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El profeta Isaías habló en una época cuando el pueblo de Dios estaba en grave peligro ante enemigos invasores. Uno puede imaginar el tremendo disturbio, conmoción y confusión que hubo cuando fueron presa de enemigos asesinos, vengadores, sedientos de sangre y depredadores. En situaciones tan desesperadas, es natural que nos volvamos intranquilos hasta el punto de la locura y clamemos con miedo. Pero Isaías le dice al pueblo de Dios que se tranquilicen y se calmen, que tengan paciencia y esperanza. Aquellos que aprenden a confiar y a serenarse en medio de la aflicción encontrarán la salida y recibirán ayuda.

Fuente: El Dios que sana