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Child running toward her mother

Conclusión

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Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. – Ef 2:10

Son ya más de ochenta años que mi abuelo indicó que: "cada niño es designio de Dios". Esto significa que no podemos ni debemos tratar de moldear a los niños de acuerdo a nuestras propias ideas y deseos.

Pocos padres y educadores consideran por lo menos que Dios tiene alguna intención para un niño en particular. Sin embargo, es Dios quien creó a nuestros hijos y no nosotros. Él tiene un propósito para cada uno, y nuestros hijos serán ellos mismos únicamente si se les permite desarrollarse de acuerdo a la voluntad de Dios.

Muy a menudo, el éxito es algo que pensamos en términos humanos – una carrera segura y lucrativa o una profesión honorable. Y orientar a nuestros hijos con estas instrucciones nos hace creer que estamos sirviéndoles, cuando en realidad nuestra intromisión respecto al propósito de Dios, pone en riesgo afectar sus almas y sofocar su crecimiento interior.

Ayudar a los niños a descubrir su vocación en la vida es quizá la tarea más difícil y desafiante que jamás enfrentaremos. Cada niño es único, aun entre niños de la misma familia las diferencias pueden ser sorprendentes. Sin embargo, si escuchamos el consejo que nos da Jesús – de buscar primero el reino de Dios y confiar que todo lo demás nos será dado a su debido tiempo – no nos sentiremos decepcionados.

Mis padres nunca me presionaron ni a mis hermanas para dedicarnos a algo en particular. Por el contrario, ellos trataron de despertar una conciencia social en nosotros – para sentir la necesidad humana. También trataron de inculcar en nosotros amor por la humanidad – compasión por todo el genero humano, sin centrarse en la salvación de unos cuantos privilegiados.

Nosotros crecimos durante la Segunda Guerra Mundial y el sufrimiento que se vivía en Europa estaba constantemente en nuestras mentes y corazones. De hecho, nosotros no tuvimos oportunidad real de una educación superior, pero nuestros padres continuamente nos insistieron en aprender a trabajar duro, tanto física como mentalmente. Ellos sabían que este apoyo nos serviría para bien en cualquier cosa que pudiésemos terminar haciendo.

Mis propias esperanzas para el futuro cambiaron continuamente. Al principio yo quería ser agricultor como mi padre, pero luego él se hizo amigo de un abogado y cambié de opinión. Tiempo después pensé en ser panadero y también vaquero. Al final, mi familia se mudó a los Estados Unidos y estudié negocios. Inclusive entonces, sólo duré diez años en esa área antes de convertirme en pastor.

Por supuesto que todos los padres quieren que sus hijos sobresalgan. Ellos quieren recibir el mérito por haber hecho un buen trabajo en su crianza. Sin embargo, es un error medir a las personas por un título universitario, sueldo, o posición en el trabajo. A Dios no le importan todas estas cosas. En lugar de todo esto, Dios percibe las almas que desean su cercanía y que buscan dedicar su vida para aliviar la miseria y el sufrimiento de las personas que los rodean.

Formar a los hijos de esta manera requiere mucha atención y constante oración. ¿Cómo se relacionan nuestros hijos con los demás? ¿Son abiertos y sociables? ¿Lloran cuando otros lloran? ¿Pueden deleitarse cuando los demás son felices?

En vez de presionar a nuestros niños con sueños en el glorioso camino académico, deberíamos instruirlos con la oración de San Francisco de Asís, cuya obra ha sido recordada durante ya casi 800 años después de su muerte. Esta es la oración que salvará a nuestros hijos y a nosotros:

Señor, hazme instrumento de tú paz;
Que donde haya odio, siembre yo amor,
Donde haya injuria, perdón
Donde haya discordia, armonía
Donde haya error, verdad
Donde haya duda, fe
Donde haya desesperación, esperanza
Donde haya sombra, luz
Donde haya tristeza, alegría,

Concédeme, Jesús mío, que no busque:
Ser consolado, sino consolar
Ser compadecido, sino comprender
Ser amado, sino amar
Porque dando es como recibimos
Perdonando, es como tú nos perdonas
Y muriendo en ti, es como renacemos a la vida eterna.

child holding paper dolls of a family
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