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Child running toward her mother

Formando carácter

por Johann Christoph Arnold

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  • Martha Laura Montoya Manriquez

    desgraciadamente es una triste realidad h

  • sara

    Gracias, que nuestro Padre Celestial los colme de bendiciones siempre, bueno respecto al articulo estoy de acuerdo y la verdad que hoy en dia la cosa se pone dificil para nosostros los padres por que tenemos que luchar con todo ese entorno que envuelve a nuestros hijos, con pensamientos, valores, costumbres diferentes a las nuestras y lo preocupante es que los padres estan mas preocupados en dotar a sus hijos de objetos materiales mejores que el de sus amiguitos o compañeros, pero respecto a Dios nada vacios no fortalecen lo poco que los colegios hacen en estos temas, me preocupa bastante, tenemos una tarea grande, estoy segura que agarrandonos fuerte de la mano de Dios nuestros hijos no se soltaran de ella.

  • Alejandra Cepeda

    Excelente artículo, Actualmente hacer lo malo se ha convertido en lo "normal" pues "todo el mundo lo hace", es difícil explicar a nuestros hijos lo que está bien o mal si no lo hemos hecho desde cuando son pequeños, como padres es nuestro deber hacerlo y de esto nos pedirá cuentas Dios. Qué estamos haciendo de la vida de nuestros hijos y por lo tanto del mundo?? Seamos valientes y tomemos la responsabilidad de ser los padres que nuestros hijos necesitan, no unos simples acompañantes con el cartel de "pá" o "má".

Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación. – 1 Ts 5:8

Vivimos en una época en donde casi todo lo que nuestros padres y abuelos nos enseñaron acerca de Dios es despreciado. Esto se ve sobre todo en las escuelas públicas, donde los maestros temen cada vez más enseñar a sus estudiantes lo que realmente creen, en donde la fe ocupa segundo lugar respecto a los dioses modernos de la tolerancia y la neutralidad.

Mientras que los maestros y pastores de las últimas décadas podían defender abiertamente los ideales de moralidad, trabajo duro y fe, aquellos como nosotros que continuamos promoviendo actualmente los mismos valores corremos el riesgo de estar etiquetados de fanáticos – o calumniados con crímenes de odio. Y el extremo al cual llegan algunas autoridades escolares y padres temerosos cae en lo ridículo: un profesor en California fue censurado recientemente por responder a un estornudo con el antiguo "Dios te ayude", y una escuela de bachillerato en Rhode Island ha sido obligada a cubrir una oración en la pared del gimnasio que exhorta a los estudiantes a fomentar sus mentes y corazones, así como sus cuerpos y honrar a sus maestros.

Como orador y escritor he trabajado por muchos años en el campo de la resolución de conflictos, me he dirigido a un sinnúmero de estudiantes en escuelas secundarias y bachilleres en la ciudad de Nueva York y alrededores. Recientemente yo mismo experimenté esta reacción en una escuela secundaria suburbana, cuando se me pidió abandonar el lugar – a la mitad de una asamblea matutina – por haber mencionado a Dios.

Entonces, ¿cómo podemos enseñar a los niños algo sensible cuando se nos pide dejar fuera a Dios? ¿Cómo poder enseñar valores si ponemos en duda la superioridad del bien sobre el mal, la brillantez de la luz sobre la oscuridad o la calidez del amor sobre el odio?

Hay una percepción generalizada de que si nos aferramos con demasiada fuerza a nuestras creencias, podemos lastimar a quienes no creen lo mismo. Ciertamente, yo no defiendo la intolerancia a las convicciones de otros y tampoco creo en obligar a otras personas con mis propias creencias. Al mismo tiempo, ya que muy pocos de nosotros hemos tenido que defender alguna vez lo que creemos, estoy seguro que nos hemos convertido en indeterminados. No sólo nuestros hijos, sino aún nosotros mismos, carecemos de la valentía y la convicción que vienen de haber estado a prueba.

¿Cómo pueden los padres criar hijos con moral firme - niños que a medida que crezcan sean capaces de aferrarse a sus convicciones? En primer lugar hay que inculcar a los niños un sentido de valor moral; es decir, una actitud de confianza, determinación y perseverancia. En el libro: Libertad de pensamientos pecaminosos, mi padre escribe cómo la actitud de una persona ante las dificultades de la vida determina su bienestar emocional. Esto es igualmente cierto para los niños. Ellos tienen que aprender a adoptar una actitud agresiva al frío, al calor, a la fatiga, la apatía o a los caprichos, y así poder sobrellevar los miedos, dolores y decepciones de la vida.

Los niños necesitan aprender a ser valientes; no pueden terminar llorando por cada insulto o burla. Tienen que aprender a soportar la presión de un grupo y la humillación de ser despreciado por el simple hecho de tener una idea diferente. Y deben darse cuenta que la humildad no es menos importante para la formación del carácter que la capacidad de pensar por sí mismo. Para mantener un punto de vista opuesto al de un grupo se necesita valor, así mismo se necesita valor y quizá aun más, para reconocer un error y aceptar la derrota cuando uno está equivocado.

Es evidente que la formación del carácter comienza únicamente en la infancia, y es un proceso que debe continuar toda la vida. Sin embargo, si en el hogar los padres establecen una base sólida a sus hijos, ellos no se desilusionarán. Friedrich Wilhelm Foerster, escritor y educador alemán, dice: "Un niño es educado no por tener largas conversaciones sobre 'grandes' cosas, sino con paciencia enseñarle a realizar propiamente las tareas más pequeñas y ordinarias. El carácter se forma mediante la capacitación de las cosas mundanas más pequeñas, - en la sala de la casa, y no en el corredor del mundo".

La fortaleza de carácter de un niño (o la falta de ella) influirá en su disposición para sufrir a favor de una convicción. Dada la libertad religiosa que existe en la actualidad, algunos lectores encontrarán extraño plantear esta cuestión. Sin embargo, después de haber experimentado la era de McCarthy, yo sé que las cosas pueden cambiar rápidamente. A lo largo de la historia y hasta el día de hoy, los seguidores de casi todas las religiones e ideologías han tenido que aguantar la oposición.

Entre más temprano los niños se den cuenta de que discipulado significa sufrimiento y dificultades, estarán mejor preparados. Aún me acuerdo de una historia verídica que mis padres me contaron cuando yo era niño, sobre el hijo adolescente de un molinero australiano del siglo XVI, quien fue ejecutado porque se negó a retractarse de sus creencias "heréticas".

Debemos tener cuidado de no cargar a los niños con preocupaciones acerca del futuro. Sin embargo, no les hará ningún daño aprender desde ahora, cómo podrían defender algún día lo que ellos creen.

Christoph Blumhardt escribió que su padre no limitó palabras con sus hijos al hablar sobre lo que esto podía significar:

Él nos reunía regularmente para orar y leer la Biblia y habló de la posible persecución que podría haber por expresar el nombre de Jesús. Yo sentí escalofrío en todo mi cuerpo cuando al final exclamó con gestos animados: "¡Niños, más vale dejar que les corten la cabeza que negar a Jesús!" Esta educación despertó en mí a temprana edad el bien.

Jesús no prometió a sus seguidores buenos tiempos. Cuanto más grande sea nuestra fe, mayor será la oposición que podríamos confrontar.

child holding paper dolls of a family
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