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Jesús nos advierte sobre utilizar las palabras religiosas sin obras. Tenemos que proclamar a Jesús, pero esto no significa que tengamos que decir «Señor, Señor» todo el tiempo. Una buena conciencia responde con alegría, siempre que alguien habla desde el Espíritu Santo. Pero cuando alguien habla desde su propio carisma o personalidad, y se aleja del centro a Jesús, se hiere al Espíritu Santo. No nos convertimos en santos, después de que nacemos de nuevo. Seguimos siendo gente pecadora que necesita la gracia del perdón cada día.

Fuente: Discipleship