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Pine branch covered in snow

El ángel anunciador

por Alfred Delp

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  • rafaelcastillorodriguez

    Me gusta este tipo de temas, por que yo pienso que Dios en los momentos mas difíciles nos envía un ángel que nos proteja

Condenado como traidor por su oposición a Hitler, el sacerdote jesuita Alfred Delp escribió este ensayo en una prisión nazi poco antes de ser ahorcado en 1945.

Yo veo el Adviento con mayor intensidad y anticipación que nunca. Caminando de un lado a otro en mi celda, tres pasos para allá y tres para acá, con las manos esposadas y un destino incierto por delante de mí, entiendo de una forma nueva y diferente, la promesa de Dios de redención y liberación.

Hace dos años un hombre amable me regaló un angelito para el Adviento. Llevaba la inscripción “¡Regocijaos, el Señor está cerca!". Una bomba destruyó el ángel y mató al hombre que me lo regaló. Creo que ese hombre todavía me acompaña como un ángel.

El horror de la guerra sería insoportable si no recibiéramos constantemente el aliento de las promesas que ya se han proclamado. Siempre hay ángeles anunciadores declarando su mensaje de buenas noticias en medio de la angustia, esparciendo su semilla de bendición que brotará algún día entre las tinieblas; y ellos nos llaman a la esperanza. Estos aún no son los ángeles de fuertes voces de regocijo y cumplimiento que salen al descubierto, como los ángeles de la primera Navidad. Quietos, desapercibidos, estos entran en habitaciones y corazones, así como lo hicieron en aquel entonces. En silencio traen las preguntas de Dios y nos proclaman las maravillas de Él, para quien nada es imposible.

A pesar de su solemnidad, el Adviento es un tiempo de seguridad espiritual, ya que hemos recibido un mensaje desde lo alto. Pero si alguna vez se nos olviden el mensaje y las promesas; si sólo conozcamos los cuatro paredes y las ventanas enrejadas de nuestros días grises; si ya no podamos escuchar el suave paso de los ángeles anunciadores; si nuestras almas ya no ni se tiemblen ni se exalten por sus palabras susurradas; entonces habrá llegado nuestro fin. Viviremos un desperdicio de tiempo y estaremos muertos mucho antes de sufrir cualquier daño.

Si queremos estar vivos, primero debemos creer en la preciosa semilla de Dios que los ángeles han dispersado y siguen ofreciendo a corazones abiertos. Entonces debemos caminar a través de los días grises de nuestro tiempo como mensajeros anunciadores. ¡Tantos necesitan nuevo ánimo; tantos están desesperados y necesitan consuelo; hay tanta crueldad que hace falta un mano tierno y una palabra iluminadora; tanta soledad clamando por una palabra de liberación; tanta pérdida y dolor en busca de sentido espiritual! Los mensajeros de Dios saben que aun en este momento de la historia, el Señor está sembrando su semilla de bendición.

Entender este mundo a la luz del Adviento significa perseverar en la fe, esperando la fertilidad de la tierra silenciosa y la abundancia de la cosecha venidera, no porque pongamos nuestra confianza en la tierra, sino porque hemos escuchado el mensaje de Dios y cada uno de nosotros se ha conocido personalmente a uno de sus ángeles.

El Adviento es el tiempo de la promesa; todavía no es el tiempo del cumplimiento. Para los ojos que no ven, parece que los dados definitivos se están echando aquí en el valle de la muerte: en los campos de batalla, en las ciudades de violencia y pobreza, en las almas de millones viviendo en desesperación. Los que están despiertos, sin embargo, perciben el obrar de otros poderes: realidades eternas que alumbran su luz del radiante cumplimiento por venir.

Desde lejos suenan las primeras notas, aún no discernibles como una canción o melodía. La nueva canción del futuro de Dios todavía está distante y sólo se anuncia y se predice. Pero el cumplimiento está sucediendo. Está ocurriendo hoy mismo. Y mañana los ángeles proclamarán lo que ha sucedido con voces fuertes y jubilosas, y lo sabremos y nos alegraremos.

stone sculpture of angel
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