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Yo, que siempre he tenido una vida muy protegida, casi no tengo derecho a hablar de sufrimiento, pero sin embargo lo hago, porque es al sufrimiento de Jesucristo que todos debemos tanto, y porque el sufrimiento nuestro puede adquirir sentido y razón si lo miramos bien.

Yo lo interpreto así: si mi sufrimiento me hace pensar en el sufrimiento de Cristo, se transforma en parte de su sufrimiento, y me hace parte de su obra redentora. En San Mateo 10:38, Jesús dice que él que no asume su propia cruz no es digno de Él, que también se puede interpretar como que él que sí acepta su propia cruz es digno de Él, que a mí me parece que es lo mismo que colaborando en su obra de redención.

Fuente: No hay prueba que no acarree una bendición