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Banana leaves and fruit

Dones, talentos y los actos más importantes

por Johann Heinrich Arnold

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Nunca olvides que un acto de amor hacia un semejante es el único acto importante del día. Todo lo demás no tiene valor ante Dios, e incluso podría apartarnos de él o separarnos de nuestros hermanos. ¡Con cuánta fuerza Jesús remarca esto en nuestros corazones en sus profecías sobre el juicio final! La pregunta nunca es si estamos bien organizados o actuamos correctamente, sino si alimentamos a los hambrientos, recibimos a los extranjeros, vestimos a los desnudos, o visitamos a los enfermos o los que están en la cárcel: en otras palabras, si actuamos con amor y compasión. Nunca pasemos por alto la necesidad de otro, ni olvidemos las palabras y acciones que fortalecen el amor.

Así como ninguno tiene tan pocos dones que no pueda ser usado por Dios, nadie tiene tantos dones que sea demasiado bueno para realizar un simple trabajo manual. Debemos estar dispuestos a hacer cualquier servicio que se nos pida, a servir en el lugar más humilde. Un hombre puede ser la persona más dotada de su comunidad, pero si le falta humildad, si su corazón no es impulsado por el espíritu de Jesús, su vida no será fructífera.

La parábola de los talentos quizá se entienda mejor en el contexto de la iglesia: los talentos son dones encomendados a diferentes hermanos y hermanas. Una persona recibe el don de sabiduría, otra de conocimiento, otra de fe, sanación, profecía, discernimiento, hablar en lenguas, o de interpretación. Todos estos dones se necesitan para los diferentes ministerios de la iglesia, desde el liderazgo hasta cualquier otro. No hay diferencia en su importancia; todos son partes de un cuerpo. El ojo no es más importante que el oído, simplemente son dos órganos distintos.

Así como ninguno tiene tan pocos dones que no pueda ser usado por Dios, nadie tiene tantos dones que sea demasiado bueno para realizar un simple trabajo manual. 

Algunas personas no quisieran ver diferencias. Piensan que si todos fuéramos iguales, nadie sabría quién es quién, entonces se establecería la justicia verdadera. Pero ese no es el evangelio de Jesús. En Mateo 25, leemos sobre un hombre al que le fue encomendado un solo talento. Sintió que no se le había dado la cantidad que le correspondía, y por lo tanto aborreció a su señor. Él no hizo nada con su talento, sino que endureció su corazón. No solamente carecía de amor, sino que se llenó de odio. Él dijo: «Señor, yo sabía que usted es un hombre duro». Esa es la peor cosa que nos puede ocurrir: sentir que no se nos ha dado la parte equitativa; sentir que otros han recibido más de Dios; y entonces, volvernos tan envidiosos y desamorados —tan separados del cuerpo— que no contribuimos al mismo en ninguna forma. En la parábola, el señor dijo: «Debías haber depositado mi dinero en el banco». Con eso quiso decir: «Haz al menos lo poco que eres capaz de hacer».

Una persona es brillante, otra es hábil con sus manos, otra con mucho talento musical. Estos son dones naturales y no deberían reprimirse, aunque por el bien común de la iglesia a menudo tienen que sacrificarse. Estaría mal que alguien con dones intelectuales pensara que solo puede realizar un trabajo intelectual —o de lo contrario, estaría «enterrando sus talentos»— o que una persona con mucho talento musical pensara que está desperdiciando su talento al hacer trabajos domésticos. Debemos estar dispuestos a sacrificar nuestros talentos naturales por el beneficio de todo el cuerpo de Cristo.

En 1 Corintios 12 y 13, el apóstol Pablo habla de muchos dones diferentes, incluyendo profecía, liderazgo, sanación y hablar en lenguas. Pero luego dice que todos estos grandes dones no son nada sin el amor. Nuestra vida compartida en comunidad también es un don, pero a menos que Dios nos brinde su amor una y otra vez, se convertirá en algo tan carente de vida como una máquina.

Banana leaves and fruit
Contribuido por J. Heinrich Arnold Johann Heinrich Arnold

Johann Heinrich Arnold, conocido por sus libros que han ayudado a muchos a seguir a Cristo en su vida diaria. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre cabal que daba la bienvenida cariñosa a cualquiera persona abrumada, invitándola a tomar un cafecito y platicar.

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