Plough Logo

Shopping Cart

  Ver carrito

Subtotal:

Caja
Uruguay Flowers

Una nueva vida Parte I

por Stan Ehrlich

0 Comentarios
0 Comentarios
0 Comentarios
    Enviar

El próximo artículo en una serie basado en cartas escritas a hombres y mujeres encarcelados responde a las preguntas de un nuevo cristiano. Sin anteponerse a la gente que aconseja, él más bien los dirige con humildad, amor y cariño, al camino angosto y la vida nueva en Cristo.

Cómo lamento todo lo sucedido, y ¡cuánto quisiera poder ayudarte en algo! Sí, estoy ayudándote en mis oraciones, y nosotros humanos somos tan pusilánimes que creemos que esto es lo de menos que podemos hacer, pero tal vez es lo de más — ¿quién lo sabe?

Te agradezco también tus saludos y buenos deseos para mí. En realidad, estoy muy bien, aunque el físico ya no responde como solía, y debo cuidar mi corazón. Pero, hermanito, qué es esto a la edad que tengo yo (82), al cabo de un siglo que trajo guerras, persecuciones, genocidios, y que acaba con más amenazas de guerras, y hambre y pobreza por el mundo entero.

A mi vez quiero desearte que Dios tenga su mano sobre ti, te proteja y te guíe hacia el cumplimiento de tu anhelo: de conocerlo y servirle. Querido hermano, él ya te ha mostrado que esa es la única forma de enfrentar y sobrellevar todas las desgracias que te han ocurrido. Yo siento contigo la inmensa pena que sufriste al haber perdido sus vidas tu padre, tu hermanito, y ahora el esposo de tu hermana. Yo no conozco ni tengo que conocer las circunstancias en las cuales se dieron estas tragedias, pero sé que son consecuencia de aquel pecado en el cual hemos incurrido todos, toda nuestra sociedad, desde hace mucho, mucho tiempo atrás. Esto fue cuando habíamos, toda la humanidad, decidido ignorar los mandamientos de Dios, y seguir nuestros propios impulsos de riqueza material y placeres egoístas.

Digo todo esto, porque tú has encontrado la única y verdadera repuesta a esta terrible situación, y es tu fe en Jesucristo, y tu voluntad de seguirle y servirle. Esto podemos afirmarlo con toda seguridad, porque el mismo Jesús que nos muestra el camino fuera del pecado y de sus consecuencias, tiene el derecho de afirmar esto, porque él mismo se solidarizó con nuestro sufrimiento, sufriendo las mismas injusticias, los mismos dolores físicos, el mismo odio y la misma violencia que nosotros nos infligimos unos a otros. Él tiene, y nos dio, la única respuesta a toda esta miseria, y repito: mantente tú firme en tu resolución, solidarízate con Jesús obedeciéndole y sirviéndole. Que es eso lo que trato de hacer yo también, ya que esa es la única forma de dar con el mundo. ¡Ya sé que a nosotros nos parece casi imposible seguir sus mandamientos, como por ejemplo «amar a nuestros enemigos»! Pero no habla Jesús aquí de un amor de simpatía sentimental y emotiva, sino de una actitud que reflexiona sobre el poder inicial del pecado, y sus consecuencias, a las cuales hemos contribuido todos. Y se esfuerza en descubrir responsabilidades más allá de él que nos ofendió. Si hacemos esto, puede ser que descubrimos que nosotros también hemos tenido actitudes o cometido actos que llevan o pueden llevar a las mismas faltas que ha cometido nuestro enemigo. «Amarlo» adquiere entonces un significado nuevo, a saber que reconocemos en él a otro pecador, no tan diferente de mí mismo, necesitado de redención como lo soy yo. Tal descubrimiento me lleva a mí a confirmar mi fe en lo que me dice Jesús, a descubrir las posibles consecuencias de mis propios pecados, y a fortalecer mi decisión de seguir a Jesús. Seguir a Jesús no lleva a lo que en el mundo se llama éxito, pero lleva a estar en paz consigo mismo, con Dios y con el mundo.

Querido hermano, me atrevo a decir todo esto porque me impresiona tu dolor y me impresiona tu deseo de cambiar tu vida en conformidad con la voluntad de Jesús. ¿Acaso no tengo yo el mismo deseo? Pues, si es así, te diré también que Jesús responde a estos deseos y nos ayuda. Y quiero alentarte en esto. ¿De acuerdo?

Leí con atención lo que me escribes acerca de «cosas malas que se te vienen a la mente». Hermano, esto se nos pasa a cada uno, a mí también. A veces basta con pensar en Jesús y decirle que en verdad no queremos estas cosas, y otras veces parece más difícil. Pero las más veces basta tornar nuestra mente y nuestra voluntad a unos pensamientos contrarios, y pensar en Jesús – que él también conoció lo que son tentaciones, cuando fue tentado en el desierto.

A renglón seguido me preguntas qué es lo que significa que uno recibe el Espíritu. Mi hermano, yo no soy ni pastor ni teólogo. Me cuesta contestar esta pregunta. A mí me parece que si hago la voluntad de Dios, si amo a Dios y a mi prójimo, si haciendo esto siento que tengo paz en el corazón, entonces he recibido el Espíritu.

Entiendo muy bien que quieres cambiar de vida. Dios mismo nos pide hacerlo. Puede ser que ya lo dije en otra oportunidad, pero esto puede hacerse en cada lugar, y en cada momento. A San Pablo se le ocurrió cuando se cayó del caballo, tumbado por un rayo de Dios. A nosotros no se nos ocurre en esta forma, sino como fruto de repetidos esfuerzos, una u otra derrota alguna vez, sin embargo volviendo a la demanda, hasta que nos sentimos bien firmes. Creo que es así que Dios lo espera de nosotros, para bien afianzarnos, y para que sintamos cómo Él nos ayuda. Más no puedo decir.

Te dejo aquí con esta carta, pero quiero asegurarte de que estoy rezando por ti, por la paz de tu corazón, y por tu bienestar físico también. Que Dios te proteja, y siga mostrándote cómo servirle a él y a su reino — que tú y yo oramos juntos que venga. Hasta la próxima, tu hermano en el amor de Jesucristo.

Uruguay Flowers
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

Aprender más
0 Comentarios