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Un cambio total

Palabras sobre el arrepentimiento

por Johann Heinrich Arnold

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El evangelio comienza con un llamado al arrepentimiento. El arrepentimiento implica un cambio total. Lo que estaba arriba debe bajar, y lo que estaba abajo debe subir. Todo debe ser visto como lo ve Dios. Todo nuestro ser tiene que renovarse; debe cesar todo pensamiento por nuestra cuenta. Dios debe convertirse en el centro de nuestro pensamiento y sentimiento.

Jesucristo vino para salvar a las personas, pero primero los llamó a arrepentirse y a seguirlo. Muchos cristianos se sienten atraídos por su promesa de salvación, pero no quieren arrepentirse totalmente. Es trágico que los peores enemigos de Jesús son con frecuencia gente religiosa, no los incrédulos. Incluso en la propia vida de Jesús, aquellos que más lo odiaban no fueron los soldados que lo crucificaron, sino los muy religiosos escribas y fariseos, que detestaban su mensaje de arrepentimiento.

El arrepentimiento no significa atormentarse a sí mismo; significa alejarse de la corrupción y dejar que la atmósfera del reino de Dios cambie nuestros corazones.

A la gente no le agrada el llamado de Juan el Bautista: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca», porque no entienden lo que significa el arrepentimiento. El arrepentimiento no significa atormentarse a sí mismo; tampoco significa ser juzgado por otros. Significa alejarse de la corrupción y del afán por el dinero y las riquezas de la humanidad caída y dejar que la atmósfera del reino de Dios cambie nuestros corazones. Cualquier persona que ha experimentado el verdadero arrepentimiento sabe que produce que nuestro corazón se derrita como la cera, y nos impacta al mostrarnos nuestra pecaminosidad. Pero esa no debería ser la experiencia central. Dios debe ser el centro de un corazón arrepentido; Dios, quien se reveló en la cruz como el verdadero amor y el único que trae la reconciliación.

De una carta: ¿Realmente sabes qué significa el arrepentimiento? Cuando una persona se arrepiente, cambiará de tal manera que toda persona que se encuentre con ella sentirá su cambio de corazón. En Canción de Navidad de Dickens, era obvio para todos los que se encontraron con el anciano Scrooge, el día de Navidad, que era un hombre diferente al de la noche anterior. Te deseo esa clase de arrepentimiento.

Una de las cosas más maravillosas sucede, cuando una persona se arrepiente de verdad. ¡Dios se acerca tanto a un alma arrepentida! Un corazón de piedra se convierte en un corazón de carne, y cambia cada emoción, pensamiento y sentimiento. La perspectiva completa de una persona cambia cuando se le brinda el don del arrepentimiento.

Debemos recibir una nueva vida; debemos cambiar. Pero es Dios el que debe cambiarnos. Y él puede cambiarnos en una manera diferente de lo que hubiéramos querido o imaginado. Nuestros propios ideales, nuestros propios planes para el crecimiento interior o el cambio personal, deben cesar. Debemos abandonar toda posición elevada; y sacrificar todo enaltecido esfuerzo humano. Para ser aptos para el nuevo futuro de Dios, debemos ser cambiados por él.

Sin importar cuán fuerte sea nuestra voluntad para autocontrolarnos y sin importar cuán engañosos seamos, Dios ve a través de todas las cosas, hasta lo profundo de nuestros corazones. Solo el acto de ponernos bajo su luz nos da una oportunidad de renovación. Todo es posible si nos disponemos voluntariamente bajo la luz de Dios. Pero si nos rehusamos a hacerlo, todo en nuestra vida estará en peligro.

De una carta: Estoy seguro de que Jesús puede darte un corazón completamente puro y paz perfecta. Al principio, mientras más te acerques a él, más te sentirás juzgado por tu pecado, pero al final encontrarás gozo y paz profundos. Tu búsqueda de Dios no debe hacer que la vida sea un tormento. Él ve que lo estás buscando con un corazón sincero. Te deseo que tengas esperanza y valor.

Estoy seguro de que Jesús puede darte un corazón completamente puro y la paz perfecta.

El amor de Dios es como el agua: busca el lugar más bajo. Sin embargo, no podemos hacernos humildes y pobres por nuestro propio esfuerzo. Podemos vernos a nosotros mismos por lo que somos —«escoria e inmundicia»— solo a la luz de la omnipotencia de Dios, su amor, pureza y verdad.

Una vez que vemos la oscuridad del pecado y el horror de la separación de Dios, podemos sentir algo de lo que Jesús quiere decir con arrepentimiento. Pero arrepentimiento significa más que reconocer nuestro pecado; significa volvernos hacia el reino de Dios. También significa estar dispuesto a recorrer el mundo para deshacer todo el mal que hemos hecho, aunque sepamos que no podemos deshacer nada. Finalmente, significa entregarnos a él, quien nos perdona y nos libera de nuestro pecado.

De una carta: Estoy agradecido de que reconozcas tu pecado, pero te ruego que dejes de pensar en ti mismo, en tu pasado y tu depresión. Solo te vas a deprimir más. Eso no es arrepentimiento. Piensa en tu ser interior como un estanque claro que refleja el sol, la luna y las estrellas. Si remueves el lodo del fondo, todo se volverá confuso y turbio, y entre más lo remuevas, más enturbiado se volverá. Tranquilízate y permanece firme contra el diablo. Entonces el agua se aclarará nuevamente, y en su espejo verás el amor de Cristo hacia ti y hacia todo el mundo.


Extraído y traducido de Discipleship (en inglés).

mountain lake with still water
Contribuido por J. Heinrich Arnold Johann Heinrich Arnold

Johann Heinrich Arnold, conocido por sus libros que han ayudado a muchos a seguir a Cristo en su vida diaria. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre cabal que daba la bienvenida cariñosa a cualquiera persona abrumada, invitándola a tomar un cafecito y platicar.

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