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El discípulo, la iglesia y el gobierno

por Eberhard Arnold

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Cuando nos preguntan: “¿A qué se parece vivir en comunidad?”, “¿Cómo fue que llegó a vivir en comunidad?”, podemos decir solamente que fe, bien específicamente fe, es la semilla de que brota la comunidad. Sabemos que la fe puede mover montañas. (San Marcos, 11:23) Es la única ayuda para la humanidad. No hay otra. Revoluciones sociales radicales, movimientos idealistas de retorno a la naturaleza, cultos centrados en una personalidad, creencias pacifistas en el gradual mejoramiento de la raza humana o en el poder del progreso del bien en el curso de la historia – ninguno de estos puede dar a la humanidad la fuerza necesaria o darle la dirección que seguir. Ni uno de estos movimientos es capaz de superar el pecado, la injusticia, el egoísmo, la ambición o la codicia. Resulta muy obvio, por ejemplo, en las palabras de miembros del movimiento de reforma agraria. (Para distribución y uso más justos de la tierra) Dijeron: “Damos por sentado el egoísmo humano. Si no fuera así, no podríamos justificar el movimiento reformista.”

La fe no toma el egoísmo humano por sentado; cuenta con eliminarlo completamente. Entonces lo que nos dice Jesús reemplaza el egoísmo: que si buscamos primero al Reino de Dios y Su justicia, todo lo demás se dará de por sí. Entonces todas nuestras cuestiones tendrán una respuesta sola: el Reino de Dios en Cristo por el Espíritu Santo. Estoy convencido que no quedará problema sin solución si seguimos este camino en serio y si esta semilla crece y florece en verdad entre nosotros.

Resulta paradoja que el gobierno, cuyo supuesto deber es suprimir el mal, por su misma naturaleza tiene que usar violencia, y se vuelve en la bestia del abismo. (Apocalipsis 11:7) Si se me permite decir algo muy atrevido, diría: Dios controla el infierno de los crímenes de los hombres con una máquina que también es infernal, el Estado.

Alguien dirá: “Yo voy a manejar esta máquina, y la haré menos infernal; voy a moderar las propiedades satánicas del infierno, y así serviré al Estado.” Tal determinación exige respeto. Pues bien; quienquiera desee hacer esto debería hacerlo, y estoy orando para que su empeño ayude en algo. Pero personalmente rehuso manejar las máquinas del infierno. Yo me voy a embarcar en aquella nave que muestre a toda la humanidad el rumbo a la otra orilla, que todavía está sin descubrir. Es esta el Reino de paz, de justicia, y del perfecto amor.

Necesitamos a gente que ose fijar rumbo hacia aquella orilla, que ose descubrirla, y que ose vivir de acuerdo con las normas del país del otro lado. Pero desde esta nave queremos quedar en contacto con todo el mundo. Es que tenemos un mensaje que enviarles, mensaje con el cual seguimos asumiendo nuestra responsabilidad por la suerte de la humanidad. Creemos que esta es la forma en la cual podemos servir mejor al mundo en este espantoso momento de la historia. (2 Corintios 5:20)

Dios espera que se abran lugares para que pueda irrumpir en ellos. Cada individuo tiene que abrir su ventana para dejar que entre la luz divina, y lo mismo es verdad también para las naciones. La mayoría de la gente no deja a Dios la oportunidad de actuar Él, sino que actúan según su voluntad propia, y en su arrogancia ponen sus acciones en el lugar que deberían ocupar los actos de Dios. Conque hubiera en cualquier sitio un solo lugar en el cual hombres y mujeres están totalmente unidos en la espera de que sólo sea Dios quien actúe, Él intervendrá en la historia de las naciones y de la humanidad…

La Iglesia está llamada a mover a Dios – sí, a Dios mismo – para que actúe. Esto no ha de entenderse como si Dios no actuare o no quisiere actuar a menos que Se lo pidamos. Pero Dios espera hasta que estemos listos para creer en Él, hasta que estemos preparados en fe a esperar Su intervención. Es Su inmutable deseo de actuar entre la gente, pero sólo en la medida en la cual tienen fe, están dispuestos a pedirle que intervenga, y a aceptar de buenas ganas lo que Él disponga, respondiendo con sus propias vidas diarias. (San Mateo 7:11)

Es así como en la súplica de nuestras reuniones de oración nos llega el Santo Espíritu. No es sólo que cada individuo se olvida de su situación personal; el cuerpo mismo de la hermandad transciende su propia autoridad. El Espíritu del futuro se nos adviene y nos traslada al futuro del universo todo. Porque el espíritu a quien pedimos que venga a nosotros no quiere apoderarse sólo de nosotros, sino del universo todo. Es por esto que Le pedimos que venga y al mismo tiempo sacuda al mundo entero. Creemos que nuestras reuniones de oración son horas históricas para el mundo todo.

Así rezamos en nuestras reuniones para que seamos unos en la fe, para que Dios intervenga en la historia del presente, y para que Dios haga que nuestra historia lleve a Su historia final.

Fue para esto que los primeros Cristianos rezaron en el nombre de Jesucristo.

Estos párrafos son extractos del capítulo ‘La revolución secular y la revolución de Dios, del libro La revolución de Dios.

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Contribuido por Eberhard Arnold Eberhard Arnold

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