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Morning over the bay

Testimonio vivo del matrimonio

por Johann Christoph Arnold

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  • Oscar González H

    Me parecen Libros muy interesantes para crecer espiritualmente,asi que voy a leerlo. Muy agradecidos por los libros,espero leer muchos.

  • sara

    hermoso cuanto quisisera que mi matrimonio este complementado por todo el mensaje que lei, lastimosamente mi esposo cree en Dios a su manera. el dice que no es necesario ir a la iglesia pero en si desconoce todo el plan de Dios soy catolica carismatica y pido a nuestro padre celestial que transforme su corazon, por que siento que ya no me ama, y pienso qiue estamos juntos por el bien de mis hijas pero yo lo sigo amando, justamente por que hemos sido bendecidos por el Señor

  • Wanda Marin

    excelente testimonio de vida matrimonial

La presentación de Johann Christoph Arnold en el Coloquio Humanum con el Papa Francisco el 17 de noviembre de 2014.

Qué alegría estar hoy con todos ustedes para celebrar y proclamar el tesoro del matrimonio, otorgado por Dios, un plan que es tan perfecto hoy como lo fuera en el comienzo: un hombre, una mujer, para toda la vida.

Un agradecimiento especial al hermano Cardenal Gerhard Müller por su invitación y cálida bienvenida, al hermano Papa Francisco por su testimonio y apoyo a este coloquio, a todos los hermanos y hermanas en la fe por haber asistido, al Dr. Wael Farouq, por su presentación, y a todos aquellos que han contribuido y contribuirán en los próximos días. Que toda la alabanza y el honor sean para Dios.

Este encuentro me llena de esperanza y muestra la importancia de dar testimonio vivo del designio de Dios para el matrimonio. Los niños y los jóvenes necesitan desesperadamente ver modelos de comportamiento que prueben con sus propias vidas que el matrimonio fiel es una de las formas más maravillosas en que podemos servir a la humanidad. Pero las parejas casadas por sí solas no son suficientes. Necesitamos comunidades fuertes en la fe, para sostener y apoyar esos matrimonios.

Mi esposa Verena y yo hemos experimentado esto durante cuarenta y ocho años de matrimonio. En nuestra boda, hicimos votos de fidelidad de por vida, con Jesucristo como la base de nuestro matrimonio, como se ha hecho en la iglesia anabaptista durante casi 500 años. Recibimos la bendición del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacobo, que ha sido un legado por miles de años. ¡Dios realmente nos bendijo! ¡Tenemos ocho hijos, cuarenta y cuatro nietos y dos bisnietos!

El año pasado a mi esposa le diagnosticaron un serio cáncer y más recientemente sufrió un ataque cardiaco. Parecía que el demonio lo intentaba todo para evitar que llegáramos a Roma, pero “Gloria a Dios” estamos aquí hoy.

Comparto esto porque somos exactamente como cualquiera de ustedes, con nuestras luchas y desafíos, y hemos llegado a entender cuán importante es pertenecer a una comunidad de creyentes, que protege los valores que sustentan el matrimonio. Esto es cierto en Bruderhof, la comunidad de la iglesia de la cual provengo, y lo es en todas las grandes tradiciones de fe que se encuentran aquí hoy. Es por eso que tengo la esperanza de que el matrimonio, tal como Dios quiere que sea, brille y salga victorioso aun en estos tiempos oscuros.

Vivimos tiempos agitados. Lo mismo ocurría en 1920, cuando mis abuelos, Eberhard y Emmy Arnold, formaron en Alemania una pequeña comunidad, basada en las enseñanzas de Jesús e inspirada por los testimonios de los primeros cristianos. Se reunieron con parejas solteras y casadas para vivir una vida compartida de completa generosidad, como se describe en el Libro de los Hechos. Ese humilde comienzo creció hasta la formación de veinticinco comunidades Bruderhof en cuatro continentes.

Siendo un hermano de este movimiento por los últimos treinta años, he observado el declive moral y espiritual de la civilización occidental, junto con el trágico quiebre de la familia. Por sobre todo, nos hemos dispuesto a defender la santidad de la vida, el sexo y el matrimonio.

Creemos que el matrimonio es más que un contrato privado entre dos personas. Dios no tenía en mente solamente la felicidad personal de individuos por separado, sino el establecimiento de relaciones temerosas de Dios en una comunión de familias bajo su doctrina. El matrimonio es parte de la creación original de Dios y santifica cada generación por haber sido “hecha a imagen de Dios”. Dios creó lo masculino y lo femenino, a través de cuya unión se pudiera poblar la tierra y prosperar. En el plan de Dios, cada niño tiene un padre y una madre.

Como equipo pastoral con mi esposa, hemos visto que el matrimonio es vulnerable sin una hermandad de creyentes que se acompañan buscando fuerza, apoyo y consejo. Si queremos matrimonios fuertes necesitamos construir comunidades fieles, dedicadas a vivir las enseñanzas de Jesús sobre la castidad, el perdón y la generosidad. Esto significa tanto parejas como personas solteras que demuestren lo que significa ser verdaderos discípulos de Dios.

Esto no es fácil. Nuestra naturaleza humana muy fácilmente cede ante pecaminosos deseos. Pero el egoísmo que nos lleva a la infidelidad y el divorcio puede superarse a través de Jesús y su Espíritu. Lo que Dios une puede permanecer unido. A través de Jesús, los muros de la amargura, la culpa y la ambición egoísta que nos divide, pueden ser derribados.

En la propia comunidad de mi iglesia, hay personas de todos los caminos de la vida, muchas de las cuales antes de unirse a nosotros formaban parte de familias muy destruidas. Nuestras parejas, como las parejas de todo el mundo, tienen que trabajar duro para nutrir la clase de amor que realmente perdura. A veces se encuentran a sí mismos en crisis, debido a la falta de confianza o la falta de perdón, o la inmoralidad sexual. Pero a través de la ayuda de Dios y de los hermanos miembros de la iglesia, los milagros de reconciliación y sanación pueden suceder, y suceden. La oración es una parte crucial en este proceso; como el viejo dicho lo señala: “Parejas que oran juntas, permanecen juntas”.

Para proteger a los matrimonios, nosotros, como individuos, familias, e iglesias, debemos hacernos responsables y animarnos mutuamente. Nuestros niños necesitan ver una vida de modestia, simplicidad, trabajo duro, y sobre todo amor a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Por supuesto, el plan de Dios no siempre será bienvenido. En 1995 envié mi primer libro, Sex, God and Marriage (Sexo, Dios y matrimonio) a mi querido amigo, el cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito. Se lo presentó al Papa Juan Pablo II y escribió en respuesta lo siguiente:

Estuve encantado de entregar Sex, God and Marriage al Santo Padre. Se mostró muy contento por este gesto ecuménico y, más que eso, por el contenido, y por la armonía de la convicción moral que emana de nuestra fe común en Cristo. Tal convicción inevitablemente despertará el odio, y hasta la persecución. El Señor lo predijo. Pero con él debemos continuar intentando superar al mal a través del bien.

Estas palabras probaron ser proféticas, pues tristemente tal odio y persecución han comenzado ahora. Hoy, el matrimonio de por vida entre un hombre y una mujer está siendo rechazado y aquellos que lo defienden son menospreciados. Pero debemos continuar defendiendo el matrimonio para nuestros hijos.

La familia es el basamento para la sobrevivencia de la raza humana. Debemos permanecer fieles y animarnos unos a los otros, tal como lo estamos haciendo hoy. Le agradezco a Dios que nuestro hermano Papa Francisco continúa haciendo esto en la “armonía de la convicción moral que emana de nuestra fe común en Cristo”. Recordemos las palabras de Jesús: “Donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estaré yo también”.

Las falsas enseñanzas sobre el matrimonio no pueden ser revertidas solo por palabras. Los niños y jóvenes necesitan ver el amor y la verdad de Dios en acción. Experimenté esto a través del ejemplo de mis padres, que enfrentaron obstáculos increíbles durante sus cuarenta y seis años de matrimonio, incluyendo la pérdida de dos bebés. Pero nunca flaquearon. A través de su amor a Jesús tuvieron sus miradas puestas en el reino de Dios, hasta el final de sus vidas.

Tales ejemplos son necesarios hoy. Necesitamos ser más valientes, como en la antigua iglesia, una contra-cultura de simplicidad y ayuda efectiva, donde dediquemos nuestra entera energía a construir el reino de Dios, no a perseguir las cosas de este mundo. Los primeros cristianos dieron vuelta el mundo romano, en parte porque esposos y esposas permanecían fieles el uno al otro y a sus hijos –algo que los paganos no creían que fuese posible. Con la ayuda de Dios, nosotros también podemos hacer lo mismo hoy.

No debemos temer jamás al ridículo y la difamación que nuestro testimonio pueda generar. Como el apóstol Pablo escribió:

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. (Gálatas, 6:7-9)

Por lo tanto, sostengamos nuestras cabezas en alto, sabiendo que si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en contra de nosotros? Demos juntos el testimonio vivo de que el plan de Dios para el matrimonio y los hijos es feliz, verdadero y duradero. Nada podrá detenernos si proclamamos este inocente y simple mensaje. Es Dios quien sostiene la hora final de la historia en sus manos y él será victorioso.

http://youtu.be/o8SZJ-WNWAw

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