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¿Religión o fe? Parte II

por Stan Ehrlich

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Este artículo, el próximo en una serie basado en cartas escritas a hombres y mujeres encarcelados, trata el tema de la religión. Stan, un judío sobreviviente del Holocausto, mantuvo correspondencia con docenas de personas durante sus últimos años y a menudo respondió por parte de Plough a cartas de agradecimiento por sus libros. Leer Parte I aquí.

Aquella carta tuya es muy interesante, y la pregunta que haces es una pregunta muy justificada. Pero por mi parte debo decirte que no soy teólogo, ni muy versado en cuestiones de religión, y sin embargo entiendo muy bien tu pregunta, que vale la pena ser contestada — y que además, tú no eres el único que se pregunta esto. Así que me meto, no por sabio, sino por hermano en la fe que ha tenido que verse con esta misma pregunta también. Voy a empezar por el principio, ¡desde luego!

Primero hay que distinguir entre iglesia y religión. Esto la gente en general no lo hace, y de ahí que surge mucha confusión.

La Iglesia con I mayúscula ha existido desde siempre, desde hace antes de la misma Creación, al igual que Jesucristo, con quien está identificada. Jesús instituyó esta Iglesia en la tierra, como asamblea de sus discípulos, los creyentes en Él. Esto significa que esta asamblea de creyentes es un cuerpo social, detalladamente descrito en el libro de los Hechos 2:44-47. Esta asamblea de creyentes, que ahora llamamos iglesia (con i minúscula) tiene todas aquellas características que la distinguen del mundo: fraternidad, paz y pureza, justa distribución de los bienes disponibles, etc. Es la iglesia que se formó inmediatamente después de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo causó el bautizo de 3000 personas.

La iglesia católica llama a esta iglesia en la tierra muy acertadamente la «iglesia militante», es decir la iglesia que lucha con fe para el establecimiento de este cuerpo social nuevo y diferente, diferente de aquella Iglesia eterna que también muy acertadamente llama «Iglesia triunfante», y que también podríamos llamar paraíso. Pero esta iglesia militante es tan diferente de la sociedad ordinaria o habitual, que la teología católica la define también como el "cuerpo místico" de Cristo.

Todo esto es un poco complicado por lo teológico, pero lo menciono igual para mostrar que tanto en la intención de Jesús como de los apóstoles, la iglesia debe ser una realidad social completamente diferente del resto de la sociedad. Fíjate que los primeros cristianos no sólo no prestaron servicio en el ejército romano, sino que tampoco no aceptaban cargos en la administración del estado, por lo que dijo Jesús que «Su reino no era de este mundo» y que había que tratar a los enemigos de uno con amor. Entre el estado con sus demandas y la Iglesia con sus mandamientos había un abismo de diferencia. La Iglesia proclamaba el Reino de Dios, y el estado proclamaba el reino del emperador. Gran, grandísima diferencia.

Es a esta Iglesia, originada en le eternidad de Dios, y traída a la tierra por el Santo Espíritu en Pentecostés que todos los creyentes queremos pertenecer, tú, yo, y todo el mundo.

Ahora bien, históricamente, esta primera comunidad de creyentes, que también llamamos la iglesia primitiva, poco a poco se desarrolló en la iglesia católica que, a justo título, reclama para sí la primicia y la sucesión apostólica. De acuerdo. Pero desgraciadamente, también en el curso de la historia, perdió aquel carácter de la iglesia primitiva de Jerusalén, y los abusos y escándalos que se produjeron a lo largo de los siglos le dieron un aspecto más y más mundano, a tal punto que se produjeron las así llamadas Reformas, causando la creación de otras y nuevas iglesias pretendidamente "reformadas", pero todas en fin de cuentas tan mundanas una como otra, admitiendo y hasta defendiendo el estado de cosas existente, con sus guerras, e injusticias sociales.

Al mismo tiempo hay en cada una de estas iglesias gente muy dedicada, muy creyente, hasta muy santa — no cabe duda — pero lo que falta es el cuerpo de creyentes constituido en una unidad fraternal, donde, por la gracia de Dios, no hay no ricos ni pobres, ni víctimas de guerras, ni violencia hacia los indefensos etc. O, resumiendo, donde se muestra que lo que nos pide Jesús con cada una de sus palabras se puede vivir en la práctica.

Y hubo, en el curso de la historia también, pruebas de que existieron tales iglesias. Un ejemplo de ello son los monasterios y los conventos, con la diferencia de que no contienen familias, pero hubo ejemplos de comunidades creyentes viviendo según los mismos principios con vida de familia.

Con todo esto no he contestado todavía a tu pregunta, lo que paso a hacer ahora, pero ya con el antecedente de lo que precede.

Mira, yo pertenezco a una comunidad cristiana que se distingue de las otras iglesias por precisamente su vida en comunidad. Pero nuestra Confesión de Fe es la misma, y nuestra creencia en la Biblia y en la Palabra de Jesús es la misma. En muy contadas ocasiones se nos o se me presenta la oportunidad de participar en el servicio religioso de otra iglesia, a veces católica, a veces protestante. No tengo reparo en participar en sus oraciones, ni escuchar sus sermones. No participo en la Santa Comunión, porque esa es símbolo de completa y total unidad entre los miembros, y esta unidad con los otros miembros no es total, mencionemos por ejemplo nada más que el hecho de que yo no participo en el servicio militar, y mi correligionario al lado mío muy probablemente sí. Así que allí no más diferimos. Pero es mi posición personal, y no digo que tiene que ser la tuya.

Lo que realmente importa no es que uno se llama católico, luterano, bautista, reformado, anglicano u ortodoxo, para no citar más que estos, sino lo que importa es que yo reconozca en Jesús a mi Maestro y Salvador, y que ame a mi vecino. Todos los conflictos entre religiones y diferencias teológicas no son más que las consecuencias de nuestras faltas y desobediencias.

Hasta aquí te hablé de mí... y ¡tú quieres saber de mí qué hacer tú! Pues, tu conciencia te dirá. Yo diría que si eres católico, te conviene seguir en tu convicción, porque todos debemos someternos a cierta disciplina, y no es bueno cambiar de disciplina cada vez que se cambia de religión, que esto puede llevar a simplemente abandonar a toda disciplina. Quedarte en ella no es obstáculo a que atiendas a otros servicios cristianos también (y los católicos son cristianos, contrariamente a lo que pretenden ciertas sectas protestantes aquí en los EEUU). Al final, tu propia conciencia te indicará lo que debes escuchar, y lo que a lo mejor no. Pero lo que en última análisis contará será tu fe en Cristo y tu amor al prójimo.
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Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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