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    Photograph of unfinished red brick, flat roofed houses on a hillside.

    Caminando juntos con dolor y esperanza

    Un párroco en Caracas, Venezuela habla de su respuesta a la crisis actual y cómo la teología de Francisco renovará la Iglesia Católica.

    por Alfredo Infante S.J.

    lunes, 03 de enero de 2022

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    • Willians Tello

      Excelente entrevista y como paso a paso se puede transformar a una comunidad. La palabra de Dios y poner en práctica lo que nos enseñó. Es Persistir, Insistir y nunca Desistir. Que el camino que lleva hacia la Cruz sea con más Esperanza y Fe

    Una entrevista a Alfredo Infante, S.J., párroco de la iglesia de San Alberto Hurtado en la parte alta de La Vega, Caracas, Venezuela, por Coretta Thomson, editora encargada de las publicaciones españolas de Plough. Trata la respuesta de su parroquia a la crisis actual y cómo la teología del papa Francisco fomentará la solidaridad y renovará la Iglesia Católica.

    Plough: Para empezar, ¿cómo es realmente la situación en Venezuela?

    Alfredo Infante, S.J.: En Venezuela estamos en un camino de dolor y esperanza. Vivimos una situación que nosotros llamamos una emergencia humanitaria completa, o, dicho de otro modo, una crisis humanitaria sistémica. La situación de nuestro pueblo en los últimos años se ha deteriorado terriblemente, dramáticamente, dolorosamente; hay unos niveles de sobrevivencia muy fuertes. Mucho de esto tiene que ver con una manera de entender el poder político, no al servicio de la gente, sino un ejercicio arbitrario del poder que ha destruido la institucionalidad democrática.

    Los niveles de pobreza son muy altos. En la última encuesta, los niveles de pobreza socioeconómica llegan a un 94.5%. Eso es, la mayoría de los venezolanos viven en condiciones de pobreza, que es distinto de ser pobre. Sin duda hay gente que lleva generaciones viviendo en la pobreza, pero ahora además hay personas con posgrados que no ganan lo suficiente para comer bien y menos para ir de paseo con la familia, ni comprar un libro para leer. Un educador, por ejemplo, gana cuatro dólares al mes y un trabajador de la salud puede estar en un ingreso igual. Un docente no puede decir a sus hijos: “vamos al cine a ver una peli”. Para nosotros los venezolanos el béisbol es importante y yo recuerdo que de niño uno de los momentos más bonitos eran cuando mi papá nos reunía y nos íbamos al estadio juntos. Eso ya no lo puede hacer una familia.

    Si nadie puede vivir de su trabajo, ¿de qué viven?

    Las remesas son una manera de subsistir, si uno tiene familiares afuera. Otra manera es la economía informal. Venezuela es un país con muchos recursos mineros. El Estado venezolano actualmente está imbuido en la economía oscura, una economía minera ilegal, en la que circulan muchos dólares y bienes. Eso va generando ciertos ingresos económicos para algunos, pero a la vez deteriora la calidad de vida para los demás. Otra opción es abandonar el país: así lo han hecho casi uno de cada cinco venezolanos, la mitad de ellos menores a treinta años.

    Fotografía de casas de ladrillo sin terminar en la ladera de una montaña

    El barrio de la Vega, Caracas, Venezuela. Fotografías de Sergio González. Usadas con permiso.

    ¿Cómo afecta todo esto al país?

    Ha ido generando más violencia intrafamiliar, más desesperación y mucha depresión. Entonces, hay que estar también viendo cómo atender eso. Una de las consignas que nosotros tenemos aquí en nuestra parroquia es: “hacer el bien nos hace bien”. La práctica del bien es el mejor antidepresivo que hay. Gran parte de la depresión que se va dando es la que llaman depresión exógena, que es cuando las circunstancias te afectan y te deprimen porque te sientes incapaz de mejorar la situación. Pero el trabajo te da dignidad y propósito. Yo una vez estaba reunido con un grupo de docentes y una de ellas se estaba retirando del colegio para montar un negocio, para ganar algo más y no pasar hambre con la familia. Las otras también estaban en esa situación, pero no pensaban retirarse. Yo les pregunté por qué seguían trabajando. Respondieron: “es que, si dejamos nuestro trabajo de enseñar, nos empobrecemos más, porque enseñar a otro, que es mi vocación, me enriquece humanamente”. Yo me quedé asombrado.

    Entonces estamos inmersos, diríamos, en lo que Puebla y Medellín llamaron el pecado estructural. Estamos como el pueblo de Israel, viviendo el destierro en nuestra propia tierra. Peregrinamos en medio del dolor, porque Venezuela es un país en duelo: duelo por la pérdida del país y la vida que conocíamos; duelo por la mucha gente que se va del país; y duelo por toda la violencia que ha matado a muchos.

    Pero tenemos la mirada puesta en la resurrección. Hay muchas iniciativas sociales nuevas, especialmente acompañadas por las iglesias que sirven de paraguas legal. Son esfuerzos que, a veces, vistos frente a los niveles de destrucción con los que estamos sometidos, parecen ser pequeños, pero son una fuente importante de esperanza. Como nunca en mi vida he visto cómo Dios está moviendo los corazones con la fuerza de su Espíritu y cómo la gente está fortaleciéndose. Es nada menos que un milagro. Creo que, si logramos seguir adelante con una perspectiva sinodal, la perspectiva de fraternidad, sembrando participación y corresponsabilidad, la fe será el vehículo para ir pasando del yo al nosotros. Entonces va a ser una experiencia importante para el momento en que, si Dios quiere, haya un cambio en las estructuras políticas. Entonces la gente estará preparada para ser protagonista de la transformación de nuestro país.

    Si hay hambre y discernimos, desde nuestra fe, cómo ser fraternos y anunciar a Jesucristo, vamos a ver cómo la afrontamos.

    ¿Podría contarnos sobre las iniciativas sociales que están empezando en su parroquia?

    Nuestra parroquia está ubicada en un barrio marginal en el sureste de Caracas. Sus patrones son San Alberto Hurtado y Beato José Gregorio Hernández. Alberto Hurtado es un santo chileno de la iglesia católica, que se dedicó fundamentalmente a trabajar en medio de los pobres, a trabajar por los derechos humanos, el derecho a la vivienda digna, los derechos de los niños y los jóvenes. Y José Gregorio Hernández es conocido como el médico de los pobres, se dedicó a trabajar por erradicar las enfermedades en Venezuela y a atender a los pobres que estaban en los cordones de miseria. Hoy ellos son como dos modelos de vida cristiana, de seguidores de Jesús, que nos animan a ser una comunidad con ese sello, con esa impronta, para seguir a Jesús de esa manera.

    La parroquia es nueva, apenas tiene diez años. Yo llevo seis años aquí, comencé con la crisis fuerte de migración, de hambre, de todo esto. Todavía no tenemos templo parroquial. Lo que nos propusimos primero fue ir caminando hacia la construcción de la iglesia real, la iglesia como comunidad. Vamos poco a poco construyendo procesos comunitarios de fe. La parroquia se divide geográficamente en distintos sectores y hay una comunidad eclesial de base en cada uno. La parroquia la entendemos como una comunidad de comunidades. Los ministerios que tenemos son con enfoque de derechos humanos, porque cuidar y defender la vida depende de los derechos humanos.

    Entonces, nosotros hemos organizado nuestra parroquia aquí por redes. Hay una red de cinco comedores populares donde, en alianza con otras organizaciones, atendemos a 400 niños y niñas en alimentación. También tenemos cinco comedores escolares donde damos de comer a alrededor de 1.200 niños. Tenemos la red educativa San Alberto Hurtado, compuesta por cinco centros educativos donde atendemos en educación alrededor de 2.500 niños, niñas y adolescentes. Ha sido uno de los desafíos que tenemos ahorita, ver cómo apoyamos a los docentes que ganan cuatro dólares al mes, para que no se retiren del proceso educativo. Hay maneras simples que ayudan, como pagar el transporte. También tenemos una red cultural y deportiva para atender el derecho a la recreación e higiene mental de unas 200 familias, porque ante una situación tan difícil es importante que los niños y familias se recreen.

    Apoyamos un proyecto de música para los jóvenes y niños y niñas con la consigna de que un niño que toca y se enamora de un instrumento musical, difícilmente va a tomar un arma. Es una manera importante de trabajar contra la violencia. También tenemos una red de salud, en alianzas con otras organizaciones, que consiste en un consultorio médico y promotores de salud comunitarios. Si las personas van al médico, no tienen después cómo cubrir sus medicamentos. Una de las misiones más importantes que Jesús tuvo fue la sanación, así que es fundamental que la iglesia participe en eso. No resolvemos el problema, pero es algo.

    Todos estos programas tienen un componente evangelizador. La fe tiene que estar vinculada a la vida, con efectos reales. Y eso va desatando procesos de participación y compromiso en la gente. Sienten la fuerza de Dios en medio de toda esta situación caótica y se suman a la obra. Dios nos da la fuerza para responder, para avanzar, para organizarnos y para cultivar la esperanza que tanta falta nos hace.

    Group of people singing and playing percussion instruments outdoors

    Los fieles cantan en el Misa Aguinaldo de La Vega, diciembre de 2021

    ¿Podría compartir cómo es el trabajo de mediación entre la policía y las bandas?

    Recientemente hemos vivido una violencia muy fuerte, una guerra prácticamente entre bandas delictivas y cuerpos policiales. Hubo muchos muertos, con mucha violación de derechos humanos: por ejemplo, en una rapiña en enero murieron por lo menos veintitrés personas a manos de la policía. Gran parte de la población estaba en medio del fuego cruzado y nuestra respuesta principal fue acompañar a la población para que pudieran, en medio de esta situación, procesar su trauma. Luego, atendimos las violaciones de derechos humanos que ocurrieron por parte de los cuerpos policiales y enviamos mensajes a las bandas para que respetaran a la población civil. En algunos lugares del país, mi congregación está trabajando con la pacificación de zonas, en diálogos entre violentos y comunidades para poder restablecer la convivencia, intentando establecer caminos para reconstruir el país desde dentro.

    Como quizá podrán imaginar, La Vega se convirtió en mala noticia. A mí me entrevistaron en un medio, Analítica, para preguntarme sobre todo ese tema de la violencia. Yo les dije: “sobre la violencia están hablando todos los medios y si a mí me entrevistan yo voy a hablar de lo bueno. No estoy diciendo que la violencia no exista, pero La Vega no es pura violencia.” Al final del programa, el anfitrión me dijo: “Padre, usted le dio una vuelta al programa y yo se lo agradezco tanto, que quiero organizar un programa donde pueda traer a la gente con la que usted trabaja”. Y entonces creamos el programa Venezuela en Positivo donde mostramos algunas de las experiencias positivas que vamos haciendo. Fue importante porque en Venezuela, y me imagino que en muchos lugares de América Latina, la gente piensa que en los barrios marginales viven puros delincuentes y hay discriminación contra aquellos que viven allí. Entonces, yo creo que desde la fe hay que decir: “mire, somos gente buena que queremos construir, que queremos aportar”.

    ¿Cuál fue su camino para terminar haciendo este trabajo?

    Yo nací en Barranquilla, Colombia y cuando tenía dos años de edad mi familia migró a Venezuela. Llegamos a un barrio periférico y excluido de Maracaibo, una ciudad fronteriza con Colombia. El barrio a donde llegamos era muy pobre, no había ni escuela ni acceso a la salud. Entonces, mi mamá que era la mujer más preparada y con la ayuda de otras mujeres del barrio, fundó una escuelita y se puso a enseñar lectura, escritura, matemáticas y religión a los niños y a los jóvenes. Como era enfermera también atendía la salud. Así que, mi mamá era como la escuela y el hospital para el barrio. Y mi papá era panadero. Fue padre excelente para nosotros y además se convirtió en el papá de los demás niños, porque muchos de ellos eran hijos con la mamá nada más. Pues, yo desde niño adquirí eso del servicio a los demás, de servicio comunitario y de la fe.

    Después, al barrio donde me crié llegó un padre jesuita llamado Acacio Belandria. Eran los tiempos de la conferencia de Medellín, cuando muchos curas y monjas se fueron a los barrios a fundar programas sociales y comunidades cristianas eclesiales de base. Yo me formé en ese ambiente eclesial. Después vino Puebla, cuando ya estaba joven, entonces me tocó participar en mi comunidad eclesial acompañada por el padre Acacio y las hermanas misioneras médicas que estaban trabajando en mi barrio también. Y junto a ellos tuvimos muchas charlas y reuniones. Era un momento bonito eclesial, muy pujante de fe y esperanza.

    También estudié en Fe y Alegría, una institución educativa fundada por los jesuitas aquí en Venezuela, donde me recibí de maestro de escuela y encontré mi vocación cristiana. Fui ordenado en 1996 y pasé tres años en Angola trabajando en campos de refugiados. Después regresé a Venezuela y eventualmente vine aquí a la parroquia de San Alberto Hurtado. He estado trabajando también en el Centro Gumilla, como director de nuestra Revista SIC y coordinador de derechos humanos.

    El padre Alfredo Infante da su bendicion a una nina que lleva una vela

    P. Alfredo Infante bendice a una niña en la Misa Aguinaldo de La Vega, diciembre de 2021

    ¿Podría hablar sobre el encíclico Fratelli tutti que trata muchos de los temas que ya hemos conversado?

    La Fratelli tutti parte fundamentalmente de la gran verdad que Cristo es hijo y hermano. El hijo de Dios nos hermana y por eso podemos hablar de la fraternidad universal. Entonces, el foco es la fraternidad en el hijo Jesús y eso es trascendente. Nos pone en camino porque somos pueblo de Dios que se va hermanando, peregrinando, buscando esa fraternidad en Cristo. Entonces, claro, eso nos coloca en otro horizonte eclesial: la Iglesia ya no es una institución, sino fundamentalmente un pueblo que camina por el mundo buscando vivir la experiencia de una comunidad de fe en nombre de Cristo.

    Entonces, eso implica tomar nuestra misión hoy en discernimiento. ¿Qué significa una iglesia fraterna hoy, aquí en la parte alta de La Vega? ¿Qué modelos de relaciones tenemos que establecer? Por ejemplo, si hay hambre y discernimos, desde nuestra fe, cómo ser fraternos y anunciar a Jesucristo, vamos a ver cómo la afrontamos. Si hay problemas de salud serios, bueno, Jesús es sanador y si somos sus seguidores, él nos llama a ser fraternos y organizarnos en un ministerio de respuesta a la salud. Para lograr todo eso, debemos estar alimentándonos en el encuentro con la palabra, la oración y la celebración.

    Creo que la Fratelli tutti es más una espiritualidad que una doctrina. La diferencia es que, en la espiritualidad, como dice Jesús a Nicodemo, el Espíritu sopla donde quiere. Si nos abrimos al Espíritu, lo único que sí sabemos es que vamos a buen puerto, pero esos caminos los iremos discerniendo. En cambio, la doctrina es un camino seguro y hay una receta. Esta nueva dirección implica que para ser Iglesia no hay recetas, sino que es importante que nos tomemos nuestra fe en Jesús con responsabilidad, con discernimiento; y que la Iglesia que vayamos construyendo sea el resultado de esa relación con Jesús, de ese seguimiento con Jesús, y desde allí, qué respondemos ante la situación que vivimos.

    Y eso nos lleva a que en las primitivas comunidades cristianas no había recetas, sino una diversidad en las maneras de organización, pero con un sentido profundo de fraternidad y de seguimiento a Jesús, y de experiencia espiritual de discernimiento. La comunidad de Santiago en Jerusalén era muy distinta a las comunidades paulinas. A mí me gusta siempre volver la mirada a la comunidad judía que esperaba la segunda venida y vendieron y repartieron todo; pero, fraternalmente, consumieron todo, también. Como el señor se tardaba en venir, se empobrecieron. Pablo aprendió de esa experiencia y dijo: “el que no trabaja, no come”. Entonces, las comunidades Paulinas se solidarizaron con la comunidad de Jerusalén. Esa comunión en la pluralidad es algo propio del Espíritu y es lo que Jesús quiere, yo creo que por ahí vamos a ir caminando. Eso exige, de parte de nosotros los creyentes, una mayor responsabilidad y corresponsabilidad, porque es más fácil seguir una receta que estar en un discernimiento del Espíritu.

    Queremos hacer una iglesia más horizontal, más de la lectura de la palabra de Dios, más misionera, más ligera, una iglesia seguidora de Jesucristo. 

    ¿Entonces, la sinodalidad sería la aplicación en la vida diaria de la Fratelli tutti?

    Sí, pero voy a dar una respuesta más completa. Yo creo que con el papa Francisco se ha retomado el Concilio Vaticano II, esa inspiración eclesial que viví de joven: hacer una iglesia más horizontal, más de la lectura de la palabra de Dios, más misionera, más ligera, una iglesia seguidora de Jesucristo. No tanto una iglesia sacramentalista, sino una iglesia discipular: que escuche la palabra, que haga camino discipular con la palabra de Dios, que vaya evangelizando.

    Todo lo que Francisco ha propuesto va llevando un hilo. Primero vino la Evangelii gaudium que nos hizo ver cómo el evangelio de la alegría que es Jesucristo, es inclusivo y da vida a todos, especialmente a los más pobres. Después vino el año de la misericordia. O sea, ese Evangelio de la alegría solo es posible en relación al padre misericordioso, que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, que cuida de todos y se duele de ellos, y no quiere que sus hijos vivan en un mundo de injusticia, desigualdad y exclusión. Pero la creación también grita y la Laudato si’ es el grito de la creación, que el padre misericordioso también nos revela y acoge. Entonces, vino la Fratelli tutti que es como el horizonte eclesial para que ese Evangelii gaudium y Laudato si’ sean posibles. Y finalmente, la sinodalidad es el modo de organizarnos como iglesia para lograr todo eso. Implica cambiar nuestro modo de relación, para poder ser hermanos de verdad, no solo como una intuición espiritual, sino en la práctica, en la manera de trabajar juntos como seguidores de nuestro hermano Jesús.

    Una pregunta divertida: ¿los éxitos de atletas como Yulimar Rojas y Daniel Dhers son de inspiración para los jóvenes en Venezuela, justo en este momento difícil?

    Yo creo que el triunfo de los deportistas en Venezuela ha sido un signo de consuelo que nos da mucha esperanza. Son testimonios valiosos que, especialmente a los jóvenes, da el coraje y la fuerza para pensar que más allá de toda la situación difícil, es posible salir adelante.

    Y si quiero enterarme de lo que realmente está pasando en Venezuela, ¿a quién recomienda que lea?

    Yo te recomendaría la Revista SIC. La situación está bien difícil, pero también a veces hay gente que exagera más de la cuenta. Creo que ya hay bastante destrucción para encima decir cosas que a lo mejor no son.


    Entrevista realizada el 30 de octubre de 2021. Editada para mejorar la claridad.

    Contribuido por

    Alfredo Infante Silveira S.J. es párraco de la Iglesia de San Alberto Hurtado en Caracas, Venezuela y referente para temas de Derechos Humanos, pobreza y justicia. Ha sido director de la Revista SIC.

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