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¡El Señor reina! ¡El Señor se ha vestido de magnificencia! ¡El Señor se ha revestido de gran poder! ¡El Señor afirmó el mundo, y éste no se moverá! – Sal 93:1

Señor y Dios nuestro, tú eres rey, fundando un reino que llega hasta los confines de la tierra y su establecimiento perdurará para siempre. Te damos gracias porque tú nos proteges, por lo que no hay enfermedad del cuerpo o del alma que nos pueda hacer daño permanente. Te damos gracias por levantarnos una y otra vez a la vida verdadera con la luz y la fuerza para superar lo que es terrenal, vida verdadera con la flexibilidad para permanecer confiados y seguros pase lo que pase, vida verdadera dirigida al gran propósito del reino de Dios, que a nosotros prometió Jesucristo. Amén.