El 1 de junio de 2025, Esther Keiderling, de veintiocho años, contribuidora a Plough y expasante editorial, falleció en el monte Katahdin, en Maine, mientras hacía senderismo con su padre, Tim Keiderling, quien también perdió la vida. Ella escribió este artículo en 2022 y lo compartimos con nuestros lectores en su memoria en el primer aniversario de su muerte
Siempre he sido una firme defensora del desayuno. Cuando era niña, mi desayuno favorito era un tipo de pastel que se llama coffee cake porque se lo come acompañado de café. Para ser precisa, mi parte favorita del pastel era el centro, la parte con mucho streusel. Los bordes del pastel siempre son un poco secos, apelmazados y sin nada. Recuerdo que una vez falleció un miembro mayor de nuestra comunidad y mi papá nos estaba contando a mis hermanos y a mí sobre él. Tenía unos ocho años y, de repente, se me ocurrió una idea maravillosa, que expresé de inmediato: “Papá, ¿sabes qué? En el cielo habrá pasteles sin bordes”.
Ahora, cada vez que como pastel, me acuerdo de eso. Desayuno con una familia diferente en la comunidad Bruderhof de Fox Hill casi todos los días, excepto los martes, sábados y domingos, cuando desayuno con mi familia anfitriona. Ellos me darían el desayuno con mucho gusto cualquier día de la semana, pero elijo desayunar con otras familias para conocerlas mejor. Todos en el Bruderhof son como mis hermanos y hermanas; tengo que aprovechar cada oportunidad que se me presente para hablar con otros miembros y entender quiénes son. ¿Qué mejor momento que las 6:30 de la mañana para entender quién es alguien realmente?
La mayoría de los solteros de las comunidades del Bruderhof van a desayunar a diferentes familias, aunque la práctica es totalmente opcional. Los solteros no vamos al desayuno de ninguna familia a menos que nos hayan invitado, pero la mayoría de las familias nos invitan en lugar de dejar a una persona solitaria. Si no apareciera en el desayuno de nadie, mi familia anfitriona seguramente me preguntaría si estoy bien. Uno de los propósitos de la comunidad es cuidarnos unos a otros.
Todos los desayunos a los que asisto son estimulantes y llenos de alegría, ¡al menos para mí! Incluso si las personas en cuya casa entro hubieran preferido quedarse en la cama y no levantarse para prepararme café y tostadas, nunca lo dejan entrever. En cambio, sonríen y me dan la bienvenida como si yo fuera lo mejor que les va a pasar en todo el día. Luego pasamos a tener una conversación, de la cual me voy dando cuenta poco a poco mientras termino mi taza de café.
Sin duda, muchas personas, incluso las del Bruderhof, tienen dificultades con las mañanas y con la existencia del desayuno como convención social. A veces, yo misma no quiero levantarme de la cama. La carne es débil, y el espíritu también lo es algunos días. Pero considero que ir al desayuno es un ideal importante al que aspirar, tanto por mi bien como por el de mi anfitrión.
Hebreos 13:2 dice: “No dejéis de practicar la hospitalidad, pues por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. No me considero un ángel, pero mis días de desayuno podrían ser una oportunidad para que las familias de Fox Hill practiquen la hospitalidad. Ahí estoy yo, sin familia y completamente sola, entrando en su casa en un momento vulnerable del día, cuando no se sienten del todo en plena forma. No tengo ningún parentesco con ellos, no formo parte de su familia de ninguna manera, y tal vez ni siquiera sea su mejor amiga. Así que ahora tienen la oportunidad de mostrarme amor de verdad a mí, una desconocida.
Fotografía cortesía de Darius Clement.
Los beneficios para mí de ir a diferentes familias incluyen recibir desayuno (especialmente café) y aprender más sobre mis hermanos y hermanas en Fox Hill. De otra manera, sería casi imposible cruzarme con algunas de las personas a quienes visito para desayunar una vez a la semana. Tenemos reuniones y comidas comunitarias todos los días, pero en una multitud de doscientas personas, es difícil encontrar tiempo para todos con quienes quiero conectarme mientras estamos allí. Pero está bien si no logré saludar a alguien en el almuerzo si ya he desayunado con esa persona.
Ahora soy menos inocente, pero sigo siendo creyente. Así que seguiré levantándome de la cama cada mañana, sabiendo que hay café y tal vez pastel esperándome en algún lugar, en alguna mesa, hasta esa gloriosa mañana en que llegue el reino de Dios y todo el mundo sea invitado al banquete, donde comeremos pasteles sin bordes.
Traducción de Coretta Thomson