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Small wave on a gravel beach

Está dispuesto a recibirnos

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Sí, en Cristo se revela el misterio del amor, cómo nos ha amado. Cuando el apóstol escribe: «De tal manera amó Dios al mundo que le dio a su propio hijo» (Jn 3:16). ¿Qué padre entrega a su hijo para que quede salvo un prisionero, un esclavo? Esto lo ha hecho el Padre Eterno, nos dio a su hijo, su Palabra, su vida, y en Cristo nosotros podemos recuperar esa vida de Dios. Se perdonan los pecados porque Cristo se hizo precio de nuestra deuda y todos podemos morir con la esperanza de un cielo, porque Cristo nos ha ofrecido abrirnos esa puerta del cielo aunque seamos pecadores, con tal que nos arrepintamos, que nos convirtamos y nos volvamos a Él: «yo soy el camino la verdad y la vida» (Jn 14:6).

-25 diciembre 1977

Y en el evangelio de hoy [Mateo, capítulo 20] aparece Dios tomando la iniciativa. Salió a buscar trabajadores. Hermanos, ustedes creen que los que estamos aquí en Catedral es por iniciativa nuestra, claro que sí, porque somos libres y nadie ha venido a la fuerza, pero esta es la delicadeza de Dios, que me hizo libre y que detrás de mi libertad, me da su gracia, su atractivo, para que use esta libertad buscándolo a Él. Pero la iniciativa de venir a misa, parte de Dios, que me dio la libertad y me da también el atractivo para buscar el bien. Que a la Iglesia no se viene a celebrar un mitin, se viene a adorar a Dios. Que a la Iglesia no se viene con curiosidad política, se viene con piedad para buscar a Dios. Dios sale a buscamos; y a todos los anda buscando. Y qué hermoso saber que a todas las horas de la vida el Señor anda buscando. […]

Ante Dios no tenemos privilegios, ni derechos.

Qué rico en perdón y en misericordia es Dios. Ante Dios no tenemos privilegios, ni derechos. Si lo hemos servido desde nuestra más pequeña juventud, ¡bendito sea Dios! hemos usado bien la vida, pero eso no nos da derecho a sentirnos dueños de la Iglesia aunque seamos los obispos; aunque seamos los sacerdotes. Podemos estar más necesitados de la misericordia de Dios que el pecador que acaba de convertirse y por su amor tal vez está más cerca de Dios que quien se siente dueño de la Iglesia. Dios es bondadoso. Nadie puede juzgar sus iniciativas; apelar a su misericordia; pedir como el buen ladrón, siquiera un recuerdo de Dios, y Dios me dará más que un recuerdo. […]

Así es nuestro Dios, bendito sea El, que nos ha dado a conocer cómo llama a todas horas, y a todas las horas está dispuesto a recibirnos. No importa los crímenes que hayamos cometido. Por eso, hermanos, vuelvo a repetir lo que aquí he dicho tantas veces, dirigiéndome a través de la radio a aquéllos que tal vez son los causantes de tantas injusticias y violencias; a aquéllos que han hecho llorar a tantos hogares; a aquéllos que se mancharon de sangre con tantos asesinatos; a aquéllos que tienen sus manos manchadas de torturas; a aquéllos que han encallecido su conciencia, que nos les duele ver bajo sus botas a un hombre humillado, sufriendo, tal vez ya para morir; a todos ellos les digo, no importan tus crímenes, son feos, horribles, has atropellado lo más digno del hombre, pero Dios te llama y te perdona. Y aquí tal vez viene la repugnancia de aquellos que se sienten trabajadores de la primera hora. ¿Cómo voy a estar en el cielo con esos criminales? Hermanos, en el Cielo no hay criminales. El más grande criminal que se arrepintió de sus pecados es hijo de Dios ya. La Prostituta María Magdalena, cuando lloraba con sus lágrimas sus pecados, la sociedad la seguía señalando: miren si fuera profeta, se diera cuenta quién es el que la está tocando (Lc 7:39); pero Cristo se vuelve para defenderla, ya no es pecadora, ha amado mucho, se ha arrepentido de sus culpas, ya es Santa María Magdalena (Lc 7:47). Los pecados del pasado no cuentan, se deshacen. Por eso la justificación cristiana se llama renacer. Y así le dijo Cristo a Nicodemo: si no renaciereis de nuevo... (Jn 3:3). Todo hombre que se arrepiente de su culpa deja como un cascarón viejo, su mala vida pasada y como una crisálida nueva, la mariposa que nace de nuevo dejando el cascarón, es ya criatura nueva. No tiene nada que ver con lo que dejó el pasado. ¡Bendito sea Dios! esta es la generosidad de Dios.

-24 septiembre 1978

Hermanos, en el Cielo no hay criminales. El más grande criminal que se arrepintió de sus pecados es hijo de Dios ya.

Esa redención proyectada por Dios está llegando a todos los hombres, no queda excepción alguna. Todo aquel que se sienta pecador, que se sienta que sus pecados son imperdonables, quién sabe si me está escuchando aquel que tiene la mano sangrienta por haber matado al padre Grande, aquel que disparó contra el Padre Navarro, aquel que ha matado, que ha torturado y ha hecho tantas maldades, óigalo allá en sus antros de criminal, tal vez ya arrepentido, tú también estás llamado al perdón. Cuando he gritado contra la violencia siempre he añadido el arrepentimiento de tu pecado para que te hagas hijo de Dios. Pablo predica a los romanos, un pueblo pagano donde abundaban los crímenes, las injusticias, y les dice: también a ustedes los está llamando esta redención en Cristo, pero en Cristo. En Cristo traído por la Virgen. Hermanos, y esta redención que es del pecado, porque así le dice el Ángel a San José: «llámale Jesús porque él va a perdonar los pecados del mundo» (Mt 1:21). De allí parte la liberación cristiana. Cuando ahora luchamos por los derechos humanos, la libertad, la dignidad, cuando sentimos que es un ministerio de la Iglesia preocuparse por los que tienen hambre, por los que no tienen escuela, por los que sufren marginación, no nos estamos apartando de esta promesa de Dios. Viene a librarnos del pecado, y la Iglesia sabe que las conclusiones del pecado son todas esas injusticias y atropellos. Por eso la Iglesia sabe que está salvando al mundo cuando se mete a hablar también de estas cosas. 

-18 diciembre 1977

Small wave on a gravel beach
Contribuido por photo of Archbishop Oscar Romero Óscar Romero

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, intrépido defensor de los pobres y desamparados, alcanzó renombre mundial durante sus tres años como arzobispo de San Salvador. Se murió por la bala de un asesino en 1980.

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