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La pureza de corazón es la que nos permite ver a Dios en un mundo donde la contemplación está herida por el pecado: no podemos estudiar la creación sin ser movidos por la propia compasión de Dios por ella. Por eso no debemos sorprendernos cuando la estudiosidad plantea verdaderas demandas sobre nosotros: demandas de servicio. La estudiosidad impulsa el servicio, no para hacer la creación más placentera o más útil para la cultura de consumo, sino para conformar la propia creación de Dios a su verdadera intención sobre ella.

Fuente: Dando a Dios nuestra atención