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Una de las mayores desgracias de hoy entre los que están fuera de la cárcel es su sentido de inutilidad. La gente joven dice: ¿qué bien puede hacer una persona?; ¿qué sentido tiene nuestro pequeño esfuerzo? No son capaces de ver que tenemos que poner los ladrillos de uno en uno, dar un paso y luego otro, que sólo podemos ser responsables de la acción del momento presente. Pero podemos rogar por un aumento del amor en nuestros corazones que vivifique y transforme todas nuestras acciones individuales, y sabemos que Dios las tomará y las multiplicará, como Jesús multiplicó los panes y los peces.

Fuente: Si crees lo que dices, hazlo realidad