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La fe: un encuentro con Jesús

por Johann Heinrich Arnold

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¿Quién es Dios, y cómo podemos encontrarlo? Una respuesta a esta pregunta es que algo de la luz de Dios ya se encuentra presente en el fondo de cada uno de nuestros corazones. Hay veces en que esto se siente únicamente en un profundo anhelo de bondad, justicia, pureza o fidelidad. Pero si ese anhelo se dirige hacia la fe, encontraremos a Dios.

Los primeros cristianos decían que si los seres humanos buscan a Dios lo encontrarán, porque él está en todos lados. Para encontrar a Dios no existen fronteras ni límites que no se puedan cruzar, ni obstáculos que no se puedan superar. Piensa en Nicodemo, quien al principio no creía que podía cambiar en su vejez. Incluso él encontró la fe. No podemos excusarnos por no encontrar la fe. Si tocamos a la puerta, se abrirá.

Dios llega al corazón de cada persona, que tiene fe en que él vendrá, a cualquiera que lo busca. Pero debemos buscarlo y esperar que venga a nosotros. Si vivimos nuestras vidas con apatía esto no ocurrirá. Debemos buscar primero, solo entonces lo encontraremos.

La fe y la buena conciencia están completamente entrelazadas una con la otra. Si no escuchamos nuestra conciencia, naufragará nuestra fe. Y si perdemos la fe, perdemos la posibilidad de tener una conciencia pura y viva. Por lo tanto, el apóstol dice que las conciencias de aquellos que no creen no están limpias. Debe ser así, porque sin la fe, la conciencia no tiene nada en que aferrarse.

De una carta: Pedro le dijo a Jesús que estaba dispuesto a morir por él, pero, a pesar de eso, lo negó tres veces. Ninguno de nosotros puede decir que tendrá la fuerza para soportar. Tal cosa solo es posible en el poder de Dios. Solo él puede darnos la fortaleza.

Cuando las personas se sienten solas e inseguras de sí mismas, a menudo es porque no creen con bastante profundidad que Dios las entiende totalmente. Pablo escribe que si amamos a plenitud, entenderemos como somos entendidos totalmente. Las palabras de Juan también son muy importantes: Dios nos amó antes de que pudiéramos amarlo. Esto es lo que debe entrar en nuestros pequeños corazones, y a eso debemos aferrarnos: el amor del gran corazón que nos entiende completamente.

¿Por qué hay tantas personas hoy en día que no pueden encontrar la fe? Creo que hay varias razones. Algunos están satisfechos con lo que está pasando; están orgullosos de vivir en una época de gran cultura y civilización, y están cegados ante el sufrimiento de la humanidad y de toda la creación. Han perdido de vista a Dios.

Otros se desesperan. Reconocen la injusticia del materialismo y sufren con los oprimidos. Pero en su compasión olvidan la culpa del género humano, la culpa que todos debemos llevar. Y si ven la culpa, solo ven la culpa en cierta clase o nación, no en todos los seres humanos. Ven la creación, pero no al Creador. También han perdido de vista a Dios.

Aun otros ven el pecado, la culpa y la debilidad de hombres y mujeres, pero no tienen corazón, no tienen paciencia con los oprimidos y no sufren con ellos. Debido a que han perdido de vista a Dios, no escuchan el clamor de toda la creación. No tienen fe real, o han encontrado la fe solamente para sus propias almas y no para la humanidad que está sufriendo.

Podemos encontrar la fe, solamente si encontramos primero a Dios. Cuando encontremos a Dios, empezaremos a ver la necesidad de los seres humanos desde su punto de vista, y creeremos que él puede responder a esa necesidad. Los hombres deben reconocer que Dios ama al mundo, incluso en nuestra época. En la noche del juicio, que está pasando sobre nuestra llamada civilización, las personas necesitan escuchar que Dios todavía las ama y que ama su creación. El mensaje de fe es un mensaje de amor.

De una carta: Nunca podrás probar —incluso a ti mismo— que Jesús existe. La fe debe ser una experiencia interior. Mientras trates de probar el objeto de tu fe intelectualmente, tus esfuerzos se interpondrán en el camino de tal experiencia. No soy capaz de probar la existencia de Jesús, no tengo nada sino mi fe viva. Tomás dudó que Jesús de verdad se levantó de entre los muertos; él dijo: «Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré». Entonces vio a Jesús y creyó. Pero Jesús dijo: «Dichosos los que no han visto y sin embargo creen».

Cualquiera que piense que es extremadamente pecador —cualquiera que dude que Jesús puede ayudarlo— se ata a sí mismo al diablo. Pone en duda la victoria de la cruz y obstaculiza la entrada del Espíritu Santo en su corazón. Debemos rechazar esta duda. Pues al fin y al cabo, el evangelio dice que Jesús llevó el pecado de todo el mundo, y que «el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre».

El Cristo vivo murió en la cruz para reconciliar todas las cosas con Dios. Esta reconciliación está más allá de nuestro entendimiento humano. Pero sabemos que es posible para cada uno de nosotros, y que se nos llama a arrepentirnos y a encontrarla.

Extraido y traducido del libro Discipleship (en inglés).

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Contribuido por J. Heinrich Arnold Johann Heinrich Arnold

Johann Heinrich Arnold, conocido por sus libros que han ayudado a muchos a seguir a Cristo en su vida diaria. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre cabal que daba la bienvenida cariñosa a cualquiera persona abrumada, invitándola a tomar un cafecito y platicar.

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