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Fallen beech leaves glowing in the sunset

Brilla en el sitio donde estés Parte II

por Stan Ehrlich

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En el último artículo de una serie basado en cartas escritas a hombres y mujeres encarcelados, el autor anima a los interlocutores para servir a Dios y a los demás sin importar las circunstancias. Stan, un judío sobreviviente del Holocausto, mantuvo correspondencia con docenas de personas durante sus últimos años y a menudo respondió por parte de Plough a cartas de agradecimiento por sus libros.

Me quedé medio asustado cuando interpreté que recién estarás libre en el año 2041, ¿será verdad? Pero veo que ya comenté esto en una carta anterior. Es decir que a no ser que el Presidente te perdone en alguna oportunidad, será que en este momento toda tu vida parece que se desarrollará en confinamiento. Me resulta duro imaginar esto, pero igual estoy absolutamente convencido de que tu vida puede tener y tiene propósito, propósito que es el mismo que para mi vida, y que consiste en hacer la voluntad de Dios. Esta misma tarea es mucho más difícil para ti en tus circunstancias que para mí en las mías, paro tanto más meritoria te resultará la tuya. Todos estamos en esta tierra para servir y amar, sea donde fuera, y con este contacto con nuestro prójimo establecemos nuestro contacto con Dios. Que esto es lo único que cuenta, ¿verdad? Amén del hecho, que con mostrarle amor a un pobre y sufriente prójimo en nuestra inmediata vecindad, estamos ya cumpliendo con la voluntad de Dios y contribuyendo a que «el reino venga». Y además, te diré otra cosa: tú, querido hermano, tienes un don precioso, a saber él de tu humor, que yo ya he ido descubriendo y apreciando en el texto de tus cartas, y estoy seguro que aplicando este don en tu contacto con tus compañeros consigues dos cosas: causas unos momentos de alivio en otro, y a lo mejor estableces con él un contacto que represente algo positivo en la deprimente rutina de cada día. Si yo me sonrío leyendo tus cartas, ¿cómo no ha de sonreírse el tipo que habla contigo?

Pues, para terminar esta carta, voy a comentar un poco más sobre el asunto. ¡Representar y defender a la justicia está siempre bien! Pero Jesús fue más allá de la justicia. Actuó por amor. Cuando le trajeron a la mujer adúltera, lo que se iba a hacer era justo, pero él hizo más: ¡perdonó por amor! Es verdad que le encomendó a la mujer de no pecar más. Pero dicho esto, actuó en tal forma que el amor superó a la justica. ¿Porque se me ocurre decirte esto? Porque estoy mirando a los 39 años que si entiendo bien te quedan por cumplir, y me preocupa la idea que el tiempo que te queda, sea largo o breve, sea un tiempo rico en contenido, valioso, fructífero, y esto lo es cada tiempo dedicado al servicio de Dios, es decir dedicado a amar, a actos de amor, en el sentido como lo entiende Jesús.

Querido hermano, con esto me despido por esta vez. Espero que no te haya sorprendido, ni mucho menos ofendido, por atreverme yo a darte consejos, y si estoy equivocado con lo que te digo, déjamelo saber. Pero ya que estamos conversando, aprovechemos la oportunidad que Dios nos dio.


Gracias por sus atentos saludos y mejores deseos de bienestar para mí y para mi familia. Los mismos les retribuyo yo, también en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, por cuya gracia hemos sido hermanados.

No digo esto a la ligera. Dentro o fuera de prisión estamos todos viviendo un momento en la historia en el cual tanto mal y tanto desastre están azotando al mundo, tanto dolor y tanto sufrimiento agobiando a tanta gente, que a mí me parece que cada uno de nosotros tiene que tomar una decisión para su vida, en el sentido de elegir si servirle a Dios, o al mundo. El servicio a Dios consiste muy simplemente en amor y en paz, también en perdonar, mientras el servicio al mundo (¡al espíritu del mundo!) consiste en servirse a sí mismo, egoísmo del cual deriva todo lo otro, hasta las guerras.

Así le escribí también a otro hermano encarcelado, llamando su atención sobre las palabras de Jesús quien dice: Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Fíjese ¡qué promesa más maravillosa! Fíjese ¡cuántas cosas pueden hacerse para su causa y en su nombre, cuando está él en medio de nosotros! Y cuanta necesidad de ello hay, en el ambiente de usted tanto como en el mío, por más diferentes que sean. Así que tengan coraje, pues se nos ha dicho que podemos servir a Dios sin importar donde estemos: mientras seamos dos o tres no más (¡tan pocos!), pero reunidos en su nombre.

Usted, a quien el don de la fe ya ha sido dado, puede encontrar un propósito para su propia vida con más contenido y más valor que muchas otras vidas pasadas en la así llamada «libertad».

Mientras tanto le deseo a usted y a los otros hermanos que Dios bendiga sus esfuerzos para crear un ambiente de amor, de paz y de hermandad entre ustedes creyentes, que esto irradiará alrededor vuestro. ¿Recuerda que Jesús dijo que el mundo se convencerá de la verdad de lo que dice él, sencillamente al ver el amor de sus discipulos? No es fácil, lo sé yo, pero qué merced tener una tarea para la cause de Dios y de su reino en tierra, porque anticipo del reino lo hay también ya en la tierra, ¡precisamente en la congregación de los que siguen al Maestro! ¿Acaso no rogamos "que tu reino venga" (lo que significa aquí)?


Estoy contento de leer que usted es un cristiano firme en la fe. Tener fe en Jesucristo es lo más importante en la vida de cada uno, esté donde estuviere, y más así en sus circunstancias. No me hago ninguna ilusión con respecto a lo que significan 20 años en prisión, pero me animo a decir que la firmeza de la fe es una gracia más importante aún que la libertad.

También me animo a decir que el lugar donde usted se encuentra es un lugar donde el sufrimiento espiritual y moral, además del sufrimiento mental, pueden abrir en el corazón de un hombre espacios que aspiran por algo en qué creer y encontrar otra vez sentido y rumbo para la vida de uno. Es allí donde usted, a quien el don de la fe ya ha sido dado, puede encontrar un propósito para su propia vida con más contenido y más valor que muchas otras vidas pasadas en la así llamada «libertad». Además ya tiene bastante edad en comparación con mucha gente joven en la institución como para ayudarles espiritualmente con cierta autoridad. Estos años que le quedan por delante no tienen que ser años perdidos en ninguna forma si usted los pone al servicio del Señor; cosa más importante no hay.

Digo esto, estimado hermano, porque siento en sus líneas su fe y si dedicación y quiero no más alentarlo no sólo para que estas no se pierdan, sino más aún para que sirvan la causa de Dios.

Cuando usted dice que «el Señor le ayude a vivir esa vida abundante», está expresando lo que deseamos todos nosotros también.

Fallen beech leaves glowing in the sunset
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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