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Así como estamos hermanados en el pecado, podemos hermanarnos en el arrepentimiento. Yo también he pasado por momentos de desesperación, pero sepas que Dios no quiere que desesperemos nunca. Nunca digas ni pienses que «ya no tienes perdón de Dios». Fíjate que Jesús perdonó al ladrón en la cruz y le dijo que este mismo día iban a estar juntos en el paraíso, por el mero hecho que el ladrón había reconocido su falta. En esta situación estamos también nosotros. Nuestro arrepentimiento es lo único que Dios espera de nosotros, y yo estoy convencido de tu arrepentimiento. Ni tú ni yo no tenemos ninguna razón para desesperar, al contrario.

Fuente: Cartas a un joven preso