0320

Jesús no es Santa Claus para sentarnos en sus piernas, sentirnos bien con lo que somos y después seguir como si nada, esperando recibir regalos. Su compasión es una fuerza que nos transforma: éramos ciegos, ¡ahora vemos! Cojeábamos, ahora caminamos. Estábamos sucios, ahora estamos limpios, santificados y justificados. Esta es la naturaleza del amor de Jesús. Amor que Él ofrece a todos. Jesús nunca condena a nadie. Ni deberíamos nosotros. Pero tampoco Él se queda callado. Su palabra es liberadora: “Vete y no peques más” le dice a la mujer sorprendida en adulterio. Para aquellos que pretenden continuar como son, deseando aceptación y reconocimiento, entonces, el amor de bienvenida de Jesús es excesivo, demasiado peligroso. Jesús ciertamente da la bienvenida a todos, pero su recibimiento; es siempre una invitación al cambio. Cambiaremos?

Fuente: “¿Será cierto que todos son bienvenidos?”