Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. 1 Corintios 13:10

Put your text here and be amazed!En la inmensidad del basto universo, nacen y mueren millones de estrellas, y ahí, flotando está; nuestro insignificante planeta. Su giro y trayectoria nos orienta, día a día, año con año. Entre diciembre y enero, estamos más cerca del Sol; tiempo que recordamos el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo; tiempo que termina y comienza un ciclo nuevo. “Aleluya, la vida sigue”…

Ninguna profecía ni la ciencia ni la más sofisticada tecnología, sustituirá jamás “el amor de Dios que está con nosotros”. Su amor celestial, le da vida a todo lo que existe en el firmamento infinito; amor que engendró y resucitó a Jesucristo.

Las manifestaciones prodigiosas que hizo Jesús, y la serenidad, alivio y Redención que Él trae, hoy y siempre al corazón humano; son fruto del amor de Dios que está con nosotros: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Luz eterna que se expande desde el corazón del universo, a todo lo que existe. Luz de vida que hace palpitar el corazón humano, y alumbra sus sentidos.

Tristemente, las debilidades humanas: envidia, crítica, engaño, ambición, etc., crean escepticismo, confusión y contradicciones; camino a la oscuridad y la muerte.

Sólo un genuino arrepentimiento y amor verdadero, es el camino a la inmensidad luminosa de Dios, para vivir en armonía con su creación.

Un genuino arrepentimiento y amor verdadero; es el reto de dimensión cósmica, al que Dios nos exhorta y suplica por medio de su Hijo.

Jesucristo, es el amor perfecto. Su propósito —dirigir nuestra alma a la Luz eterna— regresar a nuestro planeta.


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