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En defensa de la paz

por Eberhard Arnold

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Palabras pronunciadas por un pacifista y comunitario cristiano alemán en una charla en agosto de 1934, el mes del plebiscito que aprobó la fusión de las cargas de canciller y presidente de Alemania y consolidó el poder de Adolf Hitler.

Creo de verdad que se están diciendo y haciendo muchas cosas buenas en la causa de la paz y por la unidad de las naciones. Pero pienso que no es suficiente. Si la gente se siente urgida a tratar de impedir o posponer otra gran guerra europea, esto sólo puede ser para nosotros motivo de alegría. Pero lo que nos inquieta es si tendrán mucho éxito en su oposición al espíritu de la guerra que existe ahora mismo.

Cuando más de un millar de alemanes han sido asesinados por Hitler —sin ser juzgados previamente—, ¿no es esto una guerra?

Cuando cientos de miles de personas en los campos de concentración son privadas de su libertad y de toda dignidad, ¿no es esto una guerra?

Cuando cientos de miles de personas son enviadas a Siberia y mueren congeladas talando árboles, ¿no es esto una guerra?

Cuando en China y Rusia millones de personas mueren de hambre mientras en Argentina y otros países se acumulan millones de toneladas de trigo, ¿no es esto una guerra?

Cuando miles de mujeres prostituyen sus cuerpos y arruinan su vida por dinero, ¿no es esto una guerra?

Cuando millones de bebés son asesinados por medio del aborto cada año, ¿no es esto una guerra?

Cuando las personas son obligadas a trabajar como esclavas porque si no lo hacen no pueden dar de comer a sus hijos, ¿no es esto una guerra?

Cuando los ricos viven en mansiones rodeadas de parques, mientras otras familias ni siquiera disponen de una sola habitación, ¿no es esto una guerra?

Cuando algunos acumulan enormes cuentas bancarias, mientras otros apenas ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas, ¿no es esto una guerra?

Cuando los automóviles, conducidos a la velocidad que se les antoja a sus propietarios, matan a sesenta mil personas cada año en los Estados Unidos, ¿no es esto una guerra?

No representamos el pacifismo que cree que se puede evitar una guerra futura. Esta pretensión no es válida, porque la guerra ya existe ahora.

No defendemos el pacifismo que cree en la eliminación de la guerra a través de la influencia dominante de ciertas naciones superiores.

Cuando algunos acumulan enormes cuentas bancarias, mientras otros apenas ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas, ¿no es esto una guerra?

No defendemos a las fuerzas armadas de la Liga de Naciones, que supuestamente tienen que mantener bajo control a naciones ingobernables.

No estamos de acuerdo con un pacifismo que ignora las causas primordiales de la guerra —la propiedad y el capitalismo— y trata de conseguir la paz en medio de la injusticia social.

No estamos de acuerdo con un pacifismo que continúa luchando mientras redacta tratados de paz.

No tenemos fe en el pacifismo representado por los empresarios que derriban a golpes a sus competidores, ni creemos en el pacifismo de aquellos que ni siquiera pueden vivir en paz con sus propias esposas.

Rechazamos todo pacifismo que aporta beneficios o ventajas a ciertas naciones o empresas.

Dado que existen tantas clases de pacifismo en las que no podemos creer, preferimos no usar la palabra «pacifismo» bajo ningún concepto. Pero nosotros somos amigos de la paz y queremos ayudar a conseguir la paz. Jesús dijo: «Dichosos los que trabajan por la paz». Y si realmente queremos la paz, tenemos que defenderla en todos los ámbitos de la vida. No podemos causar perjuicio al amor de ninguna manera y por ninguna razón. Por tanto, no podemos matar a nadie; no podemos causar ningún daño económico a nadie; no podemos participar en un sistema que establece niveles de vida más bajos para los obreros que para los profesores universitarios.

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Contribuido por Eberhard Arnold Eberhard Arnold

Eberhard y su esposa Emmy estaban desilusionados por el fracaso del establecimiento - especialmente de las iglesias - para ofrecer soluciones a los problemas de la sociedad en los turbulentos años después de la Primera Guerra Mundial.

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