madre septuagenaria de Bida fueron asesinados durante el genocidio. Ella permaneció escondida durante más de un mes para escapar de sus vecinos.

Munira

“Cada madre es una madre. No importa si ella ha perdido a un hijo que es un criminal de guerra o una víctima”.

Munira perdió a veintidós miembros de su familia durante el genocidio. En 2013, enterró los únicos restos que se encontraron de su hijo menor, solo dos pequeños huesos. Tras el genocidio, fundó la Asociación de Madres de Srebrenica para reconstruir su vida, su comunidad y su país. Más de 5500 niños perdieron a uno o a ambos padres durante el genocidio. Las Madres de Srebrenica han acogido a muchos de estos niños en sus hogares, incluyéndolos en su misión para luchar por la verdad, la justicia y la rendición de cuentas. El teléfono de Munira suena constantemente mientras habla con sus numerosos hijos, que han ido a vivir vidas exitosas por todo el mundo.

Julia

“Todavía no puedo mirar sus fotos. . . . Tengo fotos. Ver a mi hijo, el más joven. . . . Cuando ves sus ojos, inmediatamente se te caen las lágrimas”.

Julia vivía a las afueras de Srebrenica, en la frontera con Serbia, y recuerda que siempre se había llevado bien con sus vecinos, hasta que un día, uno de ellos le advirtió que, cuando llegaran las boinas verdes, debía marcharse y no mirar atrás. Treinta y tres miembros de su familia materna fueron ejecutados en un solo día, en lo que había sido la zona segura de la ONU en Srebrenica.

Kada

“No puedo entender, tampoco esperaba, que alguien que en realidad es parte de mí, mi vecino, iniciara una guerra en mi contra”.

Cuando comenzaron los disparos y lanzaron granadas a través de las paredes de su casa, Kada y su familia huyeron al bosque para sobrevivir. Todas las noches regresaba al pueblo y hacía pan en su casa, y ordeñaba las vacas para mantener viva a su familia. Una noche, cuando regresó, encontró a ocho personas de su comunidad quemadas vivas en su casa. Después de la guerra, trabajó con Munira para fundar la Asociación de Madres de Srebrenica.

Nura

“Después de tantos años, todavía no nos hemos rendido, y no lo haremos”.

Nura perdió a muchos miembros de su familia durante el genocidio, incluso a su único hermano, que fue asesinado delante de ella. Nura creó su propia asociación de sobrevivientes en 1995 y, más tarde, unió sus esfuerzos a los de Munira y Kada, trabajando bajo el amparo de las Madres de Srebrenica. Ha ayudado a encontrar y descubrir muchas fosas comunes. Sigue centrando sus esfuerzos en encontrar a sus seres queridos desaparecidos —sus huesos, sus historias— y en asegurarse de que reciban un entierro respetuoso.


Traducción de Coretta Thomson