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En la nueva familia de Jesús, las cosas están al revés: los primeros son los últimos, y los menores son los más importantes. Las cosas no son «naturales». Las personas son más valiosas que las posesiones, y el amor por nuestros familiares biológicos da lugar a servir a todos los que nos rodean, incluso a los que son muy diferentes de nosotros. Como los niños que prestan poca atención a cuestiones de raza o estatus social, entramos en una forma radicalmente nueva de relacionarnos unos con otros.

Fuente: Los sorprendentes valores familiares de Jesús