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Pink Flowers from Uruguay

Una nueva vida Parte II

por Stan Ehrlich

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El próximo artículo en una serie basado en cartas escritas a hombres y mujeres encarcelados responde a las preguntas de un nuevo cristiano. Sin anteponerse a la gente que aconseja, él más bien los dirige con humildad, amor y cariño, al camino angosto y la vida nueva en Cristo. Leer parte I aquí.

Te hablo del intento más que del cumplimiento, para que te convenzas de que no soy ninguna «gran persona» como tú tan amablemente dices. Tengo por dentro los mismos problemas y conflictos que tú, y menos excusas que tú para no resolverlos, porque no me han tocado tales desastrosos choques como te han tocado a ti. Como creo que ya dije en otra carta, he cometido mis faltas al igual que tú, y únicamente por ser más pequeñas que las tuyas (¡supongo!) no me han llevado adonde tú, pero pecado es pecado, no importa su tamaño. Y lo importante, cuando erramos, es reconocerlo como pecado en primer lugar, porque el pecado es cosa de la cual uno puede arrepentirse delante de Dios, y conseguir su perdón. ¡Que esto es lo único que verdaderamente vale!

Pero si es que te ayudo en algo con nuestra correspondencia, alabado sea Dios por habernos brindado esta oportunidad, que es tanto para mí como para ti. A lo mejor lo dije ya, pero siempre me gusta recordar que Jesús dijo que «donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo», y si Jesús está con nosotros, ¡tenemos el partido ganado! Recuérdate también del «buen ladrón», como se le llama, crucificado al lado de Jesús, y ¡aquí Jesús dijo que iba a estar este mismo día con Él en el paraíso!

Acerca de los libros que estás leyendo: no los conozco y no tengo idea de lo que son. Pero si es que te tienen asustado, como tú dices en tu carta, no valen. Perdóname que lo diga tan sin ambages, pero la palabra de Dios, el mensaje de Dios enseña y advierte, eso sí, pero siempre es un mensaje de amor, de promesa y de perdón. Cierto que podemos pecar y separarnos de Dios, pero siempre hay posibilidad de arrepentimiento y de perdón. Después de una primera parte de mi vida que fue bastante mala me he convertido, pero aún después de esta conversión he cometido faltas de las cuales pude arrepentirme y ser perdonado. Esto le pasa a todo creyente, aunque, por cierto, hay cosas que se dejan atrás de una vez por todas. Así que digo, no quiero juzgar una cosa que no conozco, como estos libros, pero los mismos títulos me parecen tales que te digo cuidado con dejarte impresionar.

He leído S. Mateo 24:36-44. Sí, este pasaje nos advierte que estemos preparados, pero no tiene por qué infundir miedo. Lo mismo con el pasaje de S. Lucas. En cuanto a S. Juan 16:33 — la forma como lo veo yo es un gran consuelo, porque Jesús nos dice que el mundo en verdad infunde miedo, pero Jesús ha sobrellevado al mundo. — Ni tú ni yo no seremos nunca perfectos, pero nuestra fe en Jesús y nuestros mejores esfuerzos de obedecerle valdrán en sus ojos.


Yo no sé lo que es estar bajo una condena de 25 años, de estar separada de la familia, de haber perdido el esposo, respeto tu dolor y casi no me atrevo a ofrecer consejo. Sin embargo, sé con toda seguridad y me consta que Jesucristo ha venido a esta tierra precisamente para gente como nosotros y como tú. Y que ha prestado atención especial a los que estaban presos. Sólo nos pide dos cosas: que tengamos fe, y que le hagamos caso. Ambas cosas, y sobre todo la segunda, significan servirle. Y servirle significa servir al prójimo, sea quien fuere, amarlo, lo que significa no odiarlo. Para hacer esto, que sabemos que no es fácil, debemos pedir en oración la ayuda del Espíritu Santo, que nos va a ayudar, según la promesa misma del Señor. Pero, en retorno, Él nos traerá paz y satisfacción al corazón. Estemos donde estemos, aunque sea en una cárcel, no sólo habremos hecho algo para nosotros mismos, sino más aun habremos hecho algo para Jesús, su Espíritu, y su Reino. ¿Acaso no rezamos cada vez que rezamos el Padrenuestro, «que venga tu Reino»?, ¿y acaso no se nos ha dicho, que primero nos preocupemos por el Reino, y que todo lo demás nos será añadido?

No estoy haciendo otra cosa que citar las palabras mismas de Jesús. No son palabras que se entienden de inmediato, ni que se viven de inmediato. Lo sé yo por mi propia vida. Pero el meditarlas, recordarlas, día tras día, es una gran ayuda, porque con el tiempo cambian algunas cosas. Por ejemplo, pude darme cuenta de que en medio y a pesar de mí miseria, «sirvo para algo», y que este «algo» es lo que Dios espera de mí.


Dios no quiere que su vida no tenga sentido y propósito, sino quiere que tenga ambos, y esto significa que usted dé testimonio de Él y cumpla con su voluntad donde más hace falta.

Lo mismo es verdad para mí. Sí, admito que nuestras circunstancias son diferentes, pero lo que es lo mismo, es la naturaleza de los tipos. Frente a Dios, yo tengo el mismo deber, la misma obligación que usted. Le diré que yo una y otra vez fallo en su cumplimiento, como a lo mejor fallará usted también a tantos ratos. Pero nos levantamos, sacudimos el polvo, y volvemos a empezar, o mejor dicho continuar. Si sabemos que hemos fallado, si lo admitimos, si reparamos nuestro error, también se nos perdonará. Y lo importante es: habremos servido la Causa de Dios, que es la que cuenta, y no la nuestra, que no vale mucho en comparación, y a veces hasta nada.

¿Cuál es esta causa de Dios? Pues: orar, perdonar, amar.

Al decirle todo esto a usted, me lo digo yo también a mí mismo. No le estoy aconsejando nada que no me impongo también a mí. Así que, fallando y triunfando, estaremos en la misma, ¿verdad? Pero trataremos con todas fuerzas de triunfar.


Tú estás por empezar una vida nueva, igual como he empezado yo una vida nueva hace 50 años. Tenía yo 32 años de edad, no tan diferente de la edad que tienes tú ahora, y mi vida fue nueva porque encontré la fe y viví desde entonces esforzándome a cumplir con ella. Por tus mismas palabras entiendo que esto es lo que también te está pasando a ti.

Dios ha sido bueno con nosotros ambos, y nos ha permitido encontrar aquella fraternal amistad que une a los que juntos creen en Él. Podría ser que nos olvidemos uno de otro, pero ¡no nos olvidemos de Su bondad!

Te deseo la protección del Cielo, y todo lo mejor. Tú también seguirás en mis oraciones, y me despido de ti con un fraternal abrazo, tu amigo Stan.

Pink Flowers from Uruguay
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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