two unfurling ferns

No basta con llegar a la oficina o al surco, o al taller, cuando apenas comienza el día, y laborar como lo indica la costumbre. Lo que importa es poner en el trabajo, diariamente, amor y buena voluntad, para que el pan salga dorado de los hornos, bien hecho y bien cocido, y los dibujos de las telas nuevas, al recibir el agua de la lluvia, no pierdan sus colores.

Es un deber del sacristán tocar con entusiasmo la campana y sentir que la música que cae de la torre, sobre la plaza de los pueblos es buena para el alma de los hombres. El carpintero que hace mesas, o alcancías o armarios, no puede contentarse con serruchar en forma ciega. Tiene la obligación ante si mismo y ante los demás de hacer bien su trabajo y dejar en las tablas un poco de su espíritu…

Haga bien su trabajo, barrendero; deje la calle limpia y dibuje en el suelo, con la escoba, grandes mapas de música. Haga bien su trabajo, soldador; trate de que la mano no le tiemble cuando el fuego comience a cocer los metales. Haga bien su trabajo, Capitán: Lleve los buques hasta el puerto, con mano firme y ojos vigilantes.

Haga bien su trabajo, todo el mundo: El vendedor de helados inclusive, para que un grito suyo - uno solo -, refresque los caminos del verano.

Fuente: Colección ICBF de literatura infantil, Vol 3