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Él conoce nuestras necesidades

por Johann Christoph Blumhardt

2 Comentarios
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  • Claudia

    Es muy cierto

  • Elizabeth Valverde

    Gracias por facilitarme un devocional,mi deseo es estar conectado con Dios y quiero que mis oraciones sean eficaces, hay muchas necesidad..gracias.

Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Hebreos 4:15-16 (NVI)

Hay momentos cuando la vida es tan dura que te sientes incapaz de orar; tal vez hasta crees que ya no tienes fe. Parece que el Salvador está lejos de ti y que ya no le perteneces, o que no estabas en el camino correcto desde el comienzo. Es como si estuvieras en el infierno, sumido en el temor y un sentido de estar perdido. Es posible que quisieras no haber nacido. Es demasiado fuerte el dolor; el futuro, sin esperanza alguna.

¡Cómo quisiera yo dirigirte de tal manera que se quiten todas las tinieblas de tu alma! Pero no es posible disipar tal agonía de un solo golpe. Hay que esperar un momento de gracia. No obstante, el Salvador te puede dar mucho aun ahora, pero solamente si te quedas tranquilo y confías en él. Si no piensas demasiado sobre tu condición, así como haría un niño, no creerás que todo esté perdido aun cuando oyes voces disonantes en la mente. Allí está el Salvador para reconfortarte. Y si no te puedes volver tranquilo, no te preocupes. No es irreparable el daño; la incapacidad no es pecado. El Salvador te ama, si sólo por causa de tus suspiros.

Recuerda que Jesús entró en la carne, en tu propia necesidad, para que puedas saber que Dios no está indiferente ante tu sufrimiento. Gritas y lloras, estás totalmente miserable, estás dolido por no tener al Salvador. Eso está bien, mientras lo hagas de manera correcta. No dijo el Salvador: “Dichosos son los de la causa correcta.” Dijo mejor, “Dichosos los pobres en espíritu. Dichosos los que lloran. (Mt 5:3-4 NVI)” ¡Créelo!

Si no percibes al Salvador, cree el él aún más fuertemente. Quienes están más cerca del amor de Dios son precisamente quienes no han visto y sin embargo creen (Jn 20:29). Lo mismo es cierto de quienes no han sentido y sin embargo creen. El enemigo a menudo siembra el caos en nuestros sentidos, pero no puede tocar tu fe. El diablo no tiene ningún poder sobre tu fe—a menos que te rindas.

A veces vas a sentir que no tienes fe, y sin embargo crees en el fondo del corazón. En estos momentos, cree en tu fe. Las cosas se mejorarán. Cristo está todavía, aunque esté un poco escondido. Ni siquiera temes el infierno—porque Él está allí también. Quien grita y anhela, no se perderá. El Señor revela su gloria en aras de nosotros. Recuerda que el Señor intercede de parte nuestra (Rom 8:34) y no puede más que intervenir con su socorro si tu corazón lo anhela.


Traducido del libro Thy Will Be Done.

Imagen: Ivan Aivazovsky, Ship «Empress Maria» in storm (detalle)

Detail from the painting by Ivan Aivazovsky entitled Ship «Empress Maria» in storm, depicting a large ship in stormy seas.
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Contribuido por Johann Christoph Blumhardt Johann Christoph Blumhardt

El Blumhardt mayor, Johann Christoph (1805-80), estudió para el ministerio reformado y, después de un breve plazo como ejecutivo de una sociedad misionera, se hizo pastor en Möttlingen, pueblo casi desconocido en el sur de Alemania. Él continuó su ministerio hasta su muerte en 1880.

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