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    Aprendiendo a amar a Boko Haram

    La respuesta de una Iglesia de Paz en Nigeria

    por Peggy Gish

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    En 2009, militantes de Boko Haram entraron a medianoche en la casa de Mónica Dna. Mónica los vio decapitar a su esposo y degollar a dos de sus tres hijos. Luego, se volvieron contra ella, le cortaron el brazo izquierdo cuando trató de levantarlo para protegerse, le cortaron la garganta y la dejaron por muerta.

    Un vecino la encontró aún con vida y la llevó al hospital. Seis años después, tras numerosas operaciones para reconstruirle la garganta y el brazo, todavía necesita más cirugías. Sin embargo, me cuenta que lidiar con el trauma del ataque y la pérdida de su esposo y de sus hijos es más difícil que su recuperación física. Me dice que trata de sobrellevarlo, porque recibe la fortaleza de Jesús. También ha recibido mucho apoyo y consuelo de otras viudas y amigos desplazados que han encontrado su hogar en Jos, la ciudad en el centro de Nigeria donde la conocí.

    Su historia es una de las miles que surgen de Nigeria, donde más de millón y medio de personas han sido desplazadas por la violencia en áreas sometidas a los ataques de Boko Haram, la organización islamista militante. Este grupo se formó originalmente en 2002 en Maiduguri, la capital del estado Borno, como un movimiento de oposición a las fuerzas de seguridad del gobierno y a la influencia occidental; Boko Haram a menudo se traduce como «se prohíbe la educación occidental». En marzo de 2015, Abubakar Shekau, el líder del grupo, declaró formalmente su lealtad al Estado Islámico, y desde entonces el nombre oficial de Boko Haram ha sido Wilāyat Gharb Ifrīqīyyah: «Provincia de África Occidental» del Estado Islámico. Hasta mediados de 2015, poco más de treinta y dos mil kilómetros cuadrados de territorio estaban bajo su control.

    Hace una década, cuando comenzaron a aparecer los militantes, la gente aquí me dice que ellos primero ingresaban a los pueblos pretendiendo buscar una mezquita para orar. Poco después, comenzaban a dar dinero para que los musulmanes desarrollaran sus negocios; muchos recibieron el dinero sin comprender las intenciones de Boko Haram. Posteriormente atacaron algunas iglesias y cristianos individuales. Con el tiempo revelaron sus planes de derrocar al gobierno y establecer un Estado islámico. En 2009, emprendieron una campaña de asesinatos, atentados con bombas y secuestros dirigidos contra cristianos y musulmanes que se rehusaban a cooperar, situación que llevó al presidente de Nigeria en 2013 a declarar el estado de emergencia en los tres estados del noreste del país: Borno, Yobe y Ademawa, donde el grupo es más fuerte.

    Boko Haram se formó originalmente en 2002 en Maiduguri, la capital del estado Borno, como un movimiento de oposición a las fuerzas de seguridad del gobierno y a la influencia occidental.

    En abril de 2014, Boko Haram fue el foco de la atención mundial cuando secuestró a 276 niñas adolescentes de su escuela en el pueblo de Chibok, en Borno. De las muchachas secuestradas, 178 pertenecen a la Ekklesiyar Yan’uwa a Nigeria (EYN), la Iglesia de los Hermanos en Nigeria. La EYN fue fundada por misioneros estadounidenses en 1923, y desde entonces se ha convertido en la denominación cristiana más grande en el noreste de Nigeria.

    Como una Iglesia de los Hermanos, la EYN pertenece a la familia anabautista de iglesias, que remontan sus raíces a la reforma radical del siglo xvi, y que también incluye a los menonitas, huteritas, amish, y al Bruderhof. Un principio fundamental del movimiento anabautista por casi cinco siglos ha sido el pacifismo cristiano: una convicción por la que las iglesias anabautistas han pagado un alto precio, perseguidas continuamente por rehusarse a realizar el servicio militar o tomar las armas en defensa propia durante tiempos de guerra o conflicto social.

    La EYN, como una rama africana de esta tradición, ahora está experimentando la prueba de este compromiso con la no violencia como pocas iglesias anabautistas lo han experimentado durante siglos. Entre 2013 y 2014, las congregaciones de la EYN sufrieron mucho la violencia de Boko Haram. Hasta junio de 2015, más de diez mil miembros de la EYN han sido asesinados, y más de ciento setenta mil miembros, incluidos 2 092 pastores y evangelistas, han sido desplazados dentro de Nigeria o en los países vecinos. Boko Haram ha destruido 278 edificios de iglesias y 1 674 sitios de predicación. De los cincuenta distritos eclesiales de la denominación, solo siete están funcionando. En octubre de 2014, los militantes incluso destruyeron las oficinas nacionales en Mubi, Adamawa, por lo que la iglesia tuvo que establecer su sede provisional en la relativa seguridad de Jos, donde se han agrupado muchos de los miembros desplazados.

    Otros cristianos en Nigeria han respondido a la violencia de Boko Haram empuñando las armas contra ellos, incluso algunas congregaciones han formado milicias. En contraste, los miembros de la EYN han permanecido en gran medida fieles a sus convicciones no violentas. Como atestiguan sus historias, su fidelidad a pesar de la persecución les ha permitido dar testimonio de la paz y el perdón del camino de Cristo, incluso hacia sus enemigos.

    Nigerian minister Gabriel Vanco, fugitivo de la violencia de islamistas en el norte de Nigeria, dirige un estudio bíblico para sus hermanos anabautistas.

    A finales de marzo de 2015, dejé mi granja en el sureste de Ohio y llegué aquí en Jos como representante de la Iglesia de los Hermanos en Estados Unidos. Mi tarea fue apoyar a los miembros y al liderazgo de la EYN en sus programas de respuesta ante la crisis. Habiendo trabajado durante los pasados trece años en Palestina e Irak con los Christian Peacemaker Teams (Equipos cristianos de acción por la paz), había experimentado el terrible sufrimiento de la gente común en situaciones de guerra y ocupación militar. Solo seis meses antes, en Irak, había escuchado a innumerables víctimas del grupo militante ISIS compartir su horror y dolor. Ahora mi corazón se desgarraba una vez más por los que sufrían de manera similar aquí en Nigeria.

    En la primavera de 2014, familias y personas desplazadas comenzaron a llegar por montones a Jos y otras áreas seguras de Nigeria. Cuando era posible, se iban a vivir con parientes. Sin embargo, miles de los que una vez eran personas autosuficientes terminaron en los campos para desplazados; otros acamparon en los terrenos de los edificios de la iglesia. La denominación de la EYN ha comprado tierras cerca de Jos y Abuja, la capital del país, a fin de construir viviendas temporales. Mientras tanto, muchas familias de la EYN han abierto sus puertas a los recién llegados traumatizados.

    Janata y Markus Gamache actualmente albergan a 52 personas desplazadas en su casa.

    Una de esas familias es Janata y Markus Gamache, que actualmente albergan a 52 personas desplazadas en su casa. Durante la noche, la sala se llena de mujeres y niños pequeños que duermen en petates, mientras que los niños mayores duermen en el patio cercado y los hombres acampan bajo los árboles. La mayor parte de la comida se prepara en el patio trasero sobre una fogata de leña, en grandes ollas puestas sobre piedras. Los huéspedes ayudan a cocinar, comprar alimentos y leña, limpiar, hacer reparaciones en la casa, y trabajar en el negocio familiar de cría de aves de corral. Janata organiza los equipos de trabajo y supervisa la realización de todas las tareas.

    «Por supuesto, el trabajo ha aumentado —me dice, mostrando el agotamiento en sus ojos—. Tenemos que desinfectar a menudo la alfombra y otras partes de la casa para prevenir enfermedades. Comprar todos los alimentos y artículos a precios económicos, tener 17 niños aquí, y compartir un solo baño, son todo un reto. Cuando el ambiente se pone muy ruidoso en las tardes, voy afuera, sencillamente para tener un momento de silencio.» A medida que algunas áreas en el noroeste se vuelvan más estables, Janata vislumbra que su casa paulatinamente disminuirá en número cuando algunos regresen a sus hogares, pero no muy pronto. «No hemos podido cerrar nuestros corazones a los que tienen necesidad, —comenta Janata—. Es nuestra costumbre en Nigeria, pero mucho más importante, se trata de lo que Dios nos pide: cuidar de la gente que ha perdido sus hogares y familias y no tienen nada. Y Dios es nuestra principal fuente de fortaleza.»

    nigerian man Markus Gamache
    nigerian woman and child Janata Gamache y su hijo

    Para Musa Ishaku Indawa, un miembro de la EYN que ahora vive en Yola, cerca de la frontera con Camerún, los problemas comenzaron en noviembre de 2013. Ahí fue cuando Boko Haram atacó Ngoshe, su pueblo natal en Borno, destruyendo iglesias, quemando diez casas, saqueando hogares y robando autos. También mataron al tío de Musa y a otros cuatro miembros de la iglesia. «Todos vivían con miedo, —recuerda Musa—. Algunos se quedaron en el pueblo, mientras que otros permanecieron afuera en el monte. Pero antes de los ataques, los cristianos de mi localidad (que eran el 75% de la población) habíamos estado viviendo en paz con nuestros vecinos musulmanes.»

    Cinco meses después, en abril de 2014, los militantes de Boko Haram regresaron y sitiaron el pueblo, expulsando al ejército nigeriano. «Desde las 7:30 pm hasta las 2:00 am de la madrugada no cesaron los disparos. Estaba preocupado por mi esposa, que había dado a luz solo semanas antes, pero decidí que teníamos que irnos. Sujeté a nuestro bebé a mi pecho, nos agachamos y salimos corriendo, confiando nuestra seguridad en Dios. Solo vimos un militante cuando huimos a las montañas. Muchos otros también corrieron.»

    Después de un tiempo, regresaron a su hogar. «Pero, durante una reunión de la iglesia a principios de junio, de nuevo escuchamos disparos y todos corrimos hacia las montañas. Boko Haram saqueó y quemó más casas e iglesias, y mató a más miembros. Los militantes también rodearon las montañas, matando a más de cien hombres y secuestrando a mujeres y niños. Con el tiempo, nuestra familia pudo huir y dirigirse a Mubi, en el sur, donde renté una parcela y comencé a cultivar. Luego, después de que Boko Haram tomara el pueblo cercano de Michika, dejamos Mubi y viajamos más lejos al sur, hasta Yola. Tras nueve meses en la montaña, mi madre salió y nos enteramos de que mi padre estaba muerto. Ahora mi madre está con nosotros en Yola. Pero incluso ahora, la gente se sigue escondiendo en las montañas; algunos han muerto de hambre.

    Musa añade: «No podemos vivir para Cristo sin atravesar por tribulaciones. En todo este tiempo oré incesantemente y confié en que si Dios quería que sobreviviéramos nos protegería y nos daría la fortaleza».

    Al igual que Musa, Rifkaty Bitrus y su familia huyeron a las montañas cuando Boko Haram atacó Ngoshe. Pero en su caso, el escape fracasó. Los militantes los persiguieron y secuestraron a Rifkaty y a sus dos hijas, de uno y cuatro años de edad, junto con muchas otras mujeres y niñas.

    En el campamento de Boko Haram, las mantuvieron encerradas y custodiadas en una casa. No les hicieron daño, pero las obligaron a hacer trabajos como extraer aceite de palma y salir a buscar agua, cerrando tras ellas la puerta una vez que regresaban. Me dice: «Nos llamaban incrédulas y nos amenazaban con matarnos como reses si no nos convertíamos al Islam. Teníamos que ponernos el velo islámico, pero ninguna de nosotras se convirtió».

    Después de tres semanas, Rifkaty logró escapar en la noche sin que el guardia se diera cuenta. Primero le ayudó a su hija de cuatro años a subir el muro y bajar por el otro lado, luego trepó ella de nuevo con su bebé sobre su espalda. Con otras quince mujeres, se escondieron en las montañas y emprendieron su camino sobre la frontera con Camerún. Allí se reunió con su esposo y se fueron a vivir a un campamento cercano a Jos. Rifkaty está agradecida de estar con vida, pero no sabe si sobrevivieron los miembros de su familia que se quedaron en Ngoshe.

    nigerian man Musa Ishaku Indawa

    Algunos miembros de la EYN arriesgaron sus vidas para salvar a sus vecinos. En febrero de 2014, Ibrahim Dauda sabía que tenía que hacer algo para ayudar a su vecina, una mujer que sangraba gravemente tras la muerte de su hijo en su útero. A pesar de los peligros de las fuerzas cercanas de Boko Haram, la llevó cruzando la frontera hasta el hospital de Kwaza, en Camerún. Como no tenía suficiente dinero para la operación que ella necesitaba, le dio al doctor lo que tenía y, dejando sus documentos de identificación y su tarjeta de membresía de la iglesia en el hospital, les dijo que regresaría con el resto del dinero.

    En la frontera lo detuvieron seis militantes de Boko Haram. Ibrahim les explicó que necesitaba ir a su casa para conseguir el dinero para la cirugía de la mujer. Lo dejaron ir con la idea de esperarlo a que regresara con el dinero, pero él regresó por un camino distinto. Pagó el hospital y la mujer se recuperó.

    nigerian woman Rifkaty Bitrus

    Hace casi cinco siglos, en febrero de 1527, un grupo de reformadores religiosos se reunieron clandestinamente en Schleitheim, Suiza, y adoptaron por unanimidad siete afirmaciones de fe ahora conocidas como los Artículos de Schleitheim, un documento que llegaría a definir al movimiento conocido como anabautismo. Uno de esos artículos llama a la no violencia absoluta: «Cristo nos enseña y nos manda aprender de él, porque es manso y humilde de corazón... Él mismo prohíbe la violencia de la espada».

    Solo días después de ese encuentro, Michael Sattler, el hombre que probablemente escribió esas líneas, fue capturado junto con su esposa Margarethe. Tras una prolongada tortura, fue quemado vivo; su esposa fue ahogada, y varios de sus compañeros fueron decapitados. En las décadas siguientes, alrededor de tres mil otros fueron ejecutados, tanto por autoridades protestantes como católicas, por negarse a abandonar su fe anabautista.

    Los anabautistas nigerianos de hoy, forjados en esta herencia de no violencia y martirio, ahora se encuentran dando este testimonio. De hecho, desde 2013 han muerto a manos de Boko Haram más de tres veces la cantidad de cristianos anabautistas que murieron en todas las persecuciones en Europa durante el siglo xvi.

    «Cristo nos enseña y nos manda aprender de él, porque es manso y humilde de corazón... Él mismo prohíbe la violencia de la espada».

    Ante esta realidad, no todos se han mantenido firmes. Miembros de la EYN me dicen que algunas de sus congregaciones han dejado de enseñar el pacifismo cristiano. Muchos conocen a miembros que, cuando fueron amenazados por Boko Haram, o presenciaron la tortura o el asesinato de miembros de la familia, optaron por abandonar las enseñanzas de su iglesia y usaron armas para defenderse o vengarse. Otros abandonaron la iglesia porque no quisieron adherirse a la no violencia, o se unieron a otras denominaciones que han formado milicias cristianas. Algunos buscaron salvarse a sí mismos y a sus familias convirtiéndose al Islam.

    Pero es notable que esos casos parecen ser excepciones: la mayoría de los miembros e iglesias de la EYN han permanecido fieles a su herencia de paz. Esto fue evidente en la conferencia anual de la EYN en mayo de 2015 en Jos, una reunión conocida como la Majalisa. En una de las sesiones, un delegado de un área duramente impactada por Boko Haram desafió la postura pacifista de la iglesia. Todos los demás delegados respondieron afirmando claramente el compromiso de la iglesia con la no violencia.

    Este ideal del evangelio podría sonar loable en una declaración de fe de la denominación. Pero, ante la violencia terrorista, ¿cómo se vive en la práctica? Adamu Bello, pastor de una iglesia de la EYN en Maiduguri, la capital estatal de Borno, me dice que varias veces lo han visitado pequeños grupos de hombres que se presentaron como militantes de Boko Haram, posiblemente para probarlo, o posiblemente para matarlo.

    «Debido a que fui criado como musulmán, —me dice—, sé cómo piensan y cómo calmarlos y hacer las paces. Siempre les hablo con respeto, tratándolos como prójimos, cómo seres humanos, y tratando de entenderlos.» En cada ocasión, les pregunta sobre sus problemas y ora con ellos. Cuando se van, envía un miembro de la iglesia para que los acompañe en su camino de regreso, para que el ejército nigeriano no los mate. «Hago esto porque los amo», les dice.

    Un día habló con el hombre que lavó su auto sobre sus preocupaciones por los muchachos en Boko Haram. Le dijo: «Cuando el ejército nigeriano los encuentre, de inmediato los va a matar; pero, si yo fuera un líder político los perdonaría si están dispuestos a dejar de combatir. No mataría a ninguno que fuera capturado, sino haría que los trajeran ante mí. Los escucharía, y trataría de entenderlos y de hacer algo por los problemas que generan su ira». En ese momento, él no sabía que estaba hablando con un comandante de Boko Haram.

    Después de algún tiempo, mientras conducía su auto con su familia, fue detenido y rodeado por un gran contingente de Boko Haram. Bello esperaba que lo mataran, pero un militante miró por la ventana del auto, lo reconoció, y les dijo a los otros: «Él es un buen hombre». A Bello le dijo: «Puedes pasar». Esperando una ráfaga de balas en cualquier momento, la familia siguió su viaje sin incidentes.

    nigerian man Adamu Bello

    «Tomamos en serio lo que Jesús dice acerca del perdón», me dijeron los participantes de la EYN en un taller sobre sanación del trauma y reconciliación. Esos talleres se basan en el entendimiento de que si el trauma no se trata, se perpetuará el ciclo de la violencia en la sociedad nigeriana.

    Ibrahim Dauda, el hombre que enfrentó a Boko Haram a fin de ayudar a su vecina enferma, está participando en ese taller por segunda vez. Le dijo al grupo: «Conozco a la gente que robó mis vacas y mis cabras, el generador, la motocicleta y las cosas de mi casa. Cuando vine a mi primer taller de sanación del trauma, estaba amargado y no estaba listo para perdonar a Boko Haram. Creía que se debía hacer justicia antes de que pudiera considerar el perdón. Ahora puedo perdonar, incluso les llamé a los miembros de Boko Haram y les dije que los había perdonado. Se sorprendieron; algunos de ellos me dieron las gracias. Cuando perdonas, tienes una nueva libertad».

    Ahora puedo perdonar, incluso les llamé a los miembros de Boko Haram y les dije que los había perdonado.

    «No es fácil —añade Gabriel Vanco, de Uba en Borno—. Me robaron todo el trabajo de mi vida: mi granja avícola, 21 vacas, el grano de mis cosechas. Es duro regresar a casa y ver que uno de tus vecinos usa tu ropa, y tiene tus muebles en su casa; pero debemos perdonar para estar libres de la carga del odio. Y solo es por la gracia de Dios que podemos hacerlo.»

    Se necesitará urgentemente la reconciliación si las comunidades del noreste de Nigeria van a reconstruirse. Aunque los episodios de violencia entre musulmanes y cristianos ya tenían precedentes en la región, antes de Boko Haram las dos religiones en su mayoría habían coexistido pacíficamente. Ahora resulta difícil ignorar la amargura de muchos sobrevivientes. «Ninguno de nuestros amigos musulmanes nos ayudaron durante los ataques», me dijo una mujer cuando estábamos frente al edificio de una iglesia quemada cerca de Mubi, el pueblo donde murieron docenas de personas por los ataques islámicos en 2012. «Algunos incluso ayudaron a Boko Haram a llevarlos a cabo. Ahora no hay aquí confianza entre cristianos y musulmanes.»

    Otros sobrevivientes cuentan historias más esperanzadoras. Cuando Shawulu T. Zhigila, un pastor de la EYN, se escondía de las fuerzas de Boko Haram en Ngoshe, los vecinos musulmanes lo llevaron a sus casas para esconderlo y protegerlo. Todavía lo llaman de vez en cuando para decirle que se alegran de que esté vivo.

    Tales actos de compasión van en ambos sentidos, según James Musa, otro pastor de la EYN que sirve como secretario del concilio de ministros de la denominación. «Cuando damos ayuda material y servicios, los repartimos entre los miembros de la EYN, pero cuando es posible también con otros —cristianos o musulmanes— del área que lo necesita. Todos están experimentando los mismos problemas. Recuerda cómo los miembros de la EYN en Madagali, Adamawa, le dieron apoyo y medicinas a una mujer musulmana enferma, que había sido abandonada por su familia cuando Boko Haram atacó el pueblo. Ella les dijo: «De ahora en adelante seré una cristiana».

    nigerian man Shawulu T. Zhigila

    Incluso antes de que los ataques de Boko Haram hicieran que Markus Gamache diera albergue a 52 personas desplazadas, él coordinaba la organización interreligiosa conocida como Lifelines Compassionate Global Initiatives (Iniciativas globales de apoyo y compasión). Poco después de escuchar sobre la violencia, comenzó a viajar al noroeste de Nigeria buscando promover la reconciliación. Me dice: «Instamos a los cristianos a que no piensen que todos los musulmanes quieren dominar la sociedad nigeriana imponiendo un estado islámico y exterminando a todos los cristianos. La mayoría de los musulmanes en Nigeria también perciben a Boko Haram como un desastre para sus comunidades, y sienten la responsabilidad de responder a los problemas resultantes de desplazamiento, desamparo y falta de vivienda, hambre y conflicto social».

    Como cristianos se nos manda amar e incluso alimentar a nuestros enemigos.

    »Nos necesitamos mutuamente. Si queremos tener una sociedad pacífica en Nigeria, cristianos y musulmanes deben trabajar juntos para superar la desconfianza y el odio. Los líderes cristianos y musulmanes necesitan unirse y reconocer que el problema del terrorismo tiene dos lados, y no solo señalar a los musulmanes. Pero también debemos trabajar al nivel de las comunidades. La gente en autoridad puede iniciar y dirigir, pero la gente en las comunidades también debe participar, en encuentros cara a cara, y participar de corazón. De lo contrario no va a funcionar.»

    Le pregunto a Markus si los miembros de la EYN afectados por la violencia apoyan su trabajo. «Cerca del 60-70% apoyan mis esfuerzos —me responde—, porque este trabajo ha reducido las tensiones, y la iglesia se beneficia. Pero muchos están temerosos de que me puedan matar, porque ayudo a los musulmanes e incluso los llevo a mi casa. O piensan que estoy perdiendo el tiempo, y me dicen: "Esa gente nunca va a cambiar". También mi esposa teme por mí, pero cree que debo continuar, al menos en áreas donde haya cristianos. Siento firmemente que debo continuar, aunque sea peligroso. Y creo que como cristianos se nos manda amar e incluso alimentar a nuestros enemigos.»

    Una iniciativa de la organización Lifelines es el campamento interreligioso de desplazados internos en Gurku, que oficialmente se inauguró con una festiva celebración el 12 de mayo de 2015. Todas las 162 familias cristianas y musulmanas que viven aquí perdieron sus hogares y medios de subsistencia debido a la violencia. Ahora se están mudando a las nuevas casas de tres habitaciones que ellos mismos ayudaron a construir de ladrillos de barro hechos en casa. Cada familia está comenzando a cultivar en una parcela de tierra mientras colaboran en la construcción de una escuela y una clínica. Representan a muchas tribus y lenguas, y vivirán juntos como un modelo de relaciones positivas entre cristianos y musulmanes.

    Para algunos miembros de la EYN, el trabajo de reconciliación no se limita a hacer las paces con sus vecinos musulmanes. Buscan alcanzar los corazones de los mismos combatientes de Boko Haram.

    En noviembre de 2013, la Dra. Rebecca Dali, miembro de la EYN que coordina una organización de ayuda, estaba entregando suministros en el campamento de refugiados Gawar en Camerún. Un hombre, del que ella sospechaba que era militante de Boko Haram, le pidió que se reuniera con él en privado, y le dijo: «Quiero hablar con usted porque tiene el espíritu de amor».

    Rebecca recuerda: «Él admitió ser un combatiente de Boko Haram, que había matado a más de treinta y dos personas. Le pedí que dejara eso y siguiera a Jesús. Cuando oré por él, lloró y aceptó a Cristo como su Señor y Salvador. Dijo que al principio tendría que hacerlo en secreto, ya que su vida correría peligro, pero con el tiempo podría practicar su fe públicamente. Lo conecté con uno de los pastores de la EYN en el campamento».

    «La gente necesita urgentemente la ayuda, así que voy a continuar este trabajo a pesar del peligro».

    Cada encuentro con miembros de Boko Haram implica sus riesgos. Un día, Rebecca iba de camino a Chibok para entregar suministros de ayuda, cuando dos militantes detuvieron su auto y la obligaron a seguirlos a unos matorrales. Agonizaba mientras caminaba detrás de ellos, imaginando su muerte inminente. Oró en silencio: «Dios, si quieres que muera, lo aceptaré; pero, si quieres que siga haciendo este trabajo, protégeme y déjame vivir».

    La rodearon veinte militantes, y uno le dijo:

    —Ahora te vamos a matar. ¿No tienes miedo?

    —No —les respondió—. No tengo miedo. Aun si muero, sé adónde voy, al cielo.

    —¿Adónde van los de Boko Haram —le preguntó el militante—: al cielo o al infierno?

    —No lo sé, pero estoy orando para que ustedes vayan por el camino recto. Siempre tienen una segunda oportunidad. En un instante ustedes pueden cambiar su vida e ir al cielo.

    —Eres una buena persona, no te haremos daño —respondió el militante—. Al reconocer que ella le daba alimentos y suministros a los musulmanes, añadió: —¡Vete y haz tu trabajo! Cuando se iba les dijo que oraría por ellos.

    Posteriormente Rebecca me dijo: «La gente necesita urgentemente la ayuda, así que voy a continuar este trabajo a pesar del peligro. Dios salvó mi vida, entonces el resto de mi vida es una añadidura. Y ahora ellos saben que distribuyo ayuda a cristianos, musulmanes y paganos, incluso tengo a un musulmán en mi personal, así que me dejan pasar. Cuando vienen a Mubi y atacan, causan daños a las oficinas centrales de la EYN, pero no tocan la bodega con los suministros de ayuda».

    ¿Qué hace una iglesia de nuestros días cuando se persigue a sus miembros y se destruyen sus templos, casas y negocios? ¿Y qué si esta iglesia ha tomado con seriedad el llamado de Jesús, de amar a sus enemigos y no devolver el mal con el mal? En muchas historias personales que he escuchado, la fe de las personas ha sido reestablecida y fortalecida a través de estas tribulaciones.

    «Cuando fui capturado por Boko Haram y forzado a unirme a ellos, me dieron 250 000 Nairas, un arma y municiones», me dijo un joven, pariente de Markus Gamache. (La entrevista tuvo lugar dentro de un auto en una gasolinera para preservar su anonimato.) «Se esperaba que todos matáramos a uno o dos de nuestros hermanos de sangre. Si te rehusabas, te mataban y recuperaban lo que te habían dado.»

    Por un tiempo, —me dijo el joven—, pudo evitar tomar parte en los ataques, saqueos y matanzas, poniendo como excusas tener que atender emergencias familiares. Pero sabía que no lo podía seguir haciendo por mucho tiempo. «Tampoco me tragaba el 'encanto', la droga que te daban y que te hacía obediente e incapaz de pensar por ti mismo.»

    ¿Qué hace una iglesia de nuestros días cuando se persigue a sus miembros y se destruyen sus templos, casas y negocios?

    Antes de su captura, se había apartado de su fe cristiana; pero, debido a que sabía que era malo lo que Boko Haram quería que hiciera, regresó a sus creencias. En su cautiverio, él y otros cristianos se comunicaban en secreto para tratar de escapar.

    Finalmente pudo escapar al monte y ponerse en contacto con Markus, quien ha estado pagando desde entonces la renta y los gastos por él y su familia. «Con frecuencia los cristianos que han estado con Boko Haram, pero han escapado, no son aceptados de vuelta en la comunidad cristiana, —me explicó Markus—, pero la gente en la congregación de la EYN aquí lo aceptó. Y ahora su fe y determinación por vivir se han fortalecido por lo que ha experimentado.»

    Al igual que este joven, la iglesia se ha fortalecido en su fe y determinación a través de las dificultades que ha afrontado. El ambiente en la reunión Majalisa de la EYN en mayo fue esperanzador, ya que el Rev. Samuel Dali dio voz a la experiencia de la iglesia. «Hemos sido duramente heridos. Al principio nos sentimos confundidos, frustrados, y con incertidumbre del futuro, pero nunca nos hemos detenido. Hemos hecho algunos progresos dolorosos, y nos estamos recuperando y ganando fuerza.»

    Esas palabras de esperanza no borran los horrores que la iglesia ha experimentado ni las dificultades que tienen por delante. Muchos miembros de la EYN en el noreste todavía son vulnerables, y los miembros desplazados se sienten desconectados de la iglesia nacional. Los que regresan a sus comunidades de origen enfrentan el tremendo desafío de reconstruir, encarar el trauma y las relaciones quebrantadas. En los estudios bíblicos y las predicaciones de la Majalisa, los miembros de la EYN a menudo hablaban de la persecución que enfrentaban los primeros cristianos. Adoptaron Filipenses 1:21 como su tema nacional para 2015: «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia».

    Sin embargo, a pesar de los desafíos, muchos miembros de la EYN dicen que a través de esta crisis la iglesia está creciendo con más fuerza. Al buscar ser más fieles a Cristo, están redescubriendo su herencia de paz y dando testimonio de ella. La fe valiente y las acciones de amor sin temor que he visto aquí me han hecho ser humilde y sentirme inspirada. Algunos miembros de la EYN me dicen que sienten que Dios se está moviendo entre ellos cuando ayudan a los que sufren o trabajan con sus hermanas y hermanos musulmanes por la reconciliación; dicen que la crisis ha intensificado su amor y cuidado unos por otros. Y, paradójicamente, el desplazamiento de la iglesia EYN ha extendido su testimonio a nuevas áreas de Nigeria, incluso entre los países vecinos.

    A finales de marzo, el Reverendo Dali le dijo al personal de la EYN: «Los cristianos fieles no deben temer a la muerte, sino tener esperanza, y seguir la guía de Dios para servir. Debemos seguir a Cristo, ya sea bajo la amenaza de Boko Haram o sin ella. Si vivimos por Cristo, Boko Haram no tiene poder sobre nosotros».


    Para conocer más sobre la respuesta de la EYN a Boko Haram, visite el sitio web de la Iglesia de los Hermanos en: www.brethren.org/nigeriacrisis o el blog de la autora en: plottingpeace.wordpress.com

    Traducción de Raúl Serradell

    nigerian drummers praying Un servicio de adoración con la congregación de la EYN en Jos, Nigeria
    Contribuido por Peggy Gish

    Peggy Faw Gish es activista veterana por la paz y agricultora ecológica.

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