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Morning over the bay

Creados para ver

por Alice von Hildebrand

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La Dra. Alice von Hildebrand, filósofa y teóloga católica, es viuda del filósofo alemán y honesto orador anti- nazi, Dietrich von Hildebrand. Ella enseñó filosofía en el Colegio Hunter durante treinta y siete años, hasta su retiro en 1984, y ha escrito varios libros. Nació en Bélgica y llegó a los Estados Unidos en 1940. En una extraordinaria entrevista el pasado mes de octubre en su apartamento de Manhattan, Hildebrand de 88 años de edad, habló largo y tendido sobre temas que van desde la feminidad, el matrimonio, el celibato, hasta el destino eterno del alma humana.

Todos tenemos lados ciegos. Recuerdo a mi marido hablando del día que Cristo visitó Jericó. En la entrada había un hombre ciego gritando y llorando, "¡Ayuda! ¡Ayúdame!" Cristo fue a él y le preguntó, "¿Qué quieres?" Y él respondió: "Que yo pueda ver". Estar físicamente ciego es una cosa terrible y por eso, este hombre pidió poder ver físicamente. Él sabía que era ciego. Nosotros estamos moralmente ciegos y el problema es que no lo vemos.

La gente vive tan confundida y es que la ceguera moral es un cáncer de nuestra sociedad. Casi nunca voy más a la ciudad de Nueva York, sin embargo, fui hace un par de semanas, y cuando ves las modas de hoy en día uno no puede evitar pensar: "Estar ciego tiene sus ventajas" y también estar sordo. Como bien sabemos, no tener hijos es muy triste, porque los niños son una de las mayores bendiciones de la vida. No obstante, si actualmente tuviera yo un hijo, creo que viviría en constante temor de que pudiera ver tanta pornografía. Cuando yo era niña, yo ni siquiera sabía que eso existía, y desde luego no recuerdo haberla visto. Pero ahora, tan sólo visitar un centro comercial está en todas partes. ¿Cómo podemos proteger a un niño inocente, hoy en día?

Jesús nos dice: "¡Ay de los que engañan a estos niños pequeños! Sería mejor para ellos tener una piedra de molino colgada alrededor de su cuello" (Mt 18:6). Esto es lo que está sucediendo. Los niños ven la televisión y tienen acceso al Internet, y ¿a qué están expuestos? ¡Pornografía!

No hay quién pueda reparar un problema que existe, si la persona involucrada no quiere verlo. En la ciudad de Nueva York, yo lo viví durante miles de horas enseñando filosofía como maestra universitaria. Si yo hubiera enseñado francés, mi lengua materna, no habría sido difícil, porque si alguien hubiera levantado la mano en desacuerdo conmigo, habría hecho el ridículo. Evidentemente, porque yo sé francés y ellos no. Pero hablar de cuestiones sobre la verdad y el comportamiento, sobre justicia o la pureza, la gente se dispara a alzar la mano para decir: "Eso es sólo su opinión, yo no estoy de acuerdo".

La escuela donde yo enseñaba era básicamente una institución atea, y yo tenía que tener mucho cuidado con lo que decía, porque decir algo que apenas huele a cristiano, se me podría culpar de enseñar religión y no filosofía. Una vez di a entender como hecho, que el amor debe ser un vínculo permanente entre un hombre y una mujer, y no la búsqueda superficial de diversión. Un estudiante levantó su mano y declaró: "No estoy de acuerdo, yo estoy disfrutando un gran momento y ella también. ¿Qué hay de malo en eso?" ¿Qué más podía yo decirle? O puedes ver o no puedes. Porque si siendo joven duermes todas las noches con otra persona y a veces es divertido y otras veces no, será muy difícil convencerle de que está mal. Cuando se está moralmente ciego, simplemente no se puede ver.

Realmente necesitamos a los profetas del Antiguo Testamento. Sin embargo, muchas personas no quieren escuchar la verdad. Cuando la bomba atómica fue inventada en los años 40, me dije a mí misma: "Ahora más que nunca el hombre va a pensar que es un dios". Hoy en día hemos "progresado" al punto de creer que podemos controlar todo. En el Génesis, Dios dijo: "Que exista". El hombre por el contrario, dice: "Que no exista". Cuando salgo a mi terraza donde puedo ver la ciudad de Nueva York, a veces pienso: "Si algún loco quisiera, podría hacer estallar todo esto en un minuto". Oprimiendo un botón, solo quedará polvo, cenizas - y cucarachas, que al parecer podrían sobrevivir una explosión atómica.

Así que podemos destruir el mundo, y sin embargo, todavía nos engañamos pensando que un día podremos crearlo; cuando logremos realmente vencer la muerte. Somos reyes, somos dioses. Por eso, ¡nuestro mundo está amenazado de muerte! Fue Satanás quien dijo: "Serán como Dios".

Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo podemos ayudar que otros vean? No es con predicación. La predicación es un camino muy arriesgado, porque la gente te acusará de sentirte superior a ellos. Yo creo que la mejor solución es la oración. Tenemos que orar por los demás, porque nadie puede obligar a otro a ver las cosas de manera diferente. Así mismo, tenemos que mirarnos a nosotros mismos. Yo me encuentro al final de mi vida y sé que hay ciertas cosas acerca de mí misma que no veo. Para ver mis propias faltas necesito una de las virtudes más valiosas que nos enseñan los evangelios: "Humildad". ¿Y quién nos enseña la humildad? Cristo. Hijo de Dios que se hizo hombre, para compartir nuestra débil naturaleza humana. Él conoció el sufrimiento, la angustia, el miedo.

Oremos por el mundo. Oremos, porque éste es un tiempo crítico. Cuando Jesús nos habla del fin de los tiempos, dice que las personas vivirán en desobediencia, gran confusión y cosas horribles sucederán (Lc 21; Mt 24; Mc 13). Y realmente parece que está hablando de la actualidad.

Sin embargo, hay esperanza. Sigo creyendo que la mejor manera de ayudar a los demás es tratar de irradiar realmente lo que la gente quiere y no tiene: "paz y alegría". Tratemos en una forma muy modesta de irradiar esa paz que Dios nos quiere dar. Sigamos luchando por esto hasta que las personas finalmente nos pregunten, "¿Cuál es tu secreto?" Entonces quizás, ellos puedan comenzar a ver.

Times Square New York
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Contribuido por Alice von Hildebrand in 2012 Alice von Hildebrand

Extractos de entrevistas con la Dra. Alice von Hildebrand, filósofa y teóloga católica sobre temas que van desde la feminidad, el matrimonio, el celibato, al destino eterno del alma humana.

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