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Solo hay un libertador

por Óscar Romero

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Cristo se presente con su gran obra liberadora. Yo quisiera aclarar mucho esta palabra: La liberación. Muchos le tienen miedo a esa palabra. Muchos también abusan de esa palabra. Pues ni miedo ni abuso, la verdad es que liberación es una palabra bíblica y quiere expresar toda la obra salvadora del Señor a partir del pecado. La primera liberación que Cristo anuncia y que en la segunda lectura de hoy San Pablo [Gálatas 3] nos describe maravillosamente, es que Cristo ha venido a derribar el pecado y que por el bautismo que lava el pecado de los hombres y por la penitencia que los convierte de nuevo si se han apartado de él, un hombre se incorpora a Cristo y se hace hombre de nuevo. Un hombre nuevo, esta es la obra liberadora. Hacer hombres nuevos, hombres que se despeguen del pecado, hombres que echen afuera sus egoísmos, sus idolatrías, sus soberbias, sus orgullos y se hagan humildes seguidores de Cristo el Señor.

Todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús (Gál 3:26). Esta es la obra de Cristo, llamar a todos los hombres sin discriminación. Y San Pablo ha dicho, esa discriminación ya no cuenta en el cristianismo: «Ya no hay distinción entre judíos y no judíos, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús» (Gál 3:28). Ya no hay clases sociales para el cristianismo. Ya no hay discriminación de razas. Por eso el cristianismo también choca, porque tiene que predicar esta obra liberadora de proclamar a todos los hombres iguales en Cristo Jesús. Renovación interior del corazón, esto es lo que hace a todos los hombres iguales: Renovarnos. Mientras no hay hombre nuevo, hay orgullo, hay discriminación. Ricos y pobres, cuando se convierten de verdad y se lavan por dentro con este bautismo de Cristo y creen de verdad en el Señor, ya no se distinguen el rico y el pobre, porque solo hay un sentimiento de fraternidad en Cristo Jesús. No hay superior e inferior, porque uno y otro saben que no son nada en el orden de la gracia sin Cristo el redentor. Solo hay un grande, Cristo que nos redime. Solo hay un libertador.

–19 junio 1977

La palabra que a muchos molesta, la liberación, es una realidad de la redención de Cristo; que la liberación quiere decir de los hombres, no solo después de la muerte para decirles; «Confórmese mientras viven». No, una liberación que es una redención que ya comienza en esta tierra; liberación que quiere decir que no existe en el mundo la explotación del hombre por el hombre. Liberación quiere decir redención, que quiere libertad para al hombre, de tantas esclavitudes. Esclavitud es el analfabetismo. Esclavitud es el hambre, por no tener con qué comprar comida. Esclavitud es carencia de techo, no tener dónde vivir. Esclavitud, miseria, todo eso va junto. Y cuando la Iglesia predica que Cristo ha venido a redimir a los hombres, y que en fuerza de esa redención no deben de existir esclavitudes en la tierra, la Iglesia no está predicando subversión, ni política, ni es comunista. La Iglesia está predicando la verdadera redención de Cristo, que no quiere esclavos, que quiere que todos los hombres seamos redimidos, que ricos y pobres nos amemos como hermanos, que la liberación tiene que llegar a todas las situaciones y que no exista en este mundo una esclavitud... ninguna. Ningún hombre tiene que ser esclavo de otro ni de la miseria ni de nada que suponga el pecado en el mundo. Este es el contenido de esta revelación, de esta doctrina, de esta evangelización. Y sigue predicando la Iglesia que este reino de Dios que predica la evangelización, quiere llegar a formar la comunidad. 

Liberación quiere decir que no existe en el mundo la explotación del hombre por el hombre.

Hermanos, mientras la evangelización no termine en una comunidad, la evangelización no está completa. La evangelización que termina en comunidad quiere decir que yo, que creo en Cristo y en su redención, que creo en Dios y en mi salvación eterna y temporal, la comparto esta fe con otros hombres que creen lo mismo y entre estos hombres que creemos lo mismo formamos la comunidad: comunidad de fe, comunidad de amor, comunidad de redimidos. Esto es lo que está haciendo la Iglesia en la tierra: creando la Iglesia. Por eso, hermanos, cuando se trata de dispersar las comunidades, cuando se siembra el terror en los que predican la palabra de Dios, y en los que se reúnen para meditarla, se está persiguiendo a la Iglesia. Y tenemos derecho a reunirnos para completarnos unos con otros, para ayudarnos en nuestra reflexión comunitaria, a que nuestra fe vaya creciendo, nuestra adoración a Dios sea más profunda, más unida con otros hombres. Hacer comunidad, es un mandato de Cristo: «Id y predicad el evangelio, reunid a todos aquellos que crean la misma fe» (Mc 16:15). Esta es la Iglesia: La reunión, la convocación de todos los que creemos en un solo Dios y en un Cristo Redentor.

–25 noviembre 1977

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Contribuido por photo of Archbishop Oscar Romero Óscar Romero

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, intrépido defensor de los pobres y desamparados, alcanzó renombre mundial durante sus tres años como arzobispo de San Salvador. Se murió por la bala de un asesino en 1980.

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