Jeff King: ¿La agricultura regenerativa es solo un nombre nuevo para la agricultura orgánica?

John Kempf: Algunas personas están intentando producir certificaciones regenerativas; espero que no tengan éxito. La certificación de los productos orgánicos, lamentablemente, nos hizo involucionar hacia un diálogo de nosotros versus ellos; un diálogo en el que de un lado están los buenos y del otro, los malos. Me alegra que el diálogo en torno a la agricultura regenerativa aún mantenga una amplitud y un reconocimiento de que esto es un viaje, no un destino. Un granjero que recién comienza, que ha llevado adelante prácticas degradantes para la tierra porque no conocía otra cosa, cuando toma conciencia, puede empezar esa transición. Deberíamos acoger a ese productor, darle la bienvenida, el apoyo y el estímulo que necesita.

Imagen cortesía de Pamela Reed

Hablas del momento en que un productor se da cuenta de que está en un rumbo nefasto. ¿Tuviste ese tipo de experiencia?

Sí, recibí una bofetada en la cara y fue en la granja familiar de frutas y vegetales que cultivaba, unas seis hectáreas en el cinturón de nieve, al sur del lago Erie. Era frecuente que en cualquier parte del terreno tuviéramos entre dos y dos metros y medio de nieve cada año, y unas precipitaciones entre novecientos y casi mil cien milímetros anuales. Solía creer que ese ambiente húmedo daba a nuestros cultivos una predisposición a ser susceptibles de insectos y enfermedades.

Mi padre comenzó a cultivar vegetales en 1996. Cuando terminé la escuela, a los catorce, me dieron la responsabilidad de encargarme de todo el riego por goteo y de la aplicación foliar de fertilizantes, bioestimulantes y pesticidas. Mi papá era, además, el proveedor de pesticidas regional. Éramos los primeros en probar todos los pesticidas nuevos y luego recomendárselos a los granjeros según cuán bueno fuera el resultado que nosotros obtuviéramos. Pero, a pesar del uso creciente de pesticidas, se volvía cada vez más difícil controlar los distintos insectos y enfermedades. Tuvimos un período de tres años, entre 2002 y 2004, cuando perdimos más de un 70 por ciento de nuestros cuatro cultivos principales.

En la temporada de cultivo de 2004, arrendamos un campo que linda con uno de los nuestros a un productor lechero vecino. Esos dos campos solían ser arados y sembrados arriba y abajo por la pendiente, pero cambiamos la dirección del arado y sembramos los cultivos a través del linde. En un extremo, sembramos melones.

Cuando producimos cultivos resistentes a las enfermedades, estos también mejoran la salud de las personas y del ganado que consume estas plantas como alimento.

Al momento de la cosecha, en aquel suelo que habíamos estado sembrando durante una década con aplicación intensiva de pesticidas, un 80 por ciento de las hojas estaban infectadas con mildiú polvoroso. En el nuevo suelo, es decir, el de la granja lechera, que había tenido una rotación de cuatro años de maíz, granos finos y dos años de heno, sin aplicación de pesticidas, no había mildiú polvoroso. No se trataba de que no hubiera un 5 por ciento o un 10 por ciento de plantas infectadas, sino de que el porcentaje era cero. No había mildiú polvoroso en esa parte del campo, como si en el linde hubiera una línea cortada con un cuchillo. Las vides eran de la misma variedad, plantadas el mismo día, con la misma aplicación de fertilizantes y fungicidas, pero con dos resultados completamente diferentes.

Quería saber: ¿cuáles son las diferencias? ¿Qué hace que una planta sea resistente al mildiú polvoroso y que otra planta a sesenta centímetros sea susceptible? Tuve la suerte de ponerme en contacto y recibir consejo de varias personas geniales y aprendí mucho acerca de la fisiología y del sistema inmunitario de las plantas; las plantas tienen un sistema inmunitario muy parecido al nuestro. Hay un corpus de investigación significativo que describe cómo manejar la nutrición vegetal para mejorar sus sistemas inmunitarios y desarrollar su resistencia a las enfermedades y a los insectos. Pero lo que realmente me puso en el camino de la agricultura regenerativa fue el darme cuenta de que, cuando producimos cultivos resistentes a las enfermedades, estos también mejoran la salud de las personas y del ganado que consume estas plantas como alimento.

Has afirmado que las plantas sanas pueden ser completamente resistentes a cualquier enfermedad o insecto. Es una afirmación bastante audaz.

Esto no es una teoría. Esto es algo que realmente hemos puesto en práctica muy exitosamente en millones de hectáreas, aquí en América del Norte. Los cultivos pueden ser resistentes a langostas, pulgones, al escarabajo de la patata y al escarabajo japonés. Por supuesto que hay cientos de enfermedades y de insectos, y que no hemos trabajado con todos ellos, pero aún no hemos encontrado uno en cuyo tratamiento y reversión con gestión nutricional no hayamos sido exitosos, incluyendo un número de enfermedades para las que no hay ningún tratamiento con pesticidas conocido.

Los métodos regenerativos tienen buenos resultados incluso para los cultivos que suelen tener una alta aplicacion de pesticidas, como las cerezas.

¿Puedes dar un ejemplo de un granjero específico que haya sido capaz de hacer esto?

Hablemos acerca de una de las enfermedades incurables. El cancro bacteriano de los cerezos es una infección en la que la bacteria vive en el interior del tejido vascular de la planta y no tiene un tratamiento con pesticidas conocido. Ya en 2011, uno de los cultivadores de cerezas más importantes en la región noroeste del Pacífico nos dijo: “No me importa reducir los pesticidas. No deseo reducir mis aplicaciones de pesticidas. Y no quiero volverme orgánico. Lo que de verdad quiero es cultivar cerezas grandes y firmes que sean aptas para exportar al mercado asiático. Y he oído que ustedes pueden ayudarme con eso”.

Nos dio veinte hectáreas de cerezos para que hiciéramos los ensayos, una parcela con árboles de unos cinco años y tan enfermos que, si no lográbamos revertir la situación en aproximadamente un año, iban a usar una excavadora y a replantar. Dieciocho meses después de que hubiéramos comenzado a tratar los árboles enfermos no había rastro de cancro bacteriano en esa parcela.

Una de nuestras primeras recomendaciones al cultivador fue que estaba poniendo demasiado fertilizante demasiado temprano en la temporada, y lo testeamos. En una parcela de árboles, la mitad recibió fertilizante y la otra mitad, no. Al final de la temporada de cosecha, el cultivador concluyó que dejar de aplicar ese fertilizante mejoró su ganancia en USD 1,600 cada media hectárea aproximadamente. Este fue nuestro logro fundamental: la mayoría de los problemas referidos a enfermedades e insectos no están causados por deficiencias en los nutrientes, sino en el exceso en los productos que los granjeros aplican.

Algunas personas piensan que la agricultura regenerativa podría ser menos productiva, pero nuestra experiencia ha sido la opuesta. Cuando gestionas la nutrición vegetal para lograr calidad y salud óptimas, los rendimientos aumentan. Nuestro mensaje a los granjeros es muy sencillo: podemos ayudarlos a ser más rentables mediante una gestión diferente de la nutrición vegetal.

¿Cómo es posible que seamos custodios de la creación de Dios y aun así hayamos adoptado un modelo de agricultura con un impacto tan negativo en la creación que debemos custodiar?

Diste algún indicio acerca del concepto de los alimentos considerados como medicamentos, que es una idea muy poderosa para productores como yo que desean ser eficientes en ayudar a otras personas y tener el mayor impacto positivo posible.

Hoy tenemos una crisis de salud pública en todo el mundo. Tenemos todas estas enfermedades degenerativas como cardiopatías y diabetes y apoplejía y cáncer que, tomadas en conjunto, afectan a la mayoría de nuestra población. Ante todo, sugeriría que este es un fracaso de la agricultura en producir alimentos nutritivos que puedan fortalecer nuestro sistema inmunitario. Por supuesto que hay más factores involucrados que la comida que comemos, pero la comida es ciertamente un factor coadyuvante significativo.  

Todas las plantas producen compuestos genéricamente conocidos como metabolitos secundarios vegetales. Algunos de estos compuestos cuyos beneficios en la salud humana han sido relativamente bien estudiados serían el licopeno en los tomates, o el resveratrol en el vino tinto y en las sandías, o antocianina en los arándanos. El detalle que se ha pasado por alto es que las concentraciones de estos compuestos en las plantas varían drásticamente según la salud de cada planta. En 1992, la Universidad del Estado de Michigan llevó adelante una investigación y descubrió que el contenido de antocianina en los arándanos puede variar por un factor de veinticinco.

Nos hemos olvidado, además, del sabor de los buenos alimentos. ¿Puedes imaginar las diferencias en sabor y en aroma entre arándanos que tienen una variabilidad de veinticinco veces en el contenido de antocianina? Lo mismo sucede si hablamos de tomates, espinacas y fresas. Incluso si cultivamos nuestras propias frutas y vegetales en nuestros jardines, a menos que abordemos la gestión nutricional y busquemos específicamente cultivar frutas y vegetales nutritivos y de alta calidad, la mayoría de nosotros no tiene idea de cómo saben realmente las frutas y los vegetales saludables.

El suelo sano alberga una comunidad de bacterias, hongos y otros organismos microscópicos beneficiosos. Imagen de microscopio de iones de helio de Shuttha Shutthanandan, Pacific Northwest National Laboratory.

Cuando vi uno de tus seminarios web para los productores de maíz y soja del Medio Oeste, me sorprendí al oírte citar el Génesis y el libro de Job.

La agricultura moderna adoptó un modelo productivo que degrada nuestros ecosistemas, uno que ha contribuido tremendamente a una pérdida del mantillo, una pérdida de alimentos nutritivos, una pérdida en la calidad del agua. Piensas en eso desde una perspectiva cristiana y preguntas: “¿Cómo es posible que seamos custodios de la creación de Dios y aun así hayamos adoptado un modelo de agricultura con un impacto tan negativo en la creación que debemos custodiar?

Llegué a la conclusión de que esto gira en torno a dos creencias incorrectas. La primera es que estamos aquí para ejercer el dominio sobre la tierra, una traducción común del hebreo en el Génesis. Dominio implica dominación y subyugación. Pero la intención original claramente es comunicar que tenemos una responsabilidad en custodiar la creación de Dios.

La segunda creencia es que la tierra está maldita. Ni siquiera tenemos que ir al Nuevo Testamento y al acto salvífico para refutar esto. Simplemente debemos leer Génesis 8:21. Después de que Noé salió del arca, Dios olió su ofrenda y dijo: “No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre, aunque cada inclinación del corazón del hombre es mala desde su infancia”. Si, por tanto, aceptamos las promesas que Dios nos ha hecho, podemos adoptar un modelo de agricultura que evita pestilencias y plagas, enfermedades e insectos y malezas. En última instancia, si creemos que la tierra está maldita, entonces lo estará, pero no tiene por qué ser así.

Cada cucharada de suelo contiene hasta mil millones de estos microorganismos, que son esenciales para el crecimiento de las plantas. Imagen de microscopio de iones de helio de Shuttha Shutthanandan, Pacific Northwest National Laboratory.

Vemos que el lenguaje bélico se aplica a la agricultura, incluso decimos “bombardear” plagas o malezas. ¿Quizá tu abordaje de la agricultura sea menos violento?

Tienes toda la razón. Hay unos químicos llamados Panther y Prowl y Warrior que están basados en esta mentalidad de buscar y destruir. Si la primera arma elegida no tiene éxito, simplemente ve por una bomba más grande. Esta no es una ética de la custodia. Job 5:23 viene a mi mente: “Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto y las fieras del campo estarán en paz contigo”. Debemos trabajar alineados con los minerales y los nutrientes que nos dan abundante nutrición y calidad vegetal, porque eso es lo que genera resistencia a la sequía, así como la resistencia a continuar produciendo cultivos en ambientes problemáticos. Un pacto no es una relación unilateral. Y los granjeros quieren hacer lo correcto. Ningún granjero se ha levantado alguna vez de su cama por la mañana y ha pensado: “¿Qué puedo destruir hoy?”

Los científicos apenas están comenzando a comprender las relaciones complejas dentro de este microbioma. Imagen de microscopio de iones de helio de Shuttha Shutthanandan, Pacific Northwest National Laboratory.

Parecería que muchos de estos granjeros se están especializando en un cultivo. ¿Deberíamos abandonar este tipo de monocultivo hacia más diversidad en nuestros cultivos? ¿Es posible que la relación entre los cultivos y el ganado sea parte del asunto?

Creo firmemente que es bueno incorporar ganado al paisaje. Esa medida puede ser más eficaz para regenerar los ecosistemas que casi cualquier otra cosa. También necesitamos desarrollar alimentos y sistemas de agricultura regionalizados y descentralizados. No creo que desde una perspectiva de seguridad alimentaria nacional sea saludable que un 45 por ciento de nuestra provisión completa de frutas y vegetales en América del Norte sea producida en tres condados en California. Alguna vez tuvimos una producción pujante de frutas y vegetales a lo largo del Medio Oeste. Las Grandes Llanuras tienen algunos de los suelos más fértiles del planeta. ¿Realmente vamos a usar esos suelos increíblemente hermosos y fértiles para producir etanol?

¿Estás de acuerdo en que la fertilidad de una granja debería ser mantenida de los lindes de la granja hacia dentro?

Desde un punto de vista conceptual, sí. Debería haber menos aportación de fertilizantes y pesticidas de recursos externos tales como fertilizantes extraídos del propio suelo. ¿Pero qué pasa si tu terreno es una huerta de poco más de media hectárea? No tienes espacio para ganado. Los recursos para sostener y regenerar la fertilidad del suelo deberían provenir del ecosistema local, pero eso podría provenir de un productor ganadero local que estuviera produciendo compost.

Otro principio de la agricultura regenerativa es reducir la labranza. Sé que para los productores que conozco es uno de los obstáculos más grandes. ¿Es necesario dejar de labrar completamente?

No me agrada el marco que se está dando a esta conversación poniendo el asunto en clave de opuestos binarios o antagónicos, bueno y malo, blanco y negro. No es tan simple. Las poblaciones indígenas han estado cultivando patatas por miles de años en los Andes. Esos suelos han sido labrados continuamente y no se están degradando. Debemos prestar atención en el resultado neto, no en un único factor. Así que, si la labranza pudo haber tenido un impacto negativo, ¿qué estamos haciendo para contrarrestar ese impacto? ¿Estamos sembrando cultivos de cobertura? ¿Estamos añadiendo compost y bioestimulantes e inoculantes microbianos?

Dicho esto, defiendo la reducción o la eliminación de la labranza. Ha habido una increíble innovación exitosa en las pequeñas granjas, pero eso no siempre se puede repetir en veinte o en doscientas hectáreas. Deseamos desarrollar una agricultura a lo largo del tiempo que sea más regionalizada, más descentralizada o adecuada según la escala. Mientras tanto, debemos reconocer la realidad actual en la que siete mil productores de frutas y vegetales en Estados Unidos producen 90 por ciento del total de la cadena de distribución doméstica. Necesitamos desarrollar sistemas regenerativos que puedan funcionar con éxito en doce mil hectáreas de zanahorias.

Los cultivos de cobertura como el centeno en este campo de melón forman una parte clave del enfoque regenerativo. Fotografía de Darius Clement. Usado con permiso.

Estás diciendo que lo que producirá el cambio es el interés económico. ¿Y qué hay de la demanda del consumidor?

La demanda del consumidor no determina lo que llega a las góndolas de los supermercados. Si lo hiciera, ¡no habría tomates con sabor a cartón ni fresas cosechadas a medio madurar! Lo que determina qué llega a la tienda de comestibles es la decisión de quienes procesan y distribuyen. Los granjeros tampoco deciden cultivar melones con sabor a roca. Disfrutan cultivando alimentos sabrosos.

¿Has experimentado la oposición de corporaciones con un interés particular en el statu quo?

De hecho, ahora hay CEO de grandes corporaciones agroquímicas que están hablando acerca de cómo ayudarán a los granjeros a adoptar prácticas de agricultura regenerativa. Es discutible determinar cuán real es eso, pero al menos reconocen que este movimiento es demasiado significativo como para sofocarlo.

Me veo proporcionando información a las personas que de verdad tienen el poder para cambiar el modo en que la agricultura se lleva adelante, los propios granjeros. Los granjeros pueden elegir no usar más pesticidas y fertilizantes, y, si lo hacen, no habrá nada que los proveedores puedan hacer para cambiarlos.

No es beneficioso ser antiMonsanto, antitransgénicos, antiRoundup, porque desde el momento en que tomas posición, inmediatamente alejas a quienes están usando esas herramientas y tecnologías. Eso limita nuestra habilidad para facilitar una transición. Cuando hablamos acerca de tener empatía con los vegetales y con el ganado, y con los ecosistemas y con la tierra, eso también se extiende a tener empatía con las personas que tienen una perspectiva diferente, aquellos que podrían convertirse en el “ellos” de “nosotros versus ellos”. Cuanto más exitosos seamos en abordar el diálogo desde un espacio de amor y comprensión, más exitosos seremos creando un cambio sistémico.


Entrevista realizada el 4 de febrero de 2021. Traducción de Claudia Amengual.