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La Palabra viva

por Johann Heinrich Arnold

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En Juan 1 leemos: «Antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios». ¿Qué es esta Palabra? Una palabra humana dicha de una persona a otra, una palabra sincera de amor, le pertenece primero al que la dice. Vive en la persona, arde en ella, y luego la comunica al corazón de otra persona. Pero ahora estamos hablando de la Palabra de Dios: la Palabra viva. Esta Palabra, esta expresión personal de Dios, estaba con Dios en el principio, y todas las cosas fueron creadas por medio de él, y sin él nada se hubiera creado. Es tan poderosa que no puede ser escrita o impresa. Así será el reino de Dios, cuando él hable su Palabra a los corazones de la gente, cuando los juzgue y ellos se angustien por la injusticia y la maldad, la mentira, el asesinato y la discordia, la impureza de esta tierra. Esta Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Ocurrió en el pueblo de Belén. La Palabra realmente se convirtió en un ser humano, pero él fue y es el ungido Dios, el Cristo.

Nada nos puede ayudar, nada excepto la Palabra de Dios. Y por la Palabra no nos referimos a las puras letras de la Biblia. Es verdad que, debido a que la Biblia contiene los dichos de Jesús y de los profetas en forma escrita, es el libro más sagrado que existe. Pero la Biblia en sí misma no es la Palabra, solamente es testigo de ella. Cuando leemos la Biblia y sentimos a Dios hablando directamente a nuestros corazones, cuando nuestros corazones empiezan a arder, sabemos que es la Palabra viva. «La letra mata, pero el Espíritu da vida». Cuando la Palabra penetra nuestros corazones, experimentamos cómo vivió Jesús, por qué murió y cómo resucitó y ascendió al cielo. Cristo mismo es la esencia de la Escritura.

La Biblia en sí misma no es la Palabra de Dios. Tú no estás proclamando la Palabra de Dios simplemente al leer en voz alta la Biblia. Cuando Jesús fue tentado en el desierto, le dijo al tentador: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Con esta Palabra viva, que sale de la boca de Dios, Jesús alejó al tentador. La Palabra viva es lo que Dios te dice ahora, en este momento, en tu corazón. No es lo que él le dijo a Moisés o a Elías o incluso a Jesús, sino lo que te dice a ti. Pero lo extraordinario aquí es que cuando Dios te habla, nunca contradice a Jesús o a sus profetas.

De una carta: Me alegro de que la Biblia ha cobrado vida para ti. Eso es muy importante: no las letras, sino el Jesús vivo. Que arda en nuestros corazones y en nuestras vidas. Entonces dejaremos de preocuparnos tanto por las actividades externas, por las que sufre nuestra vida interior. Cuando Jesús sea el centro de nuestras vidas, nuestra vida interior se convertirá como una llama que arde para él.

Si tenemos una profunda necesidad —una oscuridad espiritual— entonces encontraremos la sanación solo al aceptar la Palabra viva de Jesús. Si su Palabra va a sanar, debe provenir directamente de su corazón y entrar a nuestra alma y corazón. Entonces el libro abierto de la Biblia se convierte de repente en un libro ardiente. Cada letra es como fuego. Cristo entra al corazón como fuego y brasas ardientes, puede compararse a probar la sal, es tan real.

Cuando la Palabra viva toca a una persona, desaparece la preocupación por sí mismo.

Para proclamar la Palabra, no es suficiente ir a la universidad o asistir a un seminario; ni siquiera es necesario. Lo que es necesario es ser una persona humilde y vivir de corazón. Cuando hagamos esto, se derrumbarán nuestras teologías y teorías humanas, el mundo de nuestros propios pensamientos, y Jesús mismo vendrá a nosotros y nos dará su medicina sanadora; lo recibiremos en persona.

Hay muchos lugares en la Biblia donde al parecer dos pasajes se contradicen uno al otro. Ambos deben contener la verdad, pues Dios no engaña a nadie. Si escuchamos a fondo al Espíritu, lo comprenderemos. Si solo escuchamos a nuestro intelecto, permaneceremos alejados de la verdad de Dios. La Biblia está cerrada al enfoque académico. Solamente el maestro tiene la llave para este libro. Él es la verdad, que estaba con Dios desde el principio y que se hizo carne. Él es la fuente del entendimiento y es vida. Sin Cristo mismo, nadie puede entender la verdad.

Cuando el corazón de Dios —la Palabra viva— toca a una persona, desaparece la preocupación por sí mismo. Se vuelve uno con Cristo, tan unido que querrá seguir a Cristo completamente, incluso hasta la cruz. Estas no son meras palabras. Los creyentes de todas las épocas han sufrido tortura y fueron decapitados, quemados vivos, colgados o ahogados por causa de Cristo. No tenemos que ir muy atrás: esto incluso está ocurriendo en la actualidad.

Si queremos ser como Jesús —y toda persona debería tratar de ser como él— debemos estar dispuestos a cargar su cruz. Entonces la Palabra se volverá verdad en nuestros corazones. Cuando nos encontremos con Dios, vamos a temblar, como le sucedió a María cuando se le apareció el ángel. Para recibir una vida nueva tenemos que estar dispuestos para el dolor, la pobreza espiritual y el sufrimiento interno del nacimiento. Cuando esta Palabra nace y se convierte en carne, irradia amor y quiere vivir en Dios, solamente en Dios. Cuando la Palabra nace en nosotros, dejamos de desear la oscuridad. Cristo nos despierta, nos libera de nuestros infiernos. Nos convertimos en un hermano de Jesús, una hermana de Jesús y una madre de Jesús. «Pues mi hermano, mi hermana y mi madre son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.» Nos convertimos en esa iglesia de Jesucristo. Ahora podemos proclamar que Cristo en verdad se hizo carne. No es un concepto intelectual, es algo que cambia la vida.


Extraido y traducido del libro Discipleship (en inglés).

eucalyptus en el viento
Contribuido por J. Heinrich Arnold Johann Heinrich Arnold

Johann Heinrich Arnold, conocido por sus libros que han ayudado a muchos a seguir a Cristo en su vida diaria. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre cabal que daba la bienvenida cariñosa a cualquiera persona abrumada, invitándola a tomar un cafecito y platicar.

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