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Cartas a un joven preso

por Stan Ehrlich

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  • Rafael Castillo Rodriguez

    Es una carta tan bella que cuando la estas leyendo parece que ei escritor te estuviera hablando a uno , cómo se sintió el joven prisionero , saludes

Este es el segundo artículo de una serie de extractos de diferentes cartas escritas por Stan Ehrlich entre 1998 y 2004, año de su muerte, a hombres y mujeres encarcelados. Stan, de padre judío, fue un sobreviviente del holocausto nazi. Sin anteponerse a la gente que aconseja, él más bien los dirige con humildad, amor y cariño, al camino angosto y la vida nueva en Cristo.

Estas cartas escritas a un hombre muy joven, son particularmente cariñosas y animadores.

Querido hermano, no te extrañes si te tuteo, te ruego hagas lo mismo cuando me escribas a mí.

Te agradezco tu carta del 6 de mayo, y aprecio cuan abiertamente me cuentas tu vida. Estoy contento de saber que de aquí 5 meses saldrás ya de prisión, y volverás a tu país. Entiendo también cómo te sientes, entiendo tus angustias y tus esperanzas.

Digo que lo entiendo todo, querido hermano, porque hemos pasado por la misma, tú y yo. No he estado en prisión, es verdad, pero esto no significa que no pasado por los mismos pecados que tú. He mentido, he robado, he faltado de respeto a mis padres, en otras palabras, he desobedecido a los mandamientos de Dios, que esta es la esencia del pecado, sea grande o chico. Desobediencia es desobediencia.

Pero así como estamos hermanados en el pecado, podemos hermanarnos en el arrepentimiento. Yo también he pasado por momentos de desesperación, pero sepas que Dios no quiere que desesperemos nunca. Nunca digas ni pienses que «ya no tienes perdón de Dios». Fíjate que Jesús perdonó al ladrón en la cruz y le dijo que este mismo día iban a estar juntos en el paraíso, por el mero hecho que el ladrón había reconocido su falta. En esta situación estamos también nosotros. Nuestro arrepentimiento es lo único que Dios espera de nosotros, y yo estoy convencido de tu arrepentimiento. Ni tú ni yo no tenemos ninguna razón para desesperar, al contrario.

Una cosa sí, sin embargo. Recuerdas la parábola del hombre que estaba poseído por un mal espíritu, y fue curado. Pero, una vez curado, quedó ahí no más y no hizo nada con esta salud que había recuperado. Entonces el mismo espíritu malo retornó a su antigua vivienda, acompañado por otros siete espíritus malos. Una vez arrepentido, una vez curado, tú y yo hemos sido curados para que a nuestra vez hagamos algo para la causa de Dios. Miremos alrededor de nosotros, y veremos en qué mal estado está el mundo – tanto que da miedo, ¿verdad? Pues, tu y yo no podremos cambiarlo, pero sí podremos hacer algo nada más que obedeciendo a Dios y amando a nuestro prójimo. No es tan fácil como suena, pero Dios nunca nos pide nada que no podemos hacer. Podemos hacerlo, faltaremos alguna y otra vez, lo sentiremos, y volveremos a la tarea.

Tú me dices que has sido bautizado, y me alegro que así sea, porque esto me hace pensar que ya sabes todo lo que te estoy diciendo. Yo también lo sé, pero el saber sólo no nos basta ni a ti ni a mí. Es el actuar lo que cuenta. Y el actuar no es tan duro como parece. Pero cuando nos parece duro, cuando ya quisiéramos desesperar, acordémonos de Jesucristo, y en este momento nos dará la fuerza y la voluntad que nos hacen falta.

Tú tienes 23 años de edad, que es una edad maravillosa. (¡Yo tengo 81!) Cuando tenía 23 años yo estaba metido en tantas cosas estúpidas, que hoy todavía me da vergüenza. Pero en algún momento Dios me hizo la merced de conocerlo, y débil y sonso que soy, pude cambiar de vida. Ambos podemos hacer la misma cosa: dejar de confiar en nosotros mismos, nuestra pretendida astucia y todo esto, y sencillamente confiar en Dios, que al fin y al cabo sabe más y es más poderoso que nosotros, ¿verdad?

Yo creo que tú estás en vía de comprender esto. Tú tienes todas las razones del mundo para confiar en Dios y en tu propio porvenir quedando a su lado – que en realidad es él que queda al lado nuestro, mientras le hacemos caso.

Querido hermano, tanto para hoy. Me gustaría que quedemos en contacto, y si esta carta te causa alguna pregunta o duda, escríbeme abiertamente. Mientras tanto te deseo que te vaya bien, que juntes ánimo, y que confíes en Dios, que nos ama a todos nosotros, por más que le hayamos fallado, cosa que él bien sabe.


Te agradezco la franqueza y la seriedad con las cuales me abriste tu corazón, confesándome tu pasado. Esto también es lo que nos pide Jesús, que nos confesemos unos a otros — pero allí está su gran misericordia: que con esto podemos dejar atrás el pasado, y ayudarnos uno a otro para no volver a lo de antes. Tú dices muy bien: él vertió su sangre para nosotros, para ti y para mí, sellando con ella el perdón que nos dio a ambos, y no vamos a ser tan desagradecidos y traidores como para echarnos atrás. Digo esto, querido hermano, porque después de 48 años en comunidad religiosa, arrepentido, bautizado y convertido, habiendo cambiado mi vida de par en par, conozco el poder de las tentaciones y la debilidad del tipo, pero ¡conozco también cómo el tipo puede sobrellevarlas cada vez, recordando a Cristo, fijando su mirada en él, y recordando lo que le debe! Y de todo modo, Cristo es más poderoso que el mal, y atiéndeme en los momentos duros.

Me ha conmovido conocer, aunque sea por foto, a tu familia. Me ha conmovido con que cariño para ellos tú me los presentaste en el dorso de las fotos. Te quieren, te querrán, no los vamos a decepcionar. Digo «vamos», porque otra vez estamos en la misma, tú y yo. Hay mucha gente que sabe mi pasado, pero me tiene confianza y ora para mí, y no tengo ni derecho para decepcionarlos. ¿Verdad?

Si me permites, me gustaría hacerte algunas preguntas. ¿Cuantos más años de detención tienes por delante? ¿Es que te van a mandar a Guatemala cuando salgas? Si es que sí, ¿no sería lo mejor? ¿Estar con los tuyos, mostrándoles una vida cambiada sirviéndolos en la forma que sea, y nacer tú a otra vida nueva también? Espero que con estas preguntas no me meta en lo que no debo, estoy simplemente compartiendo mis pensamientos contigo. Aunque estés en Guatemala, sería lindo quedar en contacto.

Me despido. Queda seguro y protegido bajo la guardia de tus ángeles. Guardémonos uno a otro en nuestras respectivas oraciones, y recibe mi fraternal saludo.


Imagen de arriba: Tobias Kleinlercher, Cells of Alcatraz. Fuente: Wikimedia Commons

Hand holding a pencil and writing a letter
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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