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Child running toward her mother

Disciplina

por Johann Christoph Arnold

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Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar. – Proverbios 1:8-9

En una época en que se considera abuso cualquier tipo de disciplina, da tentación rechazar los proverbios del Antiguo Testamento que dicen, que limitar el castigo malcría al niño. Sin embargo, podemos encontrar sabiduría en aquellos que hablan de disciplina en un sentido general, aunque rechacemos el castigo físico, como yo lo hago.

Cuando los niños son conscientes de que hicieron algo malo sin una consecuencia, aprenden una lección equivocada. Especialmente cuando están jóvenes y la fechoría por pequeña que sea, sí no se confronta, dará lugar a un comportamiento mucho peor en el futuro. Quien no fue disciplinado a los seis años de edad por tomar un puñado de monedas del armario de sus padres, puede robar a los dieciséis años.

Disciplina no significa sorprender a los niños en el acto, y tampoco significa reprimir su voluntad en favor de la nuestra. Significa guiarlos a escoger el bien sobre el mal. Significa enseñarles que la auto-negación es un rasgo de personalidad valioso, y no una privación anticuada.

La disciplina efectiva se inicia a una edad muy temprana. Desde los primeros meses, los bebés descubren que su llanto despierta atención y preocupación. Una madre que responde a cada lloriqueo está perdiendo la batalla. Todos los bebés necesitan ser calmados, pero no se les tiene que levantar cada vez que lloran. Si ellos no aprenden a negarse a sí mismos en los primeros años, ¿cuando lo harán?.

Resistir con firmeza y constancia la voluntad de un niño a menudo fastidia. Sin embargo, los padres que prefieren la comodidad en vez del sacrificio de disciplinar, encontrarán a largo plazo que sus hijos sólo son cada vez más y más problemáticos. Todos los niños se resisten al principio, sin embargo con el tiempo su alegría y seguridad progresarán con una rutina.

¿Cómo debe ser disciplinado un niño? Regañar e insistir con frecuencia, especialmente por pequeñas imprudencias, a menudo provocan impaciencia e ira y después ambos: padre y niño terminarán en una pelea a gritos. Así mismo, los padres que explican y defienden cada acción que toman terminarán exhaustos e inseguros de sí mismos.

En este sentido, los padres deben actuar más que hablar. Una de las formas más simples para disciplinar es "retirar un momento" - poniendo al niño que se ha portado mal en otra habitación por unos minutos. Castigar a un niño de esta manera lo hace sentir muy pronto aburrido o solo y quiere volver a jugar; cuando él o ella se tranquilice, el episodio debe ser perdonado y al niño permitirle seguir adelante.

El castigo corporal no tiene lugar. Mi abuelo fue educador y lo calificó como una "manifestación de fracaso moral", lo consideró perjudicial e ineficaz. Esto es porque inclusive la disciplina más estricta será inefectiva a menos que vaya acompañada de amor. Sin calidez y amabilidad, y sin respeto, cualquier forma de disciplina tarde o temprano conducirá a la rebelión.

Por lo tanto la buena disciplina depende de la confianza entre padres e hijos. Por suerte mis hermanos y yo teníamos tal relación con nuestros padres. Cuando yo tenía ocho años, molesté tanto a mi papá que él sintió la necesidad de castigarme severamente. Cuando estaba a punto de pegarme, lo miré y le dije: "Papá, lo siento. Haz lo que tengas que hacer. Yo sé que aún me quieres". Para mi asombro, él se inclinó y me abrazó, y me dijo: "Hijo, yo te perdono". Mis palabras lo habían desarmado por completo. El incidente me enseñó una lección que nunca olvidaré: No tener miedo de disciplinar a los hijos, pero en el momento de sentir que hay remordimiento de su parte, asegúrate que te ha perdonado.

La consistencia es clave. Si no estás de acuerdo con tu cónyuge sobre cómo manejar un incidente, no discutan frente a sus niños – o ellos muy pronto jugarán con ustedes poniendo uno en contra del otro. No dejes de aplicar disciplina aun cuando la sala está llena de invitados. Más vale morderse la lengua y hacer lo que se tiene que hacer; de cualquier manera tendrás que lidiar con tu hijo después de que los invitados se hayan ido, porqué tu relación a largo plazo con el niño es mucho más importante que la impresión que des a los demás.

No podemos esperar que los niños obedezcan cada orden sin cuestionamientos, y puede ser necesario explicarles algunas cosas. Un niño por lo general no debería tener más alternativa que obedecer. Sin embargo, si surge un conflicto directo, es imprescindible que seas tú el ganador. Lo más importante es que seas tú quien establezca los límites y no dejar que el niño lo haga por ti. Si eres capaz de imponer límites de forma consistente y con amor, ellos tarde o temprano serán capaces de establecer límites para sí mismos.

No importa cuántas veces necesites disciplinar a tus hijos, nunca se les debe humillar. No hables de sus debilidades o errores frente a otros adultos, y nunca los compares con otros niños. Es fácil etiquetar al niño como "difícil", sin embargo nunca es correcto ni justo. Como los niños, no sólo tenemos que perdonar los errores del día y la hora anterior, sino también olvidarse de ellos, y comenzar de nuevo cada día. Y debemos creer que la disciplina es un objetivo positivo, como dice tan elocuentemente en Proverbios 19:18: "Corrige a tu hijo mientras aún hay esperanza...".

child holding paper dolls of a family
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