Ahora que la Navidad ya pasó, entramos a una nueva estación de adviento – la expectativa de un tiempo sagrado de una segunda Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios dentro de nosotros, el nacimiento del reino de Dios para el mundo entero. Esperamos la llegada de un nuevo día, el principio de una nueva edad, un nuevo tiempo para la humanidad.

¿Cuándo ha sido esto más urgente y necesario que ahora? Quien está profundamente preocupado por los tiempos no puede sino percibir que la tierra entera tiembla y se sacude bajo el peligro inmediato de poderes terribles que amenazan soltarse. La humanidad tiene a su alcance la energía y poder colosales para literalmente destruir toda vida en este planeta. Violencia y matanza son realidades diarias en muchas partes del mundo, mientras más cerca de nosotros están los sentimientos de odio y hostilidad que inundan aquellos menospreciados y no deseados.

Este gran momento, esta acción directa de Dios, debería conmover los corazones humanos. Necesitamos ser liberados de todos nuestros falsos apoyos y malos caminos; deberíamos despertarnos de nuestro sueño y estupor. Solo entonces podremos oír el mensaje de Adviento y entender la importancia y el significado de la Navidad. El nacimiento de él que es el primero y el último y quien sostiene todo en sus manos, debería estremecernos una y otra vez. El hecho que Dios mandó su mismo hijo al mundo para redimirlo tiene que impactarnos. Somos llamados constantemente a «considerar cómo nació Cristo» (Eberhard Arnold, 1934).

Esta no es la experiencia convencional de la Navidad, que se presenta como un ambiente cómodo y satisfecho. La humanidad necesita desesperadamente encontrar el sentido más profundo de la Navidad que transforma los corazones de personas y, por consiguiente, sus vidas enteras y todas sus relaciones. Esto es el misterio eterno de la Navidad, su gran poder y luz, su evangelio eterno de amor, unidad y pureza, su alegría y gozo infinitos. Deberíamos descubrir lo que significa que el reino de Dios nació en esta tierra con la llegada de un niño chiquito cuando se cumplió el tiempo.

Vivimos en un tiempo cuando es muy evidente y reconocida la necesidad miserable y la división de la humanidad. Hay un sinfín de personas que experimentan odio, violencia y opresión descontrolados. A causa de la injusticia y corrupción de hoy, muchas voces se levantan para protestar y anunciar que hay que hacer algo. Muchos hombres y mujeres están motivados para sacrificar mucho en la lucha por justicia, libertad y paz. Hay un movimiento en nuestro tiempo, un movimiento que crece y aumenta.

Sin embargo, esta enorme necesidad humana y la carga del tiempo nos hace ver cuán débiles e impotentes somos para llevar a cabo cualquier cambio. Entonces necesitamos reconocer que si vamos a proponer un cambio, hay que empezar con nosotros mismos. Hay que reconocer que nosotros somos culpables individuamente por la injusticia social, la opresión, el menosprecio de otros, ya sea personalmente o colectivamente. Necesitamos reconocer que nos falta una revolución contra todo lo que destruye la vida. Esta revolución debe ser una revolución diferente a cualquiera que haya pasado en el mundo. Dios debe intervenir y dirigir tal revolución con su Espíritu, su justicia y su verdad. La miseria, necesidad y el deterioro de hoy deben alejarse y debe nacer un nuevo día con el Hijo del Hombre. Esto es el adviento de la venida de Dios. Esto es la misma esencia de la Navidad: él viene para renovar y purificar todas las cosas; él viene para establecer su reino aquí en la tierra (Ap 21:5).


De la introducción de When the Time was Fulfilled, edición 1965.