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Encontrando la Cruz

Una meditación para la pascua

por J. Heinrich Arnold

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  • Domingo Portalatin Sanchez

    Me parece interesante esta reflexion, puesto que nos permite seguir profundizando entorno a la cuaresma y vivir la experiencia de la cruz al igual que Jesus.

No nos podemos encontrar con Jesús sin encontrar la Cruz. Su persona emana un camino de sufrimiento. Por medio de su sacrificio, su gran amor para toda persona, inunda nuestro corazón, y dentro de nosotros se convierte en un deseo de salir y salvar a aquellos que todavía estén sujetos a la oscuridad. Si amamos a Jesús, el deseo de sufrir por él, surgirá con naturalidad. No me imagino cómo se puede seguir a Jesús sin un entendimiento profundo de su camino sufriente.

Nos hace falta constantemente Cristo crucificado dentro de nosotros. Para recibirlo, necesitamos silencio ante Dios una y otra vez. Cristo quiere vivir en nuestro corazón para que podamos vencerlo todo. Todo recibe su verdadero sentido por medio de él.

No hay otra base para la verdadera paz del corazón, salvo la unidad con él. Sólo Cristo nos puede llevar a una completa confianza en Dios. En él encontramos los juicios más fuertes de ira contra todo mal, y también la revelación de su gracia de amor.

El pensamiento de un Dios todo amoroso nos puede separar del poder de su presencia. Todos sabemos que Dios perdona el pecado, pero olvidamos que lo juzga también. Hay rebeldía contra la expiación en nuestro pensar moderno. Tal vez nuestra idea de un Dios todo amoroso nos previene de querer ser juzgados. Pensamos que sólo nos hacen falta el amor y el perdón; no obstante eso no es el Evangelio completo; hace a Dios demasiado humano.

Es crucialmente importante que la Cruz de Jesucristo esté en el centro de nuestro corazón—que sea central a nuestra vocación y misión. El Cordero de Dios crucificado está ante el trono de Dios (Rev 5:6). La Cruz es el centro del universo y debemos encontrar el significado de su altura, profundidad y amplitud como una revelación mística por medio del  Espíritu Santo. No basta creer en ella; debemos pedir a Dios poder encontrar su realidad.

Necesitamos llegar más allá de nuestras luchitas personales para  vislumbrar la grandeza de Dios y su voluntad. Es importante recibir la salvación personal por medio de la Cruz, pero no sirve para nada permanecer en esta etapa. La Cruz es mucho más grande que lo personal; abarca el mundo entero y más que este mundo.

Hay secretos que sólo sabe Dios, como el misterio de la muerte de Cristo en la Cruz. Dice la Biblia, que por medio de la Cruz, no sólo esta tierra sino también el cielo y todos los poderes y principados que pertenecen al mundo de los ángeles, se reconciliarán con Dios (Col 1:20). El hombre, y tal vez hasta los ángeles no pueden comprender los misterios que hay detrás de todo esto. Pero una cosa sí sabemos: Cristo venció la muerte nuestro último enemigo. Y por medio de la cruz ocurrió algo con  mucho poder más allá de los límites de nuestra tierra y mucho más grande de lo que nuestras almas puedan comprender.


Traducido del libro Discipleship (en inglés).

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