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    Painting of the nativity in warm colors with Christmas Rose

    Las multitudes celestiales nos rodean

    Una lectura devocional para Adviento

    por Christoph Friedrich Blumhardt

    November 25, 2021
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    Ha llegado el Adviento otra vez y esperamos —incluso anhelamos— que en estos días empiece un nuevo tiempo para todos nosotros. Pronto llegará la Navidad; con el nacimiento de Cristo se abrirá una puerta por la cual podremos entrever un mundo grande, poderoso y divino.

    Aún vive el ángel que dijo: “No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias, que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo” (Lc 2:10). No se han muerto ni él ni las multitudes celestiales, que quizá son millones de ángeles; al contrario, nos están acompañando hoy en día. Les debemos gracias a los pastores que tuvieron el dicho de vislumbrarlas brevemente en el cielo. Por medio de ellos tenemos un vínculo con el mundo divino, lo cual nos reconforta muchísimo. Sabemos que, si nos dejaran solos, nos perderíamos, pero gracias a Dios, no es así: Dios y sus ejércitos innumerables han llegado a nosotros junto a Cristo.

    Es verdad que han ocurrido sucesos terribles en los siglos desde que el cristianismo llegó al mundo. Poderes y ángeles tenebrosos también han aparecido —hordas de hombres y ángeles siniestros— y los humanos hemos pasado por experiencias espantosas y de engaño total. Sin embargo, tenemos que mantenernos firmes contra las mareas de pecado y desgracia. Tenemos que llegar a la certeza absoluta de saber que no estamos solos. Al contrario, los ángeles celestiales y Dios mismo se interesan por nosotros, estamos y estaremos bajo el señorío de nuestro señor Jesucristo.

    Pintura del Nacimiento con flores blancasPintura de Stanley Fletcher (1905-1995)

    Cuando los ángeles dijeron “No tengan miedo”, fue una lección poderosa que nos vino desde el cielo. Es imposible que un ser humano hubiera podido declararla mejor: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad” (Lc 2:14). La triste verdad es que tenemos que vivir momentos bajos. Nuestro destino humano pasa por el sufrimiento; todos los sabemos y así lo hemos experimentado. No obstante, a través de la pena, nuestro destino conduce a la eternidad. Bendita la persona quien, incluso en medio del abismo, se aferra a la alteza de Dios. ¡Bendita quien sirva a Dios en su sufrimiento!

    Y en la tierra paz; esa es la otra lección que hemos aprendido de los ángeles. Somos demasiado sensibles, con tantas querellas y peleas. Suponemos lo peor, nuestra inclinación es herir a los demás y, en el proceso, nos dañamos a nosotros mismos. Nos disgustamos con facilidad y eso es muy peligroso. Necesitamos servir a Dios en nuestra situación humilde y débil. Solemos pensar que Dios solo nos ama cuando somos buenos, pero Dios no es así. Él nunca deja de amar; su amor alcanza a los pecadores, los malos, los humildes que no saben cómo ayudarse ellos mismos. ¡Bendito aquel que considere esto en su corazón!

    Los ángeles mencionaron a aquellos que gozan de la buena voluntad de Dios. A veces nos parece que somos abandonados, que somos condenados por nuestros pecados. Pero en un abrir y cerrar de los ojos, antes de que pudieran incluso pensar, los pastores recibieron el mensaje: “¡Anímense! Dios está complacido con ustedes”. Esa es otra lección que necesitamos tomar a pecho. Dios no ha abandonado ni a la cristiandad ni a la humanidad, incluso cuando las circunstancias de vida dejan mucho que desear.

    En estos días de Adviento, un mensaje excelente y siempre nuevo nos ha llegado desde el cielo: que las multitudes celestiales nos rodean. No se nos permite, por lo menos la mayor parte del tiempo, verlas con nuestros ojos terrenales, porque Dios siempre ha tenido su obrar a medio escondidas. Eso está bien. Confórmense con saber, con tranquilidad, que Jesús ha abierto una puerta, que por medio de él podemos entrever el cielo, y que con él es verdad que las multitudes celestiales nos rodean. Por esta proclamación nos regocijamos y damos gracias a Dios.


    Traducción de Coretta Thomson

    Contribuido por Christoph Friedrich Blumhardt Christoph Friedrich Blumhardt

    Christoph Friedrich Blumhardt (1842-1919), pastor y socialista religioso, nació en Möttlingen, Alemania. Su padre fue el pastor y ensayista Johann Christoph Blumhardt.

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