Plough Logo

Shopping Cart

  Ver carrito

Subtotal:

Caja

¿La mujer liberada?

por Erika Brinkmann

2 Comentarios
2 Comentarios
2 Comentarios
    Enviar
  • Luisa Rivero

    Tan cierto,y tan real me identifico con esto.. me pasa. saludos Gracias

  • yanet mímica moreno navarro

    Muy buen testimonio me encanto y con este testimonio lo voy a compartir con otras hermanas Bendiciones

«¿Ha el feminismo decepcionado al 99%?» Este titular me llamó la atención recientemente mientras leía las noticias en línea. Para celebrar el número creciente de mujeres empleadas en puestos de responsabilidad es, argumenta el autor, decepcionar al «99%» para quienes todavía la batalla no se ha ganado. ¿Cómo pueden las feministas estar satisfechas con igualdad salarial, ella se pregunta, cuando cada semana dos mujeres son asesinadas por sus compañeros? Y ¿cómo ayuda el tener a mujeres poderosas, cuando es la misma estructura del poder corriente que necesita cambiarse? Me fascinaron sus palabras porque sumaron lo que he pensado muchas veces. Si la igualdad legal no ha ayudado al «99%», ya es tiempo de buscar las respuestas en otras partes.

Mi generación ha crecido con la mantra de la realización personal como la esencia de la liberación: «¡Vive tus sueños! ¡Alcanza tu máximo potencial!» Se implica siempre que el cumplimiento de nuestros deseos y ambiciones es la clave de la felicidad; para las mujeres en particular, esto significa empoderamiento, dignidad y libertad. La educación puede servir como una herramienta importante para ayudar a las mujeres a encontrar libertad y profundizar su sentido de dignidad, y es reprensible que se niegue una educación a tantas mujeres y niñas. No obstante, la verdadera libertad no brota de la educación y el éxito profesional; la verdadera libertad viene desde adentro, y da a las mujeres dignidad y empoderamiento genuino. Déjame explicar.

La liberación y el empoderamiento auténticos se encuentran solamente en Cristo.

Mientras estudiaba en Alemania por cuatro años, trabajé con un grupo de mujeres jóvenes con un alto nivel de educación, todas estudiando para obtener nuestras certificaciones post-maestría. Aparentemente todas fuimos exitosas e independientes, pero de encuentros personales yo sabía que todo el empoderamiento que supuestamente dan la educación y una carrera exitosa, no alcanzaron el área de relaciones personales. Particularmente recuerdo una amiga cercana que confió su lucha por el auto-respeto en una relación manipulativa. Me dolió el corazón por ella. Parecía estar en camino para hacerse una del envidiable «1%», pero por sus propias palabras ella no se sintió liberada siquiera, y ciertamente no empoderada.

La liberación y el empoderamiento auténticos—la fuerza que viene desde adentro—se encuentran solamente en Cristo. Eso podría sonar como un lugar común, pero he experimentado la verdad de estas palabras como una realidad ganada a duras penas. Durante años he luchado por reconciliarme con mi identidad como una mujer soltera. Vivo en una comunidad de fe, rodeada y apoyada por amigos y parientes, y hago lo que más quiero: enseñar. Yo debería estar «realizada». A pesar de cada apariencia de haber «actualizado mi potencial», a veces me he encontrado carente de autoconfianza y luchando contra sentimientos de bajo autoestima.

De vez en cuando, mis amigos o estudiantes han comentado sobre mi estado de soltera. Aunque me he reído como si no me importara, lo resentí interiormente, rebelándome instintivamente contra el punto de vista popular y tácito que la definición de quien soy se basa en si «tengo un hombre en mi vida». Esto me afligió porque yo misma había absorbido sin querer la errónea creencia cultural, que mi anhelo, como una mujer soltera, para que alguien me amara específicamente, alguien que siempre estaría allí, solo para mí, significaría exactamente eso: un hombre en mi vida. Ya que no lo tenía a menudo estaba frustrada, envidiosa y a veces atacada por la auto-compasión.

Por fin, después de muchísima reflexión, me di cuenta que yo, tanto como mis estudiantes y amigos, necesitaba encontrar un camino libre de este estereotipo bien establecido. Finalmente reconocí que esta suposición engañosa es el apoyo manipulador de la estructura de poder denunciada con razón por la mayoría de las feministas. Sí, me había atrapado a mí, tanto como un sinfín de otras mujeres, en inseguridad fundamental. Y entonces lo encontré, o mejor dicho, él me encontró a mí: Jesús, el que me ama personal y especialmente, y siempre, siempre está allí para mí.

El está en todas partes—en la Biblia, en carteles, en radio evangélico: ¡Jesús te ama! ¡Eres valioso! He escuchado estas palabras por toda mi vida, pero solo fue cuando viajaron desde mi mente al corazón que podía experimentar el poder de esa verdad. Jesús libera, Jesús empodera—y he aquí la respuesta a los esfuerzos, a menudo frenéticos, del movimiento feminista para establecer el valor de la mujer. No estoy liberada por mi derecho legal al aborto; no estoy liberada por ganar un salario igual y estar a la par profesionalmente con los hombres; estoy liberada en la certidumbre que Dios me ama—infinitamente—y eso me empodera, más que las elecciones sobre mi cuerpo o educación o posición igual de salario.

«Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4:19). Siempre importantes, estas palabras se han convertido en una piedra de toque para mí, algo al cual regresar cuando cedo ante inseguridades, que todavía tengo de vez en cuando. Entonces, ¿qué ha cambiado para mí? Todavía soy soltera, todavía quisiera casarme algún día y ser madre, y creo que son naturales estos sentimientos. Pero ahora hay una gran diferencia en mi actitud, porque no importa cómo termine mi vida, estoy convencida de que Dios tiene un plan para mí. Lo que sea mi presente o mi futuro, puedo vivir con dignidad e integridad, libre de la necesidad de defender mi identidad como una mujer soltera ni por menospreciar el papel de apoyo de una esposo ni reivindicar agresivamente mi independencia de soltera. Yo sé que se puede encontrar el amor y la seguridad que anhelo solo en Jesús; ningún ser humano puede llenar ese vacío perfectamente.

Y entonces lo encontré, o mejor dicho, él me encontró a mí: Jesús, el que me ama personal y especialmente, y siempre, siempre está allí para mí.

Más importante, ahora percibo el amor de Cristo como el poder para ayudarme a compartir esta verdad con otras personas. Hace un año, aunque incapaz de cambiar las circunstancias de la vida de mi amiga, la podía animar a creer en el valor de su alma. Una atea por su propia descripción, cautelosa al solo mencionar a Jesús, la vi confortada y fortalecida por la idea de un Creador amoroso con un propósito para su vida. Fue todo lo que vino a mi mente en el momento para decírselo, y eso bastó.

Así te digo hoy. Si eres soltera o casada, mujer profesional o ama de casa, Jesús es él que puede cambiar la deformada estructura del poder que probablemente controla tu vida ahora. Jesús cambia la promesa mundana de realización y te libera de la interminable búsqueda degradante para satisfacer tus propios deseos y ambiciones; él te ofrece libertad auténtica, dignidad y empoderamiento son su amor.

Cristo es la respuesta, no solo para «el 99%» sino para todas las mujeres. En realidad, la respuesta para todos los hombres y todas las mujeres, sin importar su estado civil, es ser amado por Cristo y compartir este amor con los demás.


Erika Brinkmann estudió educación infantil por ocho años y media en Albany, NY, EEUU y Erfurt, Alemania; obtuvo una licencia de maestro en los dos países. En el momento vive en la comunidad Bruderhof Mount Community y es profesora de alemán en la escuela secundaria Mount Academy. A Erika le encanta la naturaleza—y todo lo alemán.

Imagen de arriba: Anthony Quintano, Paisaje urbano de Nueva York. Fuente: Wikimedia Commons

woman in a red dress walking in the city
¿Tiene usted algún comentario? Únase a la conversación. 2 Comentarios
2 Comentarios