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    Morning over the bay

    Predicar la Cruz

    por Óscar Romero

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    No nos debe extrañar
    que una Iglesia tenga mucho de cruz,
    porque si no, no tendrá mucho de resurrección.
    Una Iglesia acomodaticia,
    una Iglesia que busca el prestigio
    sin el dolor de la cruz

    no es la Iglesia auténtica de Jesucristo.

    Predicación que no denuncia el pecado
    no es predicación de evangelio.
    Predicación que contenta al pecador
    para que se afiance en su situación de pecado
    está traicionando el llamamiento del evangelio.
    Predicación que no molesta al pecador
    sino que lo adormece en su pecado
    Es dejar a Zabulón y Neftalí
    en su sombra de muerte

    Predicación que despierta,
    predicación que ilumina
    —como cuando se enciende una luz y alguien está
    dormido, naturalmente que lo molesta,
    pero lo ha despertado—,
    Ésta es la predicación de Cristo:
    ¡Despertad! ¡Convertíos!
    Ésta es la predicación auténtica de la Iglesia.
    Naturalmente, hermanos, que una predicación así
    tiene que encontrar conflicto,
    Tiene que perder prestigios malentendidos,
    Tiene que molestar, tiene que ser perseguida.
    No puede estar bien con los poderes de las tinieblas
    y del pecado.

    Ésta es su misión, encargada a la Iglesia,
    misión difícil:
    arrancar de la historia los pecados,
    arrancar de la política los pecados,
    arrancar los pecados de la economía,
    arrancar los pecados allí donde estén.
    ¡Qué dura tarea!
    Tiene que encontrar conflictos en medio de tantos egoísmos,
    de tantos orgullos,
    de tantas vanidades,
    de tantos que han entronizado
    el reino del pecado entre nosotros.
    Tiene que sufrir la Iglesia por decir la verdad,
    por denunciar el pecado,
    por arrancar el pecado.
    A nadie le gusta que le toquen una llaga,
    y por eso salta una sociedad que tiene tantas llagas
    cuando hay quien le toque con valor:
    “Tienes que curar,
    tienes que arrancar eso.
    Cristo —cree en él.
    Conviértete”.


    Este artículo está extraído del libro La violencia del amor.
    Imagen: Jerusalem, Via Dolorosa, Estación IX. Foto de Berthold Werner.

    The Via Dolorosa in Jerusalem.
    Contribuido por photo of Archbishop Oscar Romero Óscar Romero

    Monseñor Óscar Arnulfo Romero, intrépido defensor de los pobres y desamparados, alcanzó renombre mundial durante sus tres años como arzobispo de San Salvador. Se murió por la bala de un asesino en 1980.

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