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Puertas al Banquete – Parte I

por Jörg Zink

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  • antonia

    Excelente Reflexión.Gracias

Toma el camino hacia dentro atravesando los días del Adviento. Reserva para ti mismo, si es posible, tiempo para descansar; tiempo para dejar el sentido de estar en fuga o sufriendo estrés. Deja que algo pase dentro de ti. Dirige tus pensamientos y esperanzas hacia lo que importa.


Yo me imagino en la puerta de una vieja y noble iglesia, invitándote a celebrar el banquete de esperanza que llamamos, Adviento. Desde tiempos inmemoriales, la esencia de esta estación festiva ha sido relacionada con el pensamiento que en algún sitio, de alguna manera, hay puertas en nuestras vidas que se deben abrir. Puertas a la libertad; a una vida más plena; a la salvación.

Cantamos durante el Adviento: “¡Cabezas alzad, puertas abrid!” y con estas palabras afirmamos que ninguno de nosotros viva en un espacio completamente cerrado. Tenemos cada uno, una puerta que se puede abrir, una puerta a través de la cual podemos entrar en otro espacio nuevo y diferente; o una puerta por la cual algo puede venir; por ejemplo, conocimiento de un mundo más grande que el nuestro.

Y podemos realmente pasar por estas puertas, sabiendo que en el otro lado hay algo esperándonos; algo a punto de llegar y entrar en nuestras vidas. Adviento. La misma palabra implica que algo se está acercando.

Como cristianos no creemos en muros, sino que la vida se extiende ante nosotros; que la puerta siempre puede ser destrancada; que no hay abandono ni defección final. No creemos que pueda ser ‘demasiado tarde’ nunca. Creemos que el mundo está lleno de puertas que pueden abrirse: entre nosotros y los demás. Entre la gente alrededor nuestro. Entre hoy y mañana. Nuestro ser interior se puede destrancar también: aún dentro de nosotros mismos, hay puertas que se deben abrir.

Aquí, como yo entiendo, está el sentido de los portales grandes y viejos de la iglesia. Si los abrimos y entramos, podemos abrirnos también, y así esperar lo que se esté acercando para librarnos y restaurarnos.


Cuando entramos las puertas del Adviento, entramos a una estación de silencio. Por supuesto, eso apenas es verdad hoy. En tiempos anteriores la gente lo atravesaba paso a paso, mientras los días acortaban y las noches alargaban, hasta en medio de la oscuridad, recibieron un Misterio.

Hoy esta experiencia se ha perdido para muchos; para la mayoría. Ha sido tragado con luces, ahogado en ruido, invadido con vacío, actividad, e inquietud. La fiesta a que precede, que era una vez una verdadera fuente de fuerza, se ha vuelto un tiempo de cansancio interior y exterior.

Pinturas e imágenes de la navidad tienden retratar al Niño, en un pesebre cómodo, asistido por su bonita madre y una fiable figura paterna, todos colocados en un portal de ensueño. No obstante, muchos de nosotros vivimos un mundo donde no se pueden tranquilizar nuestras ansiedades por un cuento romántico.  Sin hogar interior, somos impulsados una vez cada año al borde del banquete de Cristo mismo para encontrar sólo los sentimientos y las memorias de su niñez. Pero eso no es el sentido de la historia de Navidad.


Traducido de Jörg Zink, Türen zum Fest. Verlag am Eschbach, 2010. Usado con permiso.

Vitrales por Valentin Feuerstein, 1917 – 1999. Copyright 2010 Verlag am Eschbach. Usados con permiso.

Parte II

Parte III

Parte IV

abstract painting of church doors
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