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A menudo en nuestras comunidades oigo hablar de asistentes o de directores «quemados», es decir de personas que han sido demasiado generosas y se han lanzado a una actividad desenfrenada, que finalmente les ha destruido en lo profundo de su afectividad, porque no han sabido distraerse. Los responsables deben enseñar a los asistentes, y a veces incluso exigirles, una disciplina en el reposo psíquico y en el esparcimiento. Deben indicarles los medios para enderezarse espiritualmente. Y deben darles ejemplo.

Fuente: Comunidad: Lugar de perdón y fiesta