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Old olive tree

Amor en un leprocomio

por Johann Christoph Arnold

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Hoy día, Damien y María se ríen al recordar la primera vez que sus miradas se encontraron. Teniendo en cuenta todo lo que han sufrido, la alegría que emanan es extraordinaria. Cuando hicieron sus votos matrimoniales, hace cincuenta años, no se hacían ilusiones. Desterrados a una leprosería aislada en el campo remoto del Paraguay, estaban rodeados de compañeros lisiados y desfigurados, víctimas de la enfermedad. Se preguntaban uno al otro si todavía se amarían cuando se les doblaran los dedos y se les secara y agrietara la piel.

Durante los primeros años de la enfermedad, cuando todavía no tenían tantas complicaciones, los medicamentos para tratar la lepra fueron donados para la distribución gratis a los leprosos. Pero, una administración corrupta demandó que los pacientes pagaran por los medicamentos. Cuando por fin Damien y María pudieron conseguir los medicamentos, ya era demasiado tarde; el daño a sus cuerpos estaba hecho. Damien se deprimió y se desesperanzó de la vida pero, cuando comenzó contemplando la naturaleza que le rodeaba y las estrellas del cielo, encontró paz, esperanza y la fuerza para perdonar. Ahora, ninguno guarda rencor.

Damien es un artesano talentoso, a pesar de sus manos lisiadas y dedos torcidos. Después de una cuidadosa observación del sol, talló un reloj solar de una piedra y lo puso en su jardín. Este reloj marca la hora, día y mes del año con precisión. Ahora su vista está fallando. En un último intento de terminar tallando una figura de madera de Francisco de Asís, sin querer, cortó los dedos del santo. Hoy día se entretiene atendiendo con esmero su jardín en el pedacito de tierra situado frente a la cabañita de madera que considera su hogar. María, confinada a una silla de ruedas y con una pierna amputada, no muestra nada de autocompasión. Damien declara con orgullo: «Ella es la administradora de la casa y maneja todo».

El amor entre ellos es notable y tierno. Damien dice: «Mantenerse juntos es dialogar, entenderse y no andar mal ni un día». Nunca dejan que el día termine sin resolver sus diferencias. La pérdida de audición de ambos crea retos nuevos, pero a menudo comprenden intuitivamente las necesidades y pensamientos del otro, sin siquiera hablar. «Cada día nos amamos más y nos entendemos mejor».

La fidelidad de Damien y María, a pesar de todas las adversidades, da testimonio a un amor que perdure; no una infatuación egoistica y efémera, sino el amor descrito en el versículo conocido: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13:4-7, RVR 1995).

Cuando se les despidieron los invitados después de celebrar sus bodas de oro, Damien intercaló una broma: “Nos vemos en nuestras bodas de diamante. Tendré más años entonces, así no comeré tanto.”


Este artículo está basado en extractos del capítulo “Mantener la fe” del libro La riqueza de los años.

photo of Damien and Maria Damien y Maria
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