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Sector del mural por Diego Rivera en la escalinata de Palacio Nacional referente a la lucha de Independencia.

Preocupación por el mundo, Parte I

por Stan Ehrlich

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En este artículo compuesto por extractos de cartas escritas a hombres y mujeres encarcelados, Stan, un judío sobreviviente del Holocausto, trata los temas de guerra y paz, sufrimiento en el mundo y nuestras actitudes frente a aquellos.

Me doy cuenta de que hasta en donde estás tú la vida se ha puesto más cara, y hasta por un 25%. ¿Qué vas a hacer? Si comparas este estado de cosas con la forma como va el mundo, es poca cosa. Estamos metidos en una guerra, los problemas sociales siguen sin resolverse, hasta a la naturaleza le hemos hecho tanto daño, que ya no sabemos si habrá agua potable para todo el mundo de aquí treinta años.

Sin embargo sabemos que el Padre en los Cielos, que cuidó tan bien de ti y de mí, va a cuidar de las generaciones venideras también. ¿Cómo? No nos incumbe a nosotros saber, sino rezar y confiar. Nosotros no sabemos por qué han de sufrir los inocentes, ¿pero no sufrió el mismo Dios en la persona de Cristo, que fue inocente también? Estoy seguro que los que participan en su sufrimiento, todas estas bellísimas criaturitas de por el mundo entero, participarán también en su resurrección y en su gloria, y ya no se acordarán (¿o tal vez sí?) de un mundo que creó Dios y que nosotros arruinamos.

Para mí, Dios nos habla a través de los desastres que nos rodean. Tal vez se da aquí y allá una oportunidad de abrirle los ojos a uno u otro. Yo estoy también rodeado de jóvenes con quienes puedo compartir mis pensamientos cuando se da la oportunidad. Estoy seguro que tú también, y se me ocurre que se nos ha pedido dar testimonio de nuestra fe cada vez que se presenta la oportunidad. ¿Recuerdas: «La cosecha es grande, pero los cosechadores son pocos»?


Estoy, como estamos todos, impresionadísimo por los acontecimientos. No sólo son las numerosas guerras y guerras civiles por el mundo, con sus indecibles crueldades, infamias y sufrimientos, no sólo las injusticias y las opresiones en aquellos lugares que dicen que están en paz, no sólo los preparativos para lo que podría llegar a ser la tercera (y última) guerra mundial, sino que casi me pregunto si ahora no era que Dios haya permitido a la misma naturaleza que nos muestre lo que es destruir una ciudad de un minuto para otro. Ahora si acuden las naciones para ayudar, y está bien, pero no acuden cuando la misma destrucción se abate sobre una ciudad que se ha tildado de «enemiga». Y siguen los armamentos...

¡Son tan estúpidas las guerras! Se enseña en las escuelas que las guerras se hacen entre naciones y naciones. ¡Mentira! Las guerras se hacen entre ricos y ricos, empleando a los pobres para hacerlas. Total. Los pobres no están para otra cosa. Si no van a la guerra, se mueren de hambre igual. ¿Así qué? No importa tampoco que cambien los gobernantes, ni siquiera cual fuera su origen social. ¿Fueron menos rapaces los pobres cuando por fin se apoderaron del poder? ¿Fueron más generosos, en una palabra, más amantes? Me doy cuenta de que estoy generalizando en gran forma, pero también estoy mirando hacia atrás por un período de dos mil años y de cuatro mil años, y no veo diferencia ni progreso. Lo que sí veo es un diluvio que no nos enseñó nada, una serie de catástrofes que no nos enseñaron nada, docenas de profetas a quienes no hemos escuchado, y hoy una sociedad global maestra de una tecnología más que asombrosa, y con una mentalidad de Neanderthal.

Que tu hijo siga buscando, que creo que está buscando en la buena dirección, y me da satisfacción que sea así. Me alegro por cada muchacho que piense y vaya más allá de los torpes y más que torpes intereses y preocupaciones de la juventud de hoy, y no sólo de la juventud, sino de la gente en general. Y esto no lo digo con un espíritu de menosprecio, sino de lástima, y hasta con un sentido de responsabilidad propia, porque ¿no estamos acaso todos responsables por la sociedad en la cual vivimos? Si fuera que algún día le escribes acerca de los amigos que tienes, háblale de aquellos que quieren alentarlo en sus búsquedas, y si pueden, ayudarle.

Te dije que andábamos muy ocupados, y que es una bendición, ¿verdad? Pues, el sábado pasado estuvimos el día entero con un sacerdote español de visita, que tiene una cátedra de teología en la Universidad de Valencia, y se especializa en asuntos ecuménicos. Nos dejó una pila de literatura, y entre ella un artículo sobre el tema escrito por un teólogo islámico. Y fíjate qué cita del Corán encuentro en su artículo: Dios no cambia nunca una sociedad si aquellos que la componen no cambian lo que hay en ellos. (XIII, 11 ). Y el autor agrega: Mensaje imperioso para demasiados revolucionarios que quieren cambiarlo todo sin cambiarse a mismos. Da que pensar, ¿verdad? ¿Sabes qué me recuerda? Y lo digo sin falta de respeto al Corán, pero en San Lucas Jesús dice que si sus discípulos se callaren, iban a gritar las piedras. Pues, los discípulos son la iglesia, a mi entender, y la iglesia como tal está callándose en lugar de poner el grito en el cielo, de manera que «las piedras» se pusieron a hablar. Pero no les hacemos caso tampoco...


Estamos pensando en tu hijo, y rogamos por él. Hizo bien, e hicieron bien todos los que protestaron... y fueron arrestados. Es inconcebible la arrogancia, la estupidez, el desdén de la dignidad humana de un poder embrutecido y cegado por el materialismo.

Pero más y más me doy cuenta últimamente que si bien está justificado que uno se manifiesta contra el gobierno y contra los agentes del mal en el mundo, sin embargo no es suficiente. Todos, y digo todos, debemos preguntarnos si acaso no será que tenemos alguna, y a lo mejor mucha, responsabilidad nosotros mismos por el estado de las cosas. (No estoy hablando de tu hijo, ¡sino de mí!).

Ejemplo: yo he sido educado en un ambiente democrático, liberal y más bien de izquierda. Pero nunca se me advirtió de que aún en esta idiosincrasia la riqueza privada, el colonialismo, el servicio militar, el nacionalismo eran caminos pecaminosos, porque la noción del pecado, o sea del acto contrario a la voluntad divina, no cabía. Mis padres, que eran unas buenísimas personas, no pudieron enseñarme a mi sino lo que habían aprendido desde hace generaciones. Pero es en este ambiente precisamente que florecen los poderes que luego se encarnan en gobiernos imperialistas etc. Y no hay partido político, no hay fuerza humana que pueda remediar estas cosas, sino sólo y únicamente la «revolución de Dios».

Una vez reconocida esta responsabilidad que consistía en negarme (por decisión o ignorancia) a someterme exclusivamente a la autoridad de Dios, debo cumplir con ella, o declararme culpable también. Repito, no estoy reprochándole nada ni a tu hijo ni a los otros, que están levantándose no sólo contra un poder colonizador específico, sino contra una manifestación del mal por sí. ¡Lo que hacen es sacrificio y altruismo! Desde luego que admiro lo que hacen. ¡Nunca hice cosa ni similar!

Sino que estas reflexiones que he elaborado por así decir para mi propio uso, me las hice como una tentativa de poder encarar en alguna forma la enormidad del mal entre nosotros, y al mismo tiempo obedecer al mandamiento de amar a mis enemigos. Para amar, pensando en términos muy humanos, hay que haber un parentesco — y a lo mejor el parentesco se descubre no sólo por tener potencialmente las mismas disposiciones, sino también por descubrir que se eso ha sido responsable por lo que pasa. Si me permites decirlo, diría que mi decisión ha dado lugar a que entre mis hijos y nietos habrá quienes no serán ni latifundistas ni militares. Lo digo esto en forma algo ingenua, pero cuento con tu comprensión.

Sector del mural por Diego Rivera en la escalinata de Palacio Nacional referente a la lucha de Independencia. Sector del mural por Diego Rivera en la escalinata de Palacio Nacional referente a la lucha de Independencia.
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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