De duelo por la paz en Israel y Palestina
Israelíes y palestinos que perdieron familiares se asocian para promover una salida a la violencia.
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Israelíes y palestinos que perdieron familiares se asocian para promover una salida a la violencia.
[.article__paragraph--cap]En la desgraciada mañana del 7 de octubre de 2023, un ataque sorpresa de Hamás dejó más de 1.000 israelíes muertos y otros 250 tomados como rehenes, provocando un contraataque militar hacia Gaza que la ha dejado en ruinas y costado un estimado de 72.000 vidas palestinas. Desde entonces ha sido casi imposible decir nada sobre la situación en la región sin ofender a alguien. Pero eso no ha desalentado al Parents Circle – Families Forum (Círculo de Padres – Foro de Familias, en adelante PCFF), una organización sin fines de lucro que une a familias afligidas de ambos lados del conflicto. El PCFF nunca ha cesado de levantar la voz y trabajar por un futuro pacífico. De hecho, sus miembros argumentan que este camino no solo es posible, sino la única forma viable de progresar.[.article__paragraph--cap]
Fue fundado en 1995 por el judío israelí Yitzhak Frankenthal luego de perder a su hijo Arik, un soldado de las FDI, a manos de Hamás. La membresía del PCFF es exclusiva para israelíes y palestinos que hayan perdido familiares cercanos por culpa de la violencia en la región. Desde octubre de 2023, al menos ochenta nuevas familias se han unido a este club del cual nadie querría ser parte. La efectividad del grupo nace de las perspectivas de personas con un sufrimiento común, unidas por el precio terrible que todas saben que han pagado.

Actualmente el PCFF tiene más de ochocientos miembros. Dos de ellos, un judío israelí y un árabe palestino que perdieron cada uno un hijo, ganaron fama internacional cuando el novelista Colum McCann narró su improbable amistad en su novela de 2020 Apeirogon.
Uno de ellos, Rami Elhanan, nació en Jerusalén hijo de una superviviente del Holocausto y luchó en la guerra de Yom Kipur en 1973 como oficial del ejército israelí. En 1997 perdió a su hija de catorce, Smadar, por un hombre bomba palestino. Se unió al PCFF un año después cuando Frankenthal lo invitó a una de las sesiones regulares del grupo, una experiencia perturbadora pero sensibilizadora, según me contó:
Al principio pensé ¡estos locos! Pero ese encuentro cambió mi vida. Tenía cuarenta y siete en ese entonces, pero me avergüenza confesar que fue la primera vez que vi a los palestinos como otros seres humanos. Decidí unirme al grupo al día siguiente.
El otro, Bassam Aramin, nació cerca de Hebrón en 1969. A los dieciséis fue a prisión por lanzar una granada de mano a un jeep del ejército israelí (nadie murió ni fue herido). Tras las rejas aprendió de forma inesperada “a ver a los judíos como humanos”, y a partir de su salida cofundó Combatientes por la Paz, una organización formada por ex soldados de ambos bandos del conflicto. En 2007 su hija de diez años, Abir, fue alcanzada en la cabeza por una bala de goma perdida disparada por fuerzas israelíes. Murió tres días después. Después de esto, mediante Elhanan, conoció el PCFF y más tarde se unió.
[.article__paragraph--cap]Naturalmente, los eventos de octubre de 2023 y sus consecuencias han afectado al PCFF, y a Elhanan y Aramin personalmente, de todas las maneras concebibles. En palabras de Aramin: “No podemos viajar. No podemos vernos personalmente, todo ocurre por Zoom. Pero no nos callaremos. Nuestro sufrimiento nos ha dado cierta autoridad moral y una obligación de seguir levantando nuestras voces para compartir el mensaje en el que creemos”.[.article__paragraph--cap]
La conversación que tuve con Greg Khalil el pasado noviembre se centró en el diálogo: su importancia para el PCFF, y sus límites. Nacido palestino-americano, Khalil es el líder de Telos, una ONG radicada en los EE. UU. que trabaja por la paz en Medio Oriente. No es miembro del PCFF, pero apoya su trabajo:
Un problema que muchos tienen con promover el diálogo es que puede llevar a normalizar. De hecho, las personas suelen salir de ese diálogo más lastimadas y aferradas a sus posiciones que antes.
En el caso del PCFF, sin embargo, hay una diferencia. La clase de diálogo que promueven crece desde un propósito compartido: reconocer que todos los bandos tienen un reclamo en común (nuestra humanidad común) que no puede ignorarse o negarse. Podremos nunca ponernos de acuerdo sobre una u otra solución, pero desacuerdos como ese siempre expresan valores de fondo, y mientras podamos respetarlos y encontrar empatía, podremos seguir conversando.
Involucrarnos en tales conversaciones suele ser profundamente incómodo, hasta peligroso, porque puede desestabilizar lo que pensamos. Puede activar miedos. Pero eso, precisamente, lo hace tan importante. PCFF toma todas estas grandes preguntas históricas y políticas y las destila, las desgrana, hacia un principio fundamental: no es válido usar la muerte de tus propios niños para justificar la muerte de los niños de otros; dicho de otra forma, no se puede usar la pérdida de tus propios seres amados para excusar el sacrificio de otras vidas.
Cuando entrevisté a Aramin y Elhanan por teléfono, les pregunté cómo se veían pasando de compartir historias personales a abarcar los problemas estructurales más amplios que llevan a la guerra. ¿Construir empatía entre individuos puede realmente hacer la diferencia a nivel internacional? Aramin fue enfático:
Totalmente. La empatía es todo. Si pierdes tu empatía por los demás, pierdes tu humanidad. Te conviertes en un monstruo. Y solo puedes tener empatía por alguien si sabes lo que han sufrido, si estás dispuesto a escucharlo y hablar con él. Esto tiene el poder de provocar cambios en todos los niveles de la sociedad. Por supuesto, el diálogo por sí solo no resolverá el problema. Nuestro objetivo es que los israelíes y palestinos disfruten de la libertad y la democracia y la paz y la seguridad, juntos. Pero, mientras tanto, seguiremos promoviendo el diálogo.
Ari Goldman, ex autor para el New York Times y profesor en la universidad de periodismo de Columbia dictó un curso de religión allí con Greg Khalil por seis años. Juntos, llevaron a estudiantes a Tierra Santa para darles “la perspectiva más amplia a partir de escuchar la mayor cantidad de historias posibles”. A comienzos de 2025, Goldman recibió a miembros del PCFF en Columbia. Reflexionando sobre la experiencia, me dijo:
Hay una división tan grande entre las narrativas, y una tendencia tan marcada a quedarse atascado en el propio dolor, que queda muy poco terreno común entre las personas. PCFF es un ejemplo de un grupo que ayuda a las personas a trascender su propio horror y abrazar a alguien más, a otro ser humano viviendo lo mismo o algo parecido, en un nivel visceral.
Es terrible que sea aquí donde estamos forzados a encontrar terreno común; y estoy seguro de que, para muchas personas que están sufriendo, el PCFF vuelve el duelo aún más difícil. Es probable que muchos prefieran retroceder y levantar muros, antes que hablar con otros que hayan sufrido; esto hace aún más destacable a aquel que participa, aquel que aprende una lección de todo esto.
Cuando le pedí que explicara qué quería decir con “lección”, dijo: “La lección es que todos sentimos dolor, no solo un bando del conflicto. La lección es que todos somos seres humanos”.

Visité un evento del PCFF en Nueva York en octubre de 2025, teñido por el mismo sentido de propósito. Como en todos los foros organizados por el grupo, había expositores representando ambos lados del conflicto. Liora Eilon, una jubilada del kibutz de Kfar Aza, habló primero. Esta ex profesora de historia y asuntos cívicos quedó atrapada en medio de la masacre del 7 de octubre. Cuando salió del cuarto blindado de su casa, tras estar escondida por cuarenta y ocho horas, supo que su hijo, el líder de la unidad de defensa civil de la comuna, había sido asesinado. Al igual que docenas de miembros del kibutz.
La contraparte de Eilon en el evento era Mohamed Abu Jafar. Nacido y criado en Cisjordania, tenía catorce en 2022 cuando fue testigo de la muerte de su hermano de dieciséis a manos de soldados israelíes que le dispararon y luego no permitieron que nadie viniera en su ayuda. El incidente lo motivó a estudiar enfermería, para dedicar su vida a “curar a otros”. Ahora estudiante de salud pública en Georgetown, Abu Jafar ha servido como facilitador en los campamentos de verano para jóvenes del PCFF, y nos contó sobre su trabajo uniendo a jóvenes israelíes y palestinos en Chipre.
[.article__paragraph--cap]Como es costumbre en los eventos del PCFF, Eilon y Abu Jafar se limitaron a compartir sus historias. Es decir, no intentaron hablar como representantes de sus bandos en el conflicto. También evitaron promover ninguna solución particular. Más tarde, Eilon respondió una pregunta sobre su trabajo como educadora de la paz. Habló con miles de jóvenes israelíes desde octubre de 2023, muchos a un paso de unirse a las Fuerzas de Defensa de Israel. Sin ser una pacifista (es firme sobre la necesidad de auto defenderse), siempre les ruega a futuros soldados que recuerden que hay seres humanos en ambos lados del conflicto. “No pierdas tu propia humanidad por defender la nuestra”.[.article__paragraph--cap]
En cuanto a Abu Jafar, explicó que durante su niñez en Jenin nunca pensó que los israelíes fueran humanos como él solamente opresores. Tras la muerte de su hermano, sin embargo, dos madres del PCFF contactaron a la suya; fue ella quien lo arrastró a una reunión donde conoció a un “refúsenik”, un soldado de las FDI que había sido encarcelado por negarse a servir en los territorios ocupados. El encuentro lo transformó.
Tanto Abu Jafar como Eilon notaron una aparente diferencia entre las audiencias americanas e israelíes de sus charlas: las americanas tendían más a gravitar hacia abstracciones como el futuro de Jerusalén. Naturalmente, es más probable que sus argumentos estén informados por su red social o medio de prensa favorito.
Robi Damelin, un miembro del PCFF que conocí el pasado diciembre, notó lo mismo. Nació israelí en Sudáfrica, migró al país en 1967, y perdió a su hijo David a manos de un francotirador palestino en 2002. Tres meses después se unió al PCFF. Actualmente trabaja en el personal administrativo como vocera.
La gente adora hablar de Medio Oriente, aunque no tengan conexiones personales allí. Usan con ligereza términos cargados de significado, como “colonialismo” y “genocidio”. Pero ¿cuántos de ellos pueden nombrar tan solo una persona muerta? ¿A quién están ayudando?
Damelin admite que existe un lugar para la protesta: “por supuesto que la gente tiene derecho a expresarse en público sobre cualquier cosa que les afecte de verdad”. Sin embargo, cuestiona sus méritos.
Claro que puedes intentar llamar la atención hacia algo uniéndote a una manifestación, pero en cierto punto me cuestiono si no se vuelve autocomplaciente. Es agradable tener una causa para apoyar sin compromiso cuando vives con seguridad, en Nueva Jersey o Nueva York, por ejemplo. Pero ¿a quién estás ayudando? Y mucho de lo que ocurre hoy en día en el nombre de la protesta está tan fracturado, que uno se pregunta qué puede lograr. Las personas ya ni siquiera coexisten: están completamente aisladas, viviendo en un millón de universos paralelos, obsesionadas con sus propios canales de información.
Si quieres hacer algo constructivo, ¿por qué no buscas una organización que trabaje para acabar con el conflicto y empiezas a apoyarla? Aunque sea moralmente, si no tienes dinero para hacer más. Hay tantas que necesitan apoyo: Rompiendo el Silencio, Mujeres Trabajan por la Paz, Combatientes por la Paz. ¿Por qué no buscar una cuyo objetivo se relacione con el tuyo? Únete a otros. Quizá eso haga la diferencia.
Consultada sobre su propio camino desde madre afligida a activista internacional por la paz, asoció su respuesta al evento que la transformó desde alguien que, en sus propias palabras, era buena “diciendo las palabras” en alguien dispuesta a “recorrer los caminos”.
Una noche, tres soldados tocaron mi puerta para decirme que habían capturado al francotirador que había matado a David. Luego de eso, ¿qué podía hacer con esa información? Antes no había una persona, una cara. Nadie para perdonar. Me conformaba a mí misma viajando alrededor del mundo y hablando sobre paz. Pero ¿lo creía? Eventualmente les escribí a los padres del francotirador y les hablé sobre David. Les propuse conocernos; se lo debíamos a nuestros hijos y nietos. También pedí la liberación del francotirador, más de una vez, si servía para recuperar un rehén israelí.
Le pregunté cómo podía ser tan generosa, si no se veía tentada por sueños de venganza. Negó rotundamente con la cabeza.
¿De qué habría servido? Los deseos de venganza eventualmente destruyen nuestra capacidad de lograr nada. No te devuelven a. Tienes una opción, ¿sabes? Puedes seguir adelante con tu vida recordando a tu familiar perdido de manera positiva: levantando un monumento, o fundando una beca, o algo como eso. O puedes amargarte y morir lentamente. En cambio, hablar con otros despierta el quiebre emocional que nos habilita a confiar. Cuando descubres el dolor común, descubres una base común para el cambio.
Al igual que Eilon, Damelin ha viajado por todo Israel desde octubre de 2023. En el sur, donde ocurrió la masacre, absorbió “el olor de la muerte, triciclos oxidados, casas hechas cenizas”. Sabe que hay un sinfín de escenas parecidas en Gaza. De todas formas, mantiene la esperanza. Le pregunté por qué. “¿Por qué tengo esperanza?”, replicó. “¿Cómo podría ser escéptica? Si no tuviera esperanza, me quedaría en casa siendo inútil para mí misma y los demás. No me puedo permitir rendirme. Tengo nietos. El futuro es importante para mí”.
Le pregunté a Damelin sobre el programa de Embajador Joven del PCFF y los campamentos de verano por la paz que organiza. Sobre los campamentos, los participantes israelíes y palestinos regresan a realidades muy diferentes. ¿Esto podría comprometer los frutos del diálogo? Damelin guarda reserva. Las disparidades existentes, me dice, y las críticas que puedan surgir de ellas, hacen los programas de paz del PCFF aún más vitales, aunque sea porque “ayudan a jóvenes a ponerse los zapatos del otro”. Agregó que, sin importar lo imperfecto que sea, solamente del diálogo puede nacer “el terreno común para la humanidad y el sufrimiento compartido” que nos acerca la paz. “Y cuanto más temprano empiece, mejor”.

Bassam Aramin estaría de acuerdo. Citando a Martin Luther King Jr., dijo “al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos”. Continuó, “no les estamos pidiendo que tomen partido; solamente les pedimos que no se queden en silencio. No importa quién está sufriendo. Sigan levantando la voz por la paz, porque ninguno de nosotros vive solo en este mundo. Estamos todos conectados".
Sobre el rechazo de Damelin a rendirse frente al escepticismo y su testaruda esperanza, Rami Elhanan comparte ambas:
Si miras atrás en la historia, nadie nunca hubiera soñado que los ingleses y los franceses y los alemanes fueran a volverse aliados. Nunca pensamos que el Muro de Berlín fuera a caer. Nunca pensamos que el apartheid fuera a terminar en Sudáfrica, o que fuera a haber paz en Irlanda del Norte. Pero todas esas cosas ocurrieron.
Mientras tanto, Abu Jafar y Eilon no andan con rodeos: ser un fanático de la paz hoy en día no es probable que provoque admiración. Al contrario, muchos los tildan de locos. Eilon se encoge de hombros. “Llámame como quieras”, dice. “Sé quién soy y por lo que trabajo”.
[.smalltext]Traducción de Micaela Amarilla Zeballos[.smalltext]