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child hugging a parent

Ánimo para los padres

por Johann Christoph Arnold

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Jesús dijo que solo los niños —o los que son como ellos— entrarán en el reino de Dios. A diferencia de los adultos, los niños no son seres divididos o duales. Son un todo; son vulnerables; son del todo dependientes de padre y madre. Cristo nos llama a volvernos como niños, y esto significa que debemos dejar todo y llegar a ser absolutamente dependientes de Dios y unos de otros.

Si nosotros como padres amamos a Dios con todo nuestro corazón y alma, nuestros hijos tendrán la reverencia debida por nosotros, y nosotros también tendremos reverencia por nuestros hijos, y por el maravilloso misterio de convertirse y ser un niño. El elemento básico de una vida familiar verdadera es la reverencia por el espíritu que se mueve entre padres e hijos.

Estas palabras de Jesús expresan el enorme valor que tiene el alma de un niño pequeño a los ojos de Dios. Podemos estar seguros que Dios cuenta cada cabello de cada niño, y que cada niño tiene un ángel de la guarda que siempre tiene acceso al trono de Dios.

La seguridad interior de un niño comienza en su relación con sus padres.

La inocencia de un niño es una bendición enorme. Sin embargo, existe una inclinación al pecado en todos los niños, y por lo tanto tenemos que guiar a los niños de buena manera para que no pierdan su inocencia infantil, es decir, su pureza de corazón. Inducir a un niño a pecar es un crimen terrible.

Es más importante guiar a los niños a un amor intenso por Cristo que enseñarles —mucho menos obligarlos— a decir, cada mañana o noche, oraciones habituales que no salen del corazón. Los niños pueden aprender a amar a Dios a través de canciones e historias de la Biblia, y de escuchar sobre la vida de Jesús. La primera tarea de padres y educadores es despertar en los niños un amor por Cristo. Después, también despertará en ellos un impulso interior para orar a Jesús.

La seguridad interior de un niño comienza en su relación con sus padres. Los diez mandamientos no dicen en vano: «Honra a tu padre y a tu madre». Hemos descubierto que cuando un niño no aprende a honrar a su padre y a su madre, a menudo le resulta difícil adaptarse a la sociedad más tarde en su vida.

De una carta: Para un niño el temor de Dios debe comenzar con el temor del padre y la madre. La idea de temer a Dios es bíblica, pero esto no significa que un niño debe tener miedo de sus padres o miedo de Dios. Simplemente significa que debe tener una profunda reverencia, un profundo respeto y un profundo amor por ellos.

De una carta: En cuanto a la educación de los niños, yo diría que en general soy cauteloso con los extremos, del péndulo que oscila de un lado a otro, de la dureza a la suavidad, de la depresión a la euforia desmedida, de un enfoque negativo a uno positivo que ya no ve ningún problema real. Hay que encontrar una forma de afrontar todas las dificultades con paciencia, alegría y claridad amorosa.

Como padres debemos superar la ilusión de que nuestros hijos son buenos. Debemos ser cuidadosos de no tener una visión demasiado optimista de ellos, y no debemos ser susceptibles si alguien cuestiona su comportamiento. Debemos amar tanto a nuestros hijos que estemos listos para luchar por sus almas.

No hay razón para desesperarse si uno falla una y otra vez. Uno debe simplemente seguir luchando. No se puede tolerar que un niño se eche a perder.

De una carta: Dicen que se sienten totalmente impotentes sobre el comportamiento difícil de su hijo. Por favor, no se escondan detrás de esta excusa. Todos somos impotentes y dependientes de Dios; ustedes no son diferentes. Pero es un pecado darse por vencido y alegar: «Somos incapaces». Como padres, ustedes son llamados por Dios para ayudar a su hijo y amarlo, pero también para luchar por él y ser firmes o incluso estrictos cuando sea necesario. Lo principal es que ganen el corazón de su hijo.

De una carta: Te suplico que luches por tus hijos. No hay razón para desesperarse si uno falla una y otra vez. Uno debe simplemente seguir luchando. No se puede tolerar que un niño se eche a perder. Sé compasivo, sé estricto, sé gentil de nuevo. No siempre será placentero, pero tú eres responsable ante Dios por tus hijos.

De una carta: Quiero animarlos a tener paciencia con sus hijos. Un poco de rigidez hacia los niños es saludable, pero no la impaciencia. Que Dios nos dé corazones pacientes.

De una carta: Es muy natural que la situación difícil con tu hija te duela. Sería poco natural si la madre no sintiera este dolor. Pero úsalo para profundizar tu fe en Dios, en Cristo y en la iglesia. Entonces serás capaz de encontrar la fe para tu hija y ayudarla.

Agustín, el místico, vivió una vida de pecado cuando era joven, pero tenía una madre muy devota, Mónica, que no dejó de creer y orar por él hasta que finalmente él se quebrantó y se arrepintió. Más tarde se convirtió en un siervo de Cristo, y durante siglos ha influido en las personas en su búsqueda de Dios. Te deseo la fe de Mónica. Comienza con el dolor que ahora estás sufriendo. A pesar de todo nuestro dolor, Dios siempre es más grande. Te saludo con mucho amor.

A girl hugging her mother in front of a school bus.
Contribuido por Johann Christoph Arnold Johann Christoph Arnold

Artículos y libros electrónicos por Johann Christoph Arnold sobre matrimonio, discipulado, oración y la búsqueda de paz. Página de inicio oficial de Johann Christoph Arnold.

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