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El perdón ante la injusticia

por Roberto Rodríguez

7 Comentarios
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  • Juan Manuel

    Para mi es sorpresivo y muy grato encontrar una lectura de esta calidad humana es realmente admirable que una persona se exprese así de la vida. Al leer el texto mi empatia me permitió viajar a un pasado muy lamentable y si es verdad que uno cambia para una mejor calidad de vida cuando pone en práctica lo aquí leído.

  • amanda

    Mi vida no ha sido fácil, de errores en errores me la he pasado hoy en dia vivo con un hombre que físicamente no me maltrata pero si lo hace psicologicamente ya que me dice muchas cosas feas y dolorosas todos los días le pido ha Dios que me ayude y me enseñe a perdonarlo porque me hace mucho daño, se que si lo perdono yo viviré en paz no me gusta la vida que llevo ni con quien la comparto lo único hermoso que tenga es mi hija ella ya tiene 14 años y es lo mas hermoso que me ha podido pasar, es de aclarar que el no es el papá de mi hija yo me case pero no funciona mi relación, en fin yo me doy cuenta que siento mucho dolor ante la vida pero cada dia trato de perdonar para de esta manera vivir en paz y tratar de encontrar un poquito de felicidad, créame hace mucho tiempo mi corazón no se desborda de felicidad no se si he optado como por resignarme y vivir así porque me toco no veo mas caminos me canse de tratar de encontrar esa tan anelada felicidad que solamnnte he sentido por momentos y ya, creo en Dios firmemente pero mis malas desiciones me conllevaron a esto solo espero que Dios me mire y aga un milagro en mi vida no se que me falta para recibir esto........no terminaria de escribir

  • leonardo rafael favro rios

    el perdonarnos unos a otros es de hermanos es el camino que nos conduce a nuestro señor el que no perdona vive y seguira viviendo en pecado

  • rosa p

    Creo que es bueno perdonar para que el alma no Se llene de veneno y es peor y que dios haya entrado en su corazon y perdonado. Es porque mi Padre Dios hizo s morada en su corazon Dios nos ama y dijo ama a tu projimo como a ti mismo y perdona porque como lo hagas dios nos hara nuestras obras mejor y el mejor juez sobre la fax de la tierra y el cielo es nuestro padre celestial Y si tomamos justicia con nuestras propias manos entonces seremos igual a ellos Y la justicia divinaves mejor el tarda pero no olvida Y nos ayuda a olvidar y sanar. Y dar gracias a dios que aun esta en la tierra disfrutando del amor de EL. Si dios dejo que su unico hijo bajara para conocer Su amor por nosotros Y fuimos culpables y lo cruxificamos sin razon Mas nos da el al conocer el perdon. No hay amor mas limpio y verdadero que de dios.

  • judith vasquez

    me he sentido muy sensible con el articulo me parece muy profundo se que es dificil perdonar cuando hemos sido maltratados fisica, emocional y sicologicamente pero hay que seguir viviendo en este mundo tan hermoso y hay que guardar el dolor en lo mas profundo del corazón. Es teso lo que ha pasado este joven pero hay que perdonar y olvidar. Animo a todo persona de ver el lado bueno de la adversidad

  • henryk méndez

    Saludos ,me parece muy bueno el artícu; pero no es nada sencillo perdonar cuando somos eridos , solo qué nosotros tambien necesitamos ser perdonados, especialmente por parte de Dios.

  • Dulce Solis

    Dios les bendiga,quiero seguir aprendiendo dia a dia y fortaleciendome en Cristo.

Hijo de padres mexicanos, Roberto Rodríguez se crio en Los Ángeles. Es autor de varios libros y de una crónica que se publica regularmente en periódicos de todo el país. Hace unos veinte años, cuando presenció y fotografió el brutal apaleamiento de otro joven en una calle de Los Ángeles, Roberto fue apaleado por cuatro o cinco policías. Sufrió una fractura del cráneo, hospitalización y encarcelamiento. Se le acusó de haber intentado matar a los agentes policiales que por poco lo mataron a él. Más de una vez recibió amenazas de muerte y tuvo que pasar por dos procesos judiciales que duraron más de siete años. No debe extrañarnos que ha sido diagnosticado de sufrir de post traumatic stress disorder (PTSD, o Desorden de Estrés Post Traumático). El escribe acerca del perdón en el libro Setenta veces siete por Johann Christoph Arnold:

Ahora bien, ¿he perdonado, o tengo que perdonar a aquellos agentes policiales que casi me quitaron la vida, que me amenazaron, aquellos que en medio de la noche me hicieron pensar que me llevaban a mi último destino? ¿He perdonado a esos policías que me persiguieron constantemente y me arrestaron bajo cualquier pretexto, a aquel fiscal que me citó ante la corte con falsas acusaciones, o a esos otros fiscales que trataron de eliminarme? ¿He perdonado a aquellos políticos que crearon este ambiente y que no querían verme ni pintado cuando les pedí ayuda, o a los periódicos que me presentaron como criminal? ¿Y qué de mi propio abogado, que abandonó mi caso siete años después del incidente, cuando faltaban dos días para el juicio? ¿Acaso le he perdonado a él?…

He descubierto que sólo si me encauzo hacia mi propia re-humanización tengo esperanza de sanar. Re-humanización es la antítesis de deshumanización. Para mí, la re-humanización va más allá del perdón, aunque estimo que el perdón, que creo ya haber acordado en mi espíritu, es un elemento crítico en el proceso de la re-humanización.

No seremos realmente humanos mientras tengamos odio por dentro, mientras estemos consumidos por enfado o amargura y guardemos rencores. El hecho es que estas emociones definen nuestra vida. Nos despojan de la plena y verdadera vida humana. Para la recuperación de todos aquellos que han sido brutalizados y deshumanizados, resulta fundamental que se deshagan de estas debilitantes emociones. Pero no basta dejarlas atrás; hay que indagar al mismo tiempo qué significa ser humano…

En el pasado, el odio controlaba y consumía mi vida, no la de mis atormentadores. Si hoy me encontrara con alguno de ellos, no sé cómo reaccionaría. Sospecho que siguen atormentando y brutalizando a otros. Con todo, en mi proceso de recuperación me he dado cuenta de que hasta debería estarles agradecido, porque si no fuera por sus acciones, no sé cuál habría sido el curso de mi vida. Si no hubiese pasado por esos traumas, tal vez hoy no estaría escribiendo, cantando o pintando; seguramente no habría llegado a conocer a todas aquellas personas tan especiales que antes del asalto no fueron parte de mi vida.

A veces me pregunto: ¿adónde se han ido mi amargura y mi odio? ¿Será que han desaparecido porque dos veces salí victorioso del tribunal? Otras veces se me ocurre que mi odio y mi amargura han sido archivados en algún rincón de mi subconsciente, allí donde se guardan los recuerdos malos…

Cosa extraña – me parece que soy yo el que he tenido suerte. Salí victorioso de mis juicios federales y criminales, y los agentes policiales quedaron convictos de haber violado mis derechos civiles. Desgraciadamente conozco a muchos que han sido brutalizados como yo. Para algunos el único consuelo ha sido que las acusaciones en contra suyo fueron anuladas. Pero muchos más, los de los barrios y de los guetos de américa, son cruelmente apaleados e internados en hospitales, o arrastrados a comisarías y prisiones bajo el pretexto de haber “asaltado a un agente”. ¿Qué consuelo tienen ellos? – ¿Que no los mataron?…

¿Pueden ellos perdonar? ¿Están siquiera en condición de perdonar? Más que perdonar, lo que les hace falta es ser tratados, y como parte de ese tratamiento deberían exigirse, a guisa de justicia, las disculpas por parte de la sociedad. Aun así, la justicia sola no es suficiente ni provee la ayuda médica necesaria para sanar a todos ellos. Por nuestras calles vagan decenas de miles de jóvenes heridos, iracundos y rapaces – hermanos y hermanas que sufren por la injusticia y la falta de tratamiento médico y están a un paso no más de la cárcel o de la muerte propia o ajena.

La brutalidad y la injusticia engendran el odio y el rencor. Añadiré que matan al espíritu, terminando en lo que algunos llaman la “pérdida del alma”, es decir, la deshumanización total…entonces parecería que el perdón no viniera al caso; hasta podría considerarse un lujo. No puede exigirse perdón sin curación física, mental y espiritual, y sin restablecer condiciones justas. Sin justicia sería una victoria sin reparación.

Sin embargo, precisamente porque reina la injusticia, y precisamente porque estas condiciones seguirán existiendo en un futuro previsible, es menester que los que han sido brutalizados y deshumanizados se sanen sin esperar que el gobierno les ayude o les pida disculpas. Necesitan tratamiento profesional y necesitan encontrar su propio cauce hacia su propia re-humanización. Desde luego, los que pueden ayudarles en ese proceso tienen la obligación de hacerlo. De lo contrario, las víctimas quedarán condenadas a un infierno de constante tormento y amargura. Al igual que el perdón, la re-humanización no requiere disculpas ni justicia; pero esto no significa que dejemos de luchar por la justicia.

Si el perdón ayuda a los que han sido brutalizados – y yo creo que de hecho ayuda – entonces tiene que ser integrado en el proceso de su rehumanización. Sin embargo, perdonar no significa cruzarse de brazos e irse contento a casa. Significa, eso sí, que en el afán de recuperar la propia humanidad y los propios derechos se rechace todo sentimiento de ira, odio y amargura. Pues como bien lo sabe el que ha perdonado, es más sosegado vivir capaz de reírse y sonreírse, que vivir lleno de resentimientos.

Con todo, debemos añadir que hace falta no sólo tratar al que ha sido brutalizado o traumatizado. También hay que tratar al agresor, al violador. Esto lo hemos aprendido de los excombatientes que han matado, de los soldados que han torturado…

¿Perdonar? ¡Evidentemente! Pero todavía hay que rezar mucho para que todos aquellos que siguen atormentando a otros seres humanos sean curados de su propia deshumanización.

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