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Por qué necesitamos narradores

Los niños anhelan los cuentos de hadas y las leyendas, dice el creador del jardín de niños.

August 27, 2026

[.article__paragraph--cap]Un buen narrador es una bendición preciosa. Bienaventurado el círculo de niños que puede disfrutarlo; su influencia es grande y ennoblecedora; tanto más, cuanto menos parece que eso sea su objetivo. Con gran estima y lleno de respeto saludo a un narrador genuino; con intensa gratitud le estrecho la mano. Sin embargo, a él le corresponde un saludo mejor que el mío; ¡contemplen los rostros alegres, los ojos brillantes, los gritos jubilosos que lo reciben!; vean el círculo floreciente de niños encantados que se agolpan a su alrededor, como una corona de flores frescas y ramas alrededor del bardo de la alegría y el deleite.[.footnote-link]1[.footnote-link][.article__paragraph--cap]

[.article__paragraph--cap]¿Quién no recuerda el intenso deseo que llenaba el corazón, sobre todo en los últimos años de la infancia, al contemplar viejos muros y viejas torres en las colinas y al borde del camino, de escuchar a otros relatar estas cosas, su época y sus causas? ¿Quién no ha percibido en esos momentos un sentimiento vago e indefinible de que, en algún momento, estas mismas cosas podrían y darían cuenta de sí mismas y de su época?[.article__paragraph--cap]

¿Y quién, a juzgar por la experiencia y el conocimiento, puede proporcionar estos relatos, si no son aquellos que vivieron antes: los mayores? Nuestro más sincero deseo es que ellos nos los cuenten; y así se desarrolla en los niños el deseo y la sed de cuentos, leyendas y todo tipo de historias, y más adelante, de relatos históricos. Este anhelo, especialmente en sus inicios, es muy intenso; tanto es así que, cuando otros no logran satisfacerlo, los niños buscan satisfacerlo por sí mismos, sobre todo en los días de ocio y en los momentos en que han terminado las actividades habituales del día.

¿Quién no se ha sentido lleno de respeto al observar a un grupo de niños reunidos alrededor de uno a quien una buena memoria y una imaginación viva han designado como su narrador? ¡Con qué atención escuchan todos cuando su historia satisface su deseo más querido y confirma su juicio mediante su trama y sus incidentes, es decir, cuando les presenta palabras y hechos en armonía con sus propios pensamientos y sentimientos![.footnote-link]2[.footnote-link]

illustration of a prince and a dragon
Ilustración de Warwick Goble. ClassicStock / Alamy Stock Photo.

[.article__paragraph--cap]A los niños les atraen las leyendas y los cuentos de hadas, no por las formas variadas y coloridas que en ellos aparecen, sino por su vida espiritual, que les proporciona una medida para su propia vida y espíritu.[.footnote-link]3[.footnote-link][.article__paragraph--cap]

[.article__paragraph--cap]Aunque la historia pueda presentar a personas extrañas y tierras desconocidas, otras épocas y otras costumbres, en ella el oyente busca y encuentra una imagen de sí mismo, aunque nadie más pudiera decir: “Ese se parece a ti”.[.footnote-link]4[.footnote-link][.article__paragraph--cap]

[.article__paragraph--cap]Esta es la razón principal por la que a los niños les gustan tanto las historias, las leyendas y los cuentos; más aún cuando se les cuentan como si realmente hubieran ocurrido en algún momento o como si estuvieran dentro de lo probable, para lo cual, sin embargo, apenas hay límites para un niño.[.article__paragraph--cap]

El poder que apenas ha germinado en la mente de los niños lo ven ellos en la leyenda o el cuento, como una planta perfecta llena de las flores y los frutos más deliciosos. La misma lejanía de la comparación con sus propias esperanzas vagas expande el corazón y el alma, fortalece la mente y despliega la vida en libertad y poder.[.footnote-link]5[.footnote-link]

[.smalltext]Versión en inglés extraído de Where Children Grow. Traducción de Coretta Thomson.[.smalltext]

  1. Fanny Chapin, ed., Friedrich Froebel Yearbook: Compiled from the Writings of Friedrich Froebel (Kindergarten Literature Co., 1894), 129–130.
  2. Friedrich Froebel, The Education of Man, translated and annotated by W. N. Hailmann (1887), 115–116.
  3. Froebel, The Education of Man, 306.
  4. S. S. F. Fletcher and J. Welton, trans., Froebel’s Chief Writings on Education (Longmans, Green & Co, 1912), 149.
  5. Froebel, The Education of Man, 306.